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20+ Casos en los cuales las mascotas resultaron ser más inteligentes que sus dueños

Por muy astutas, descaradas o traviesas que sean nuestras mascotas, aun así las adoramos, mimamos y amamos. Los animales entienden esto muy bien y lo aprovechan. En estos casos, su inteligencia e ingenio son algo simplemente envidiable.

Lectores de Genial.guru compartieron sus historias que demuestran que algunos animales son igual de inteligentes que sus dueños e incluso más.

  • Mi gato siberiano es sumamente inteligente. Comprende muchas palabras y oraciones completas. Salimos a pasear por el pueblo sorprendiendo a todos los vecinos. Entiende “camina a mi lado”, “no subas ahí”, “auto”, “vamos a casa” y muchas otras. Pero lo más sorprendente es que Buny comprende frases completas y su sentido. A veces, cuando tiene flojera de ir a pasear, da vueltas en su tazón porque quiere comida. Le digo: “¿Primero demos un paseo y después comemos?”. ¿Y qué crees? ¡El gato cabizbajo se va hacia la puerta!
  • Nuestro gato adora jugar con mis ligas para el cabello. Todas son muy bonitas. Un día, llegué del trabajo y no podía encontrar ninguna de ellas, lo regañé diciéndole: “no tienes que hacer eso, ahora no tengo con que sujetar mi cabello”. Él me miró, pero no reaccionó de ninguna manera. Por la mañana, encontré 3 ligas en mi cama, así que lo elogié. Entonces, cuando llegué del trabajo, el gato arrojó a mis pies mi liga favorita de terciopelo y se sentó a mi lado con una cara de satisfacción.
  • Tenía un perro que era muy bondadoso. Frecuentemente, las gallinas comían los restos de comida de su tazón. Cuando lo fastidiaban, él simplemente las cubría con su enorme pata y nos llamaba con un fuerte ladrido para que fuéramos y recogiéramos a las gallinas como diciendo que lo molestaban.

  • Una vez, nuestro gato simuló una larga invalidez. En un principio, él en verdad tenía lastimada una pata. ¡Cómo lo cuidábamos! Lo alimentábamos en la cama, lo llevábamos al baño cargando, pero no mejoraba y seguía arrastrando la pata. Le dije al veterinario que el tratamiento no estaba funcionado. En resumen, en la veterinaria, rápidamente se dieron cuenta de su engaño.

  • Tengo una pareja de schnauzers que durante toda su vida han hecho tantas cosas que tendría que haberlos grabado. Por lo general, cuando íbamos al mar, en el camino siempre iban muchas personas con nosotros. Hacía mucho calor y nuestro perro siempre buscaba a la mujer más grande y caminaba por su sombra. Todas las personas de atrás se reían. Una vez, mi otro perro me trajo los zapatos de una invitada que no le había caído bien. Esto fue una clara insinuación para que ella se fuera.
  • Mi amiga y yo salimos a pasear con los perros una tarde. Antes de eso, hablamos por teléfono. Estaba sentada en la recámara, viendo la televisión. El perro salió de otra habitación, me miró, después miró al teléfono y de nuevo me volteó a ver, como diciendo, vamos, llámale. Le marqué a mi amiga. Ella me dijo que estaría lista en 10 minutos. Me di la vuelta hacia Dex y le dije: “En 10 minutos”. El perro se fue. Exactamente a los 10 minutos, se acercó a mí otra vez, miró el reloj, me miró a mí y se fue hacia el pasillo, como diciendo, vamos ya es hora. Han pasado casi 20 años y aún lo recuerdo.
  • Un día, limpié el departamento de una clienta. Su gato caminaba al lado de la caja de la comida, durante 15 minutos estuvo maullando con tristeza y se rozaba con la caja. No soporté y llamé a la dueña para saber si tal vez había que darle de comer. En cuanto el gato escuchó que su dueña dijo “No”, se marchó y no volvió a aparecer. ¡Qué astuto!
  • Mi gato adora robar las gomas de borrar e inciensos miniaturas decorativos. Recientemente, al limpiar el ático, encontré su escondite en unas viejas botas de montaña: en una bota solo estaban las gomas de borrar y en otra únicamente los inciensos.
  • Mi gato se llama Don Pufelino. Él ha elaborado un sistema para despertarme en cuatro etapas. Todas ellas tienen lugar el fin de semana, los días laborales, rara vez llegamos a la tercera, normalmente alcanzamos la primera y la segunda. La primera etapa consiste en sentarse en la mesita de noche frente a su dueña y mirarla durante mucho tiempo. La segunda en acostarse en almohada, dando golpes suaves con su pata a la frente. La tercera en morderme las piernas. La cuarta en tirar todo de la mesa que, al caerse, hace un fuerte ruido. Esta es la foto de este travieso pelirrojo.

  • Mi perro nunca me impide dormir. Él casi no respira por la mañana para no interrumpir el sueño de sus dueños. También es inaceptable empujar, rasguñar, tomar cosas ajenas (solo sus propios juguetes) y robar comida. Pero cuando abres el refrigerador y agarras un queso, ocurre lo siguiente: tu mano sigue en el refrigerador, te diriges hacia el queso, pero el perro (el cual se encontraba en otra habitación, roncando), de pronto está a tu lado mirándote ávidamente. ¿Cuándo? ¿Cómo? Ni yo misma sé si quiero el queso. Pero mi perro sí lo sabe. No ocurre lo mismo con ningún otro producto.
  • Tenemos un perro de montaña suizo que tiende su “sábana” él mismo en su casita. Si alguien se atreve a mover algo allí, de inmediato saca todo de la casita y después la arregla nuevamente según su gusto. La escoba con la cual lo amenazaba por su mal comportamiento no aguantó ni una sola noche, la hizo pedazos.
  • Soy la primera en regresar del trabajo. Tomé la correa y salí a la calle, ya que el pitbull quería salir a pasear. Regresamos y me encargué de los deberes del hogar. Llegó mi esposo. El pitbull llora como si quisiera salir a la calle. Mi esposo, callado, sin quitarse la ropa, toma la correa y lo saca. Regresan y, después de 5 minutos, llega nuestro hijo. El pitbull nuevamente llora porque quiere salir. Mi hijo no se desviste, toma la correa y se van a dar una vuelta. Qué buen actor es.
  • En la infancia tuve un cachorro religioso. Él se dio cuenta de que en una fiesta musulmana abrían todas las puertas y alimentaban a cualquiera que entrara. Ese día, se fue desde la mañana y regresó con el estómago lleno por la tarde. Después nos mudamos y nuestro perro comenzó a visitar los funerales. Se sentaba sobre sus patas traseras con ojos tristes durante las oraciones, después todos lo alimentaban generosamente en los velorios.
  • Esto fue algo que le pasó a mis amigos. Sus padres vivían en un pueblo, eran trabajadores y el gato era igual de hogareño. Una vez, los padres salieron del sauna, limpios, calientes y se sentaron a la mesa a tomar té. En la mesa había una tetera, panecillos, todo estaba como debería. Se sentaron y disfrutaban de su descanso. De pronto, en medio de esta gracia, a través de la ventana se mete un gato con una rata entre los dientes. Había llegado a tomar té con panecillos y su “postre”. El ruido después de esta “cena” fue demasiado. El gato recibió un escobazo en su peludo trasero, pero no dejó de entrar a casa a través de la ventana.
  • Teníamos una pareja de gatos. La gata siempre atrapaba ratones en la casa de campo, los traía a la puerta y corría de nuevo a la caza. Y el gato, en ese momento, se sentaba cerca del ratón lo tomaba en sus dientes y comenzaba a maullar fuertemente para que nos diéramos cuenta y lo elogiáramos, ¡bien hecho, atrapó un ratón!
  • Mi gata se dio cuenta de que, cuando la alarma del teléfono suena en la mañana, yo me despierto de inmediato. Los fines de semana no pongo alarma y sigo durmiendo. Sin embargo, esos días de descanso, mi gata golpea con su pata el teléfono y lo tira para que me despierte.
  • A mi gata no le gusta el robot aspiradora. Ella lo observó durante mucho tiempo y se dio cuenta de que, cuando algo se interponía en su camino, se detenía. Imagínate, primero le llevó un peluche, lo ponía frente al robot y este dejaba de aspirar. Después escondí el peluche, pero encontró otro. ¿Cómo lo hace?
  • Mis perros reconocen el sonido del automóvil de mi esposo y de inmediato corren al balcón. Así es como se ve.
  • Después de un accidente, mi brazo se vio afectado durante mucho tiempo. Mi gato, todos los días antes de dormir, se acostaba cerca de él, se ponía a lo largo para abarcar todo el brazo y dormía así toda la noche. El dolor en realidad se iba. Cuando mi brazo se recuperó por completo, dejó de hacerlo. Lo adoro.
  • Esto ocurrió a principios de los años 90. Una vez, el elevador se descompuso entre el quinto y sexto piso. El botón para llamar al operador, como siempre, no funcionaba. Pensé que pasaría mucho tiempo allí. Me sorprendí cuando mi papá llegó para ayudarme. Después me contó que nuestro perro pastor lloraba, ladraba y quería ir a la calle. Mis padres pensaron que quería hacer del baño. Mi papá se vistió y lo siguió, pero ladraba hacia el elevador en donde estaba. Por cierto, mis papas vivían en el piso 12.
  • Una vez, me mudé a otra ciudad para estudiar por una semana. Después de eso, mi gato de repente comenzó a orinar por las esquinas, aunque antes no lo hacía. Lo llevamos al veterinario, pensamos que tenía una infección en el tracto urinario. Resultó que solo estaba deprimido.
  • Un día, mi hijo se hizo unos sándwiches y se fue a ver su serie favorita con el plato y una taza de té. Nuestro perrito lo siguió a su recámara y se asentó a su lado, poniendo un rostro de sufrimiento y hambre. Pero en mi hijo no funcionan tales actos, por eso él continuó disfrutando de sus sándwiches y serie, ignorando por completo al perro. Pero este miró a su dueño sin parpadear hasta que mi hijo se distrajo y le preguntó: “¿Qué te pasa?”. En ese momento, el perro estaba mirando hacia la esquina detrás de mi hijo e hizo una mirada de sorpresa. Por supuesto, mi hijo se volteó, pero no había nada en la esquina y en ese momento el perro mordió el embutido de su sándwich. Después, mi hijo se quejó sobre cómo el perro lo había engañado.

Estamos seguros de que todas las mascota hacen cosas graciosas e increíblemente tiernas. ¿Qué cosas encantadoras hace tu mascota?