Genial
NuevoPopular
Inspiración
Creación
Admiración
Genial

Sofía Tolstáya quería ser perfecta para su esposo. Y para su 25 aniversario de matrimonio, él dijo: “¡Pudo haber sido mejor!”

5-28
12k

A los 18 años, Sofía Behrs se casó con el famoso escritor, el conde León Tolstói, quien tenía casi el doble de su edad. Toda su vida se dedicó por completo al servicio de su marido. Distanciando de él cualquier preocupación, excepto la escritura, su esposa se ocupaba de todas las cuestiones domésticas en la finca.

La pareja tuvo 13 hijos, a quienes Sofía educó sin niñera. Además, la mujer ayudaba a los campesinos y por las tardes transcribía en limpio los borradores de su esposo. Cuando Tolstói se aficionó a la filosofía y decidió repartir sus bienes entre los campesinos, ella se opuso, preocupándose por el futuro de sus hijos. Y por eso, durante toda su vida, fue llamada mezquina, demasiado mundana y que no entendía a su increíble esposo. Después de 48 años de matrimonio, este maravilloso marido escapó de ella en medio de la noche.

Genial.guru intentó comprender esta complicada historia de amor, digna de una novela por separado, y entender: ¿siempre se necesita sacrificar algo en una relación y colocar los intereses de tu media mitad por encima de los tuyos?

Tolstói se convirtió en un gran escritor después de casarse. Y su esposa jugó un gran papel en esto

Sofía era una de las ocho hijas de un doctor de descendencia alemana noble llamado Andréi Behrs y su esposa, Liubov Behrs. La familia vivió en Moscú y frecuentemente visitaba la finca de los Islavinos en la región de Tula, Rusia, la cual se encontraba cerca de Yásnaia Poliana (“Claro del Bosque”), finca de la familia Tolstói. León conoció a su futura esposa, y a sus hermanos y hermanas cuando eran niños.

Sofía era una chica bien educada; obtuvo el título de profesora en la Universidad de Moscú. Desde la infancia adoraba la literatura y escribía en un diario, el cual posteriormente fue reconocido como una destacada obra en el género de memorias. También escribió cuentos.

Antes de contraer matrimonio, el conde Tolstói consiguió hacer una carrera militar y publicar algunas obras, en particular Infancia, la cual lo convirtió en un escritor reconocido.

Antes de su boda, él fue un jugador de apuestas y mantuvo diversas relaciones con mujeres

León no ocultaba sus escapadas amorosas, sino que se jactaba de ellas; al mismo tiempo arrepintiéndose y observando sus tormentos espirituales. Entre sus múltiples pasiones se encuentra un amorío con una campesina casada de nombre Aksenia, quien tuvo un hijo de él. Su relación duró cerca de 3 años, a pesar de que esta mujer estaba muy lejos de ser su ideal.

Al regresar a Moscú después de servir en el Cáucaso y viajar por Europa, León, de 34 años de edad, nuevamente se encontró con la encantadora Sofía Behrs, quien ya había cumplido los 18 años, y la vio con otros ojos. A decir verdad, al principio a él le había llamado la atención la hermana mayor de Sofía, Lisa. Los padres incluso pensaron que el escritor se casaría precisamente con ella. Pero Tolstói hizo otra elección. Él pidió la mano de Sofía a sus padres, antes de escribirle una carta a ella:

“Dime, como persona honesta, ¿te gustaría ser mi esposa? Dime que sí, únicamente si con toda el alma puedes decirlo; de lo contrario, si tienes una sombra de dudas, es mejor que digas no. Por el amor de Dios, pregúntatelo bien a ti misma. Tengo miedo de escuchar un no, pero lo preveo y encontraré en mí mismo las fuerzas para demolerlo. Pero, si como esposo, nunca voy a ser amado como yo amo, ¡será horrible!”. Sofía no lo dudó ni un minuto.

La boda se llevó a cabo una semana después del compromiso, León consideraba que por fin había encontrado su felicidad y simplemente no podía esperar. Pero, antes de la boda, León le preguntó a Sofía: “¿Realmente quieres este matrimonio?”.

Antes de la ceremonia, Tolstói, queriendo ser honesto con su prometida, le dio a leer su diario, en el cual francamente describía toda su vida amorosa; en particular, su relación con Aksenia. La joven quedó conmocionada. Sintió celos de Aksenia por el resto de su vida, y con buena razón. En la vejez, Tolstói escribió sobre este apasionado amor en su novela El Diablo y lo mantuvo oculto de ella en la tapicería del sofá.

La paradigmática imagen de un sabio barbudo en ropa de campesino estaba alejado de la realidad

Tolstói fue un hombre impulsivo, emocional y un eterno buscador que luchaba contra la rutina de la vida habitual de una persona paradójica. Su joven esposa no la tuvo tan fácil. Por ejemplo, consideremos el hecho de que, después de vivir en la capital, ella literalmente se encontró atrapada en la finca rural Yásnaia Poliana.

Ella dio a luz a 13 hijos. Tuvo que amamantarlos a todos, criarlos, educarlos y ella misma tenía que vestirlos, porque Tolstói no permitía la intervención de nodrizas, niñeras ni empleados domésticos. Ella respondía por todas las cuestiones domésticas en la finca, ayudaba a los campesinos y por las noches, a pesar de su cansancio, transcribía y corregía los manuscritos de León Tolstói, cientos de hojas, escritas con una muy mala letra.

“Es complicado. Pienso con sus pensamientos (de León Tolstói), veo con sus miradas, me esfuerzo... No me convertiré en él, de lo contrario, me perderé”.

Ella lo distanció de todas las preocupaciones y, al principio, vivían muy felices

León sentía muchas emociones que lo inspiraron a escribir Guerra y pazAna Karenina. Pero con el paso de los años, se volvió descontento con su existencia, lo cual resintió mucho a Sofía, quien se había encargado del funcionamiento de sus vidas.

“El 23 de septiembre se cumplieron exactamente 25 años de nuestra boda. Dimitry Diacov, el mejor amigo de León, llegó. Cuando Diacov nos felicitó y dijo que nos felicitaba sinceramente por tener un matrimonio feliz, León agregó sus palabras, palabras que me causaron dolor: ‘¡Pudo haber sido mejor!’. Estas cortas palabras de manera clara describieron estas eternas exigencias abrumadoras, impuestas por mi esposo, que yo, a pesar de un esfuerzo extremo en mi labor, nunca logré satisfacer”.

La duda moral lo torturó siempre. Se convirtió en un “hombre-conde”: en un instante, él cambió su atuendo por ropa de campesino y botas caseras, alentando a todos a una existencia simple y rechazar todos los excesos.

En la lista de los excesos entraba la finca de su familia; el escritor quería entregarla a los campesinos, algo a lo que Sofía se opuso ferozmente, argumentando el futuro de sus hijos. Tolstói se ofendió, él consideraba que su esposa debía compartir sus ideas. Ella simplemente no tenía fuerzas ni tiempo para entender sus ideas, porque estaba demasiado ocupada en los asuntos del hogar.

“Él esperaba todo de mí, mi pobre, mi querido esposo, aquella unión espiritual que era casi imposible con mi vida material y preocupaciones, de las cuales era imposible huir a alguna parte. No habría podido compartir su vida espiritual en palabras y llevarlas a cabo en la vida, romperla, arrastrando a una gran familia, es inconcebible y además, inmensurable”.

“Soy libre de comer, dormir, callar y someterme. Pero no soy libre de pensar a mi manera, de amar a quienes he optado por hacerlo, ir a donde me parezca interesante y a donde me sienta bien mentalmente...”.

Resentimientos, malentendidos y descontento mutuo se acumularon a través de los años

Ellos vivieron juntos 48 años, sufrieron la muerte de 7 de sus 13 hijos. El fallecimiento de su hijo menor, Iván, fue realmente difícil para los cónyuges. Sofía comenzó a leer los diarios de su esposo para encontrar algo malo sobre sí misma. León la regañó por su recelo. En el conflicto, los hijos principalmente se ponían del lado de papá.

La última discusión ocurrió a finales de octubre de 1910. Después de que un viejo y enfermo Tolstói de 82 años huyó de la finca de su familia en medio de la noche. Esta noticia impactó a todo el mundo. ¡Y qué decir de Sofía! El escritor le dejó una nota pidiéndole que no lo buscara:

“No pienses que me fui porque no te amo. Yo te amo y lo lamento con toda mi alma, pero no puedo actuar de otra manera de la que lo estoy haciendo”.

Cuando leyó esto, trató de ahogarse. Apenas lograron salvarla y durante mucho tiempo le quitaron todos los objetos peligrosos, preocupándose de que la mujer intentara suicidarse.

El último encuentro con León fue el 7 de noviembre de 1910, poco antes de la muerte del escritor. En el camino, el conde se resfrió y le dio neumonía. Sofía y sus hijos llegaron a la estación de Astápovo para despedirse del escritor a punto de morir.

“Deja que las personas traten con indulgencia a la que, posiblemente, de manera inmensurable, desde la juventud logró asumir en sus débiles hombros un gran cargo, ser la esposa de un genio y gran persona”.

Incluso mientras estaba muriendo, León Tolstói no quería ver a su esposa

Solamente después de la inyección de morfina dejaron que su esposa se acercara a él. Ella silenciosamente cayó de rodillas ante el escritor.

Sofía, después de la muerte de su esposo, comenzó a dar excursiones por Yásnaia Poliana y publicó los diarios de Tolstói. Vivió 9 años más que su esposo. Y durante todo ese tiempo de viuda, tuvo que escuchar acusaciones de que ella no había sido digna de él. Ella le dedicó toda su vida a su esposo, pero este sacrificio, al parecer, nadie lo valoró.

¿Has leído la obras de Tolstói? ¿Qué piensas de la relación entre León y Sofía? Esperamos tu opinión en los comentarios.

Imagen de portada gettyimages, eastnews
5-28
12k
Compartir este artículo