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14 Personas que no estaban dispuestas a aceptar la arrogancia de los demás

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Según algunos psicólogos, las personas con pensamientos negativos simplemente tienen miedo de no ser respetadas. Por eso, si te topas con alguien lloriqueando que exige o reprocha algo injustificadamente, no vale la pena tomarlo en serio. Las pretensiones de otros generalmente no se dirigen hacia ti, sino a la calidad de su propia vida. No estás obligado a tolerar comportamientos groseros e inapropiados.

Genial.guru está seguro de que todos son capaces de recordar casos cuando se convirtieron en testigo de una vasta arrogancia de familiares, conocidos o personas completamente extrañas.

***

Un día, al regresar a casa del supermercado. Abrí el intercomunicador con la llave, di el primer paso en la entrada del complejo habitacional y una chica gritó en la calle.

— ¡Espera! ¡Mantén la puerta, por favor!
Yo me di la vuelta y abrí por completo. Mientras la chica corría, a 10 metros de la entrada sonó su teléfono. Al correr 5 metros, ella se detuvo, sacó su móvil del bolsillo y comenzó a hablar, dándome un poco la espalda. Esperé un momento y le dije:
— ¿Va a entrar?
Ella se dio la vuelta y me hizo una señal con el dedo como diciendo, espera un minuto. En ese instante se mezclaron muchos sentimientos dentro de mí, desde asombro hasta indignación. Azoté la puerta y me fui hacia las escaleras.

***

Ayer, mi novio y yo fuimos al cine. Llegamos antes de que empezara la función, en la pantalla mostraban los tráileres de las próximas películas, yo estaba ansiosa por sentarme en mi gran asiento reclinable y ver Guasón. Al subir, me di cuenta de que en nuestros lugares se encontraba sentada una dama y su acompañante. Estos asiento son 50 % más costosos que los normales. Cortésmente, le pedí a la mujer abandonar nuestros lugares y le mostré los boletos. Ella levantó la mirada con completo despreció y exigió que yo debía cederle el asiento ya que ella estaba embarazada y quería sentarse en un asiento más cómodo. Después de esto, la mujer me pidió quitarme y no obstruir la pantalla, de lo contrario, le hablaría a la gerencia. Mi novio fue a la gerencia y esta dama, a regañadientes, tuvo que dejar nuestros asientos.

***

Tengo unos familiares que viven humildemente; me atrevería a decir, “muy pobres”. Ellos tienen familiares que tienen dinero, incluso les prestan grandes cantidades a sus conocidos. Ese día, estaba sentando en la cocina tomando té. De pronto, estos familiares le hablaron a mi mamá. Y a continuación se dio el siguiente diálogo:

— “Hola, Ana, ¿cómo estás? Pasamos cerca de tu casa y nos preguntamos si podemos pasar a tomar una taza de té”.
— “Por supuesto, pasen”, respondió mi mamá. Ella no sabe decir no.
Ellos entraron y se desvistieron prácticamente desde el umbral de la puerta:
— “¿No estás te molesta si tomamos una ducha en tu casa?”
— “Claro que no, siéntanse como en casa”.
Posteriormente, todos se bañaron, tomaron asiento, bebieron té e hicieron todo por lo que habían venido. Mi mamá, casualmente, les preguntó por qué no se bañaron en su casa. En realidad, viven a 5 minutos de la nuestra. Ellos tranquilamente respondieron:
— “Es que tenemos que encender el calentador y gasta mucha energía, ¡sale muy caro!”.
Así que ellos inventaron una excusa para tomar té, lavarse con nuestro jabón, secarse con nuestras toallas. Ni siquiera las gracias nos dieron.

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Fuimos a la tienda ya que yo quería comprar verduras. Vi a una chica que estaba escogiendo pepinos, y no solo eso, sino también los partía a la mitad: los que le gustaban los llevaba consigo y el resto los devolvía. Le pregunté:
— “¿Por qué haces eso?”.
— “Para olerlos: se diferencian los buenos de los malos por el olor”.
— “¿Y los ’malos’? ¿Vas a pagar por ellos?”.
— “Ash...”, se dio la vuelta y se fue.
Rápidamente, encontré al vigilante y le conté sobre ella. No sé lo que pasó después y me da igual. Lo interesante es saber cómo escoge otros productos, por ejemplo, los tomates: ¿los presiona y los ve por dentro?

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Viajaba en el autobús. Subió una mamá con su hijo de 7 años.
Mamá: “Chica, ¿cede el asiento? ¿No ve que el niño quiere sentarse?”.
Yo: “Escuche, yo me levanto a las 5 de la mañana para entrar a las 6 a la escuela y ahora voy al trabajo y estaré ahí hasta las 9 de la noche. El niño puede irse de pie”.
Mamá: “¡Estos jóvenes de ahora son tan insolentes!”.

***

Hoy en la clínica fue día de puertas abiertas y todas las personas que lo desearan podían acudir a hacerse una revisión. Sin tocar a la puerta, una mujer se metió al despacho e inmediatamente se puso detrás de la mampara. Al principio, pensé que era una empleada que había entrado a tomar algo en silencio. Escuché una voz detrás de la mampara:
— “¿Ultrasonido, cierto?”.
— “Sí”, le respondí. “Si viene a un ultrasonido, entonces muéstreme y quítese las cosas hasta la cintura”.
— “No le digo a usted, estoy hablando por teléfono”, me respondió asomándose por la mampara y señaló con su dedo al teléfono que tenía pegado a la oreja.
— “¡Eh! Hablé por teléfono afuera, después de eso puede entrar a consulta”.
La mujer salió enojada. ¿Qué tienen las personas en la cabeza?

***

En una tienda de ropa observaba una pintura. Un hombre entró con un niño de 1 año. Cuando el pequeño comenzó a lloriquear, el considerado padre rompió la mano del maniquí y se la dio a su hijo para jugar. Se ofendió porque los empleados de la tienda se la quitaron. Su argumento: “¡Pero el niño está llorando!”.

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Hace un par de años, construí un parque infantil en el patio: columpios, arenero y otras diversiones de la infancia. Para la iluminación, colgué dos proyectores y los conecté a través de un relevador hacia la entrada del departamento. ¡Y aquí comenzó todo! Las abuelitas comenzaron a hacer un alboroto por cuánto íbamos a pagar por la luz. Les expliqué que no sería nada, a lo mucho, 0,05 USD por departamento. “¿Por qué debemos pagar por tus luces?”, decían. Para no hacer largo el cuento, los reconecté a mi departamento. Mi hijo jugaba con las luces encendidas y el resto de los niños en la oscuridad. En particular, me daba placer cuando les decía a las abuelitas que se sentaban en los bancos que yo había construido, lo siguiente:
— “Ellas: enciende la luz”, está oscuro.
— Yo: “¿Y quién va a pagar por la luz?”.
Hacían muecas y se quedaban en silencio.

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Me dedicaba a la venta de utilería de baile y escena, y diferentes accesorios para espectáculos. Encontré a una compradora para un artículo. Ella no podía ir a recogerlo, pero su hijo trabajaba muy cerca y él pasaría por el artículo. Llegó el chico, le echó un vistazo a los accesorios para ver si tenían concordancia con la foto y los colocó en la parte trasera del asiento del automóvil. Me entregó el dinero. Pero solo me dio 40 USD en lugar de 50 USD.
Posteriormente tuvimos el siguiente diálogo:
— Joven, el precio es de 50 USD y usted me dio 40 USD.
— Pero si eso es lo que cuesta, 40 USD.
— Si quiere podemos abrir el perfil y verificar el precio.
—Yo estoy dispuesto a dar 40 USD. ¿Los acepta?
— No, no los acepto.
— En general, tiene unos artículos muy feos, es poco probable que a alguien le sirvan, dudo que encuentre un comprador.
— Por el contrario, las personas que necesitan estos artículos intentan encontrar vendedores como yo.
Recogí la mercancía del asiento trasero y él tuvo que tragarse su orgullo y regresar. Al parecer, al evaluar la perspectiva de irse a casa sin nada, el chico tuvo que agregar los 10 USD.

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Mi hermano es camionero. Él llegó de su viaje, me llamó y me pidió recogerlo de la “base” y llevarlo al centro comercial. Para que sepan, desde la base al centro comercial la distancia es de 5 kilómetros. Yo tengo que conducir 50 kilómetros para llegar hasta donde está mi hermano.

Hermano: “Ven por mí y llévame al centro comercial”.
Yo: “Llama un taxi”.
Hermano: “Los taxis son caros”.
Al parecer, a mí me sale gratis. Lo más interesante es que a él no le importa el hecho de que estoy en el trabajo.

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Los niños son insolentes. Estaba sentada en la cafetería esperando mi orden. En la mesa de al lado estaba un grupo de chicas de unos 15 años. Una de ellas se quejaba: “Les expliqué a mis padres que necesito unos jeans, ellos me limitaron el presupuesto a tan solo 300 USD. ¿Qué puedo comprar con ese dinero? Al final compré prendas por 700 USD, mi padre suspiró pero pagó. ¡¿Tengo que suplicarles para que me compren ropa?! Ellos están obligados a hacerlo”. Las demás le tienen lástima y le dan el avión.

***

— ¿Qué quieres de cumpleaños?
— Un perro.
— ¿Tú lo vas a cuidar?
— Sí.
— ¿Y dar de comer?
— Sí.
— ¿Y pasear?
— Sí.

Después de un mes:
— ¿Le diste de comer al perro?
— No, dale tú.
— Ok, ve a dar una vuelta con él.
— Ve tú, yo tengo pereza.
¿Piensas que este fue un diálogo con un niño? No, este fue un diálogo con mi mamá.

Y tú, ¿cómo lidias con los descaros?

Imagen de portada Slowpaws / pikabu
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