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Esta psicoterapeuta escribe mini-historias filosóficas sobre una chica en la que cualquier mujer se reconoce a sí misma

Como dijo la escritora Dorothy Parker, "un hombre, aun si pudiera entender lo que piensa una mujer, no se lo creería". Pero la psicoterapeuta de San Petersburgo, Aglaia Dateshidze, fue capaz de aglutinar todo aquello que piensa una mujer en unas pocas líneas.

Genial.guru ha juntado para ti una serie de mini-historias irónicas que te ayudarán a comprenderte a ti misma.

1.

Érase una vez una chica. Soñaba con aprender a bailar, pero con demasiada lentitud avanzaba hacia su meta porque era bastante perezosa. Solía ​​levantarse a las 7 de la mañana, despertar a sus hijos, llevarlos a la escuela y la guardería, cargar el lavavajillas, sacar la ropa de la lavadora, correr al supermercado, preparar el almuerzo, trabajar un poco desde casa, por la noche escuchar lo que contaba su marido, comprobar que los pequeños hicieron los deberes, leerles algún libro antes de dormir, limpiar el suelo y otros menesteres. Y luego se arrastra hasta la cama y se lamenta: "No me dio tiempo de bailar. Perezosa, ¿qué le vamos a hacer?".

2.

Érase una vez una chica. Tenía un mundo interior muy pobre con una entrada estrecha, como si fuera la ranura para el boleto que se introduce en el torniquete del metro. La gente nueva encajaba en él solo si se le cortaban los brazos, las piernas y, a veces, incluso la cabeza.

Así, la chica le corta a una persona sus partes más interesantes, lo arrastra a su mundo y entonces se siente aburrida porque todas las personas son iguales y no hay nadie con quien hablar.

3.

Érase una vez dos chicas. Una tenía un buen vestido hecho a base de estereotipos en la fábrica de tejidos más cercana. Ella se lo compró en un quiosco cerca de la escuela. Y la otra tenía un vestido de sastrería, cosido a la medida de su experiencia personal. Ella pagó un precio elevado por tenerlo.

La primera chica pensaba que el vestido de la experiencia personal se veía completamente indecente porque enfatizaba demasiado la figura.

Mientras que la otra, estaba en el balcón, escuchando el mar y contemplando la luna.

4.

Érase una vez una chica. Ella no tenía vergüenza, ni sentimiento de culpa, ni conciencia. Pero tenía todo lo demás.

5.

Érase una vez una chica. Ella siempre huía de la depresión. Al trabajo, del trabajo, al gimnasio, a estudiar, hacia las hombres. Pero un día, huyendo, se resbaló y cayó en una depresión por un largo tiempo. Ella yacía allí, tumbada, acostada, y se levantó de ese lugar siendo artista. Desde entonces, esta chica ya no corre a ninguna parte, está tranquilamente sentada en silencio, haciendo pinturas al óleo.

6.

Érase una vez una chica. Pensaba que gobernaba todo el mundo. Pero resultó que, simplemente, se esforzaba, tratando de controlar aquello que no dependía de ella.

7.

Érase una vez una chica. Y nadie jugaba con ella. Estaba muy preocupada hasta que se dio cuenta de que era ella quien no jugaba con nadie. Y así comenzó.

8.

Érase una vez una chica. Un día, se sintió cansada. Se sentó y pensó en qué haría.
Y resulta que no hacía falta hacer nada.

9.

Érase una vez una chica. Ella pensaba que disfrutaba de los hombres, las flores y mariposas. Y luego resultó que simplemente disfrutaba.

10.

Érase una vez una chica. Ella quería ser un ejemplo: siempre estaba lista, siempre tenía razón, siempre primera, siempre cumplía con su palabra, siempre daba el ejemplo. En resumen, con ella, todo era muy complicado.

11.

Érase una vez una chica. Un día le dijeron que era tonta, una enferma de la cabeza, por lo que la mandaron a estudiar con las grandes mujeres.
Sin embargo, la primera gran mujer estaba demasiado ocupada, enhebrando una aguja. La segunda, todo el día estaba relajada en la bañera y ni siquiera se dignó a ver a la chica. Y la tercera, solo bailaba la tarantela riéndose sin parar.
"¡Tontas, enfermas de la cabeza!", pensó la chica y se sintió tranquila.

12.

Érase una vez una chica. Un día se dio cuenta de que estaba feliz.
Así, se sentó por la noche en la cocina sin saber cómo hacer frente a toda esta felicidad.

13.

Érase una vez una chica. Nació fea. Lloró y lloró hasta que decidió cuidarse como si fuera bella: bañarse, peinarse, comprarse regalos, vestirse como corresponde. Entonces, así, vivió y vivió hasta que se casó. El esposo le quitó la ropa y por dentro también resultó ser hermosa.
Y nadie siquiera se sorprendió, excepto ella misma.

14.

Érase una vez una chica. Le encantaba traicionarse a sí misma por el bien de los demás. Y para justificarlo, decidió también traicionarse a sí misma por el bien de sus seres queridos y por el dinero que gastaba, de nuevo, en ellos. Y luego se sintió muy ofendida cuando sus seres queridos no querían traicionarse a sí mismos por ella. Y en general, no querían traicionarse a sí mismos. ¡Qué traidores!

15.

Érase una vez una chica. Ella trabajaba duro y dormía poco. Entonces, decidió comprarse un abrigo calentito y un automóvil caro con calefacción en los asientos. A veces, salía de la casa a las 5 de la madrugada, se envolvía con su abrigo calentito, subía a su lujoso auto precalentado, intentaba sonreír para sí misma mentalmente, e incluso casi lo consigue, pero pese a todo eso, seguía teniendo ganas de dormir.

16.

Érase una vez una chica. Ella siempre buscaba un truco sucio en todo... Y lo encontraba.

17.

Érase una vez una chica. Era muy elegante. Demasiado elegante para abrazarse a ella en una discoteca, bailar de noche en la playa, beber vino con desconocidos, enamorarse de un chico malo, reírse de bromas estúpidas, hacer tonterías. Y luego maduró, dejó de ser tan elegante y se lo permitió todo. Pero por alguna razón, así se volvió aún más elegante.

18.

Érase una vez una chica. Ella siempre iba corriendo, inquieta. Al final, no le dio tiempo de nada.

19.

Érase una vez un chico. Entendía muy bien a las mujeres. Salía con ellas a diestra y siniestra. Pero un día, se topó con una mujer completamente incomprensible. Tan incomprensible que él, en sus intentos de entenderla, se casó con ella para que le fuera más cómodo tratar de entenderla.

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