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17 Padres que se convirtieron en guerreros protectores cuando sus pequeños los necesitaron

Cuando nos convertimos en padres, adquirimos la responsabilidad de criar a nuestros hijos como buenos seres humanos. Y todos hacemos nuestro mejor esfuerzo por inculcarles valores y moral; por eso, es cierto que los conocemos mejor que nadie. Así que cuando un tercero los quiere culpar de alguna fechoría, no dudamos ni un segundo en defenderlos. Este fue el caso de las personas de estas historias, y sus reacciones fueron tan buenas que decidimos hacer una compilación de la que todos podemos aprender.

¿Cómo reaccionaste tú cuando necesitaste sacar uñas y dientes para defender a tus hijos?

  • Cuando mi hija tenía 7 años, en su salón estaban jugando un juego de decir frutas con el abecedario y a mi hija le tocaba responder una fruta con la letra “A”, por lo que ella de inmediato respondió: “¡Aguacate!”. La maestra se burló de ella y por ende sus compañeritos también; mi hija, molesta, le insistió en que ella estaba segura de que al aguacate se lo considera una fruta, no una verdura como la maestra aseguraba, y no se retractó. Cuando mi hija llegó a casa y me contó, me molesté mucho y decidí imprimir artículos, fotografías y todo tipo de evidencias adjuntas a una nota donde le dejé en claro a su maestra que ella no lo sabe todo, y si un niño le insiste con algo, debe investigar antes de ridiculizarlo en clase. Se disculpó y aceptó frente a todos los niños que en efecto el aguacate es una fruta. Mi hija se sintió feliz, ya que le dejé en claro que yo estaría ahí para defenderla de quien fuera, siempre. © Antúnez Diana / Facebook
  • Una niña y su mamá acusaron a mi hija de diez años de haberle tirado la mochila a la piscina. Y ni siquiera me lo dijeron, sino que supe por otra niña que lo estaban comentando otras madres del colegio. Jamás dudé de mi hija y siempre le enseñé a hacerse cargo incluso de sus propios errores, y que si fue su culpa, debería ser valiente y retractarse. Es por ello que busqué a la señora y la confronté, no le quedó otra que pedir disculpas. Le dije: “Nunca más te metas con mi hija”. Creo que depende de los padres que nuestros hijos confíen en nosotros, así recurrirán a nosotros en lugar de tomar decisiones equivocadas. © Belu Jessica Castilla / Facebook
  • Mi hijo tuvo sus miniolimpiadas en la escuela, participó en nado libre a los 5 años. Él estaba muy emocionado porque llegó en primer lugar, pero el cronómetro no le favoreció y no ganó la medalla; lloró y lloró. Entonces yo le compré la medalla e hice que se la pusieran en un podio con foto y todo. Le dije que sí había ganado para no frustrar su esfuerzo. Los siguientes años ganó todas las medallas consecutivamente. © Katy Leyva / Facebook
  • Una vez a mi niño lo acusaron de robarse unos aretes. Lo único malo que hizo fue entrar al salón de su hermano a esconderse, pues estaban en el receso y jugando con sus amigos. Una niña lo acusó de haber sacado de su lapicera unos aretes de oro, y me mandaron a hablar. Él, con lágrimas en los ojos, me juró que no se atrevería a hacer algo así, yo le creí porque sabía que mis hijos no son capaces de tomar cosas que no son suyas. Hablé con el director y el maestro, que tampoco daban crédito a lo que decía la niña, hasta que un niño se acercó y nos dijo que esa niña siempre hacía eso, se le olvidaba dónde dejaba las cosas y luego acusaba a otros. Pasó una semana y el maestro me dijo que la mamá de la niña le había comentado que los aretes estaban en su casa, y mi hijo me dio las gracias por haber creído en él. Le dije que yo sé lo que tengo y cómo los estoy criando, y sé que jamás harían algo así. © Atziri Ishtar Cj / Facebook
  • En la primaria, yo estaba en 6.°, mi hermana y una prima en 5.° y mi otra prima en 3.°, todas en la misma escuela. Un día vinieron las amiguitas de mi prima pequeña y me dijeron: “Oye, tu prima está llorando en la cancha de básquet”. Yo, toda preocupada, fui y le pregunté qué pasaba, me contó que una compañera suya le había tirado del cabello y le hizo daño. Fui con ella y le dije que si lo volvía a hacer, le iba a hacer yo a ella lo mismo, pero esto no sirvió y la volvieron a molestar. Así que cumplí mi promesa y la defendí. Su mamá, muy enojada, nos reclamó, pero mi mamá me defendió y no hicimos más caso. A pesar de saber esta historia, mi tía siguió siendo amiga de la mamá de esa niña, pero no me preocupó hasta que un día, en la casa de mi abuelita, las vi llegar a la casa. Corrí a contarle la historia a mi abuela, ella se enojó y subió al departamento y las echó de la casa gritando: “A mis nietas no les pega ni las maltrata nadie”. Les tocó salir como alma que lleva el diablo; mi tía, toda enfadada, al final también recibió su buena bronca, porque mi abuelita le dijo que primero son las hijas y luego las amigas. © Johanna Rosas Oña / Facebook
  • Peor se siente cuando tu propia abuela te acusa de ladrona. Luego se comprobó que habían sido dos de mis primas. Mi abuela jamás me pidió perdón por haberme insultado delante de toda la familia (el hecho ocurrió en una reunión familiar, había como 70 personas). Yo solo tenía 7 años, era inocente y ella literalmente escupió su odio en mi cara. Mi madre me sacó de allí de inmediato. Nunca entendí por qué me odiaba tanto. © Marita Gomez / Facebook
  • Cuando yo tenía 5 años, un vecino me acusó de romper con una piedra el vidrio de su camioneta. No quiso entender que yo no tenía la fuerza ni las intenciones para hacer algo así. Hace un tiempo, el mismo vecino, estacionándose, chocó mi auto con su camioneta. Cuando lo fui a encarar, no supo qué hacer (lo vi en el acto); ahora cada vez que me ve se esconde. © Andy Cortés / Facebook
  • A mi hija en la primaria, el abuelo de su mejor amiga la acusó de robarle una regla que tenía brillitos. Mi hermana semanas antes se la había regalado, me mandaron llamar de la dirección escolar para eso y le dije a la directora la verdad y que yo conocía a mi hija, y sabía que no tomaría algo que no fuera suyo. Pero el abuelo insistía en que se la había robado a su nieta; le dije a mi hija que se la diera y yo le conseguiría otra. Calmé y consolé a mi niña haciéndole saber que yo le creía a ella. Días después me mandó llamar la directora nuevamente para entregarme la regla. Resultó que después la encontraron en su casa y nos la devolvió, pero sin darnos la cara. Cuando lo encontré por la calle, le dije que era de hombres aceptar errores y ofrecer disculpas y no a mí, sino a mi hija por llamarla ladrona. El señor solamente calló y se fue. © Gaby Mendoza / Facebook
  • Cuando estaba en tercero de primaria, por alguna razón la maestra no me quería. Recuerdo que una vez pasé toda la tarde estudiando para un examen, aprendí todas las preguntas y a la hora del examen, no supe contestar nada. Me había dado preguntas sobre geografía, mientras que al resto de mis compañeros les había dado de historia. Había estudiado sobre temas diferentes y, obviamente, reprobé. La maestra hizo firmar a todos mis compañeros en mis cuadernos sobre lo floja que era y que no me gustaba estudiar. El castigo era que debía llevar esa “nota” firmada por mi mamá al día siguiente. A la salida le conté con lágrimas en los ojos lo que me había pasado y que debía firmar o no me dejarían entrar a clase, y ella no solo no firmó, sino que al día siguiente llegó conmigo y regañó a la maestra. Le dijo que no tenía por qué humillarme enfrente de la clase, que yo había estudiado y que si había reprobado, la calificación hablaba más de ella que de mí. La maestra siguió igual de amargada que siempre después de eso, pero sabía que si hacía algo contra mí, mi mamá me defendería. © Cecy Lamas / Facebook
  • Cuando era jovencita, ayudaba a mi tío a hacer cuentas de los cobros de impuestos y un día, él llegó acusadoramente a preguntarme por un dinero que le faltaba. Yo le contesté que no tenía nada y que a la que debía preguntarle era a su esposa, que ella sí movía el dinero de su lugar. Mi tío se quedó mudo y mis padres, que presenciaron todo, me felicitaron por defenderme. A las horas vino mi tía a reclamarme por haberla delatado, aunque yo no sabía que era cierto que ella tomaba el dinero; lo hacía para encubrir las travesuras de dos de sus hijos y darle regalos a su hija. La vida le cobró por años lo que ella hizo y encubrió. Él antes de fallecer me pidió perdón, aunque yo ya se lo había dado mucho antes porque mis padres me explicaron que a veces, por amor, la gente confía en alguien y después se lleva el porrazo. © Blanca Olga Pérez Pumar / Facebook
  • A mi hija una profesora la castigó por responderle mal. Yo quedé pasmada, no me lo contó ella, sino una de sus compañeras. Me dijo que mi hija estaba sentada sin hacer nada y la profesora le gritó y la hizo recoger todos los papeles del salón, y casi la hizo llorar. Al día siguiente fui con todo en contra de la profesora, ya que mi hija es muy tranquila, jamás respondería. No les quedó más que pedir disculpas y prometer que no volvería a ocurrir. © Francisca Nikolaeva Miranda / Facebook
  • Mi hijo la pasaba muy mal en la escuela cuando tenía 5 años. Se negaba a ir, lloraba mucho y llegaba con las piernas con moretones y un par de veces con sus lápices rotos. Nunca acusó a su compañero, y los tutores nunca se dieron cuenta. Un día mi esposo decidió empezar a pasar justo a la hora del receso por la escuela, ya que desde la calle se podía ver jugar a los niños. Hasta que vio al compañerito malo de mi hijo quitarle su refrigerio y pegarle en las piernas. Tanto fue su enojo que no le importó dejar el carro mal estacionado, entró a la escuela y yo atrás de él. Tomó al pequeño de los brazos, lo levantó y le dijo: “No le vuelvas a pegar a mi bebé”. Llegaron las autoridades y la mamá del pequeño y él, muy enojado, le reprochó la conducta del niño a su madre y a los maestros la falta de atención con los pequeños. Tomó a mi hijo y le dijo: “Papá siempre estará para defenderte, no tienes por qué tener miedo de venir a la escuela, también hay buenos amigos”. Desde ese día, le enseñó a mi pequeñín que la mejor manera de defenderse es alejándose de quien le quisiera hacer daño. © Caterin Eli Macias Garcia / Facebook
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