7 Consejos para enseñar a los niños a reconocer sus errores y disculparse por ellos

Todos cometemos errores. Es posible que cada día hagamos algo de lo que más tarde nos arrepentimos o pensemos que podríamos haberlo hecho mejor, y esto les sucede también a nuestros hijos. Ahora, ¿qué pasa con ellos? En general, les cuesta más admitir que se han equivocado y pedir perdón. Es que si bien cometer errores es algo innato, aprender a aceptarlos es una ardua tarea que lleva su tiempo.

Desde Genial.guru hoy te damos algunos consejos para que puedas hacerles entender a tus hijos que pedir perdón, sin dudas, es crecer.

1. Comienza dándole el ejemplo

Reconocer los errores propios es un modo de vida; no solo algo que debe formar parte de la educación de los niños. Sabemos que ellos aprenden de lo que hacemos mucho más que de lo que decimos.

Por eso es bueno comenzar mostrándoles que absolutamente todos los humanos cometemos errores, y que cuando lo reconocemos y nos disculpamos, además de estar haciendo lo correcto, nos estamos beneficiando, porque sin dudas esto nos hará sentir mucho mejor. Si el niño no registra esa actitud en nosotros, difícilmente pueda incorporarla en su comportamiento.

Cuando sintamos que hemos actuado mal, admitámoslo y pidamos disculpas. Esto puede ocurrir en cualquier tema de nuestra vida diaria: en el pediatra, con nuestra pareja, en la calle y también con nuestros hijos.

2. Enséñale desde pequeño

Lo que sea que aprendamos, casi siempre es mejor que lo hagamos siendo muy pequeños. Desde andar en bicicleta hasta nadar o aprender un idioma. Pedir perdón tampoco es una excepción. El momento ideal no es después de una pelea de un niño de 11 años con su amigo, por ejemplo. En esa instancia los motivos del conflicto suelen ser más profundos y, en consecuencia, los enojos más intensos.

El momento justo para enseñarles es cuando son muy pequeños. En esa etapa de la vida, las causas de cualquier pelea siempre son mucho menos graves y el enojo nunca es duradero. Si los niños aprenden a disculparse desde los dos años, por ejemplo, al llegar a la conflictiva pubertad ya tendrán muy entrenado el “músculo del perdón”.

3. No lo obligues a pedir disculpas, intenta que reflexione contigo sobre el asunto

Es recomendable no intentar imponerle un pedido de disculpas sin que sienta la necesidad o las ganas de hacerlo. Para que esto ocurra, es mejor que entienda lo que ha hecho; es posible que así realmente quiera remediarlo. Resultará muy beneficioso repasar con él toda la situación haciéndole algunas preguntas: “¿Qué te pasaría a ti si estuvieras con tu juguete favorito y tu amigo viniera a quitártelo? ¿Qué te hubiera gustado que hiciera si hubiese sido él quien te quitó a ti el juguete?”.

Hacer que se ponga en el lugar del otro, fomentar la empatía, es el primer paso para que el niño por su cuenta se percate del error y busque su propia solución. Él encontrará la forma, que no siempre tendrá que ver con un pedido formal de disculpas. A veces, vale mucho más la actitud.

4. Dale tiempo para reflexionar

En general, cuando protagonizamos una situación en la que nuestro hijo ha tenido una “mala” actitud, reaccionamos inmediatamente y le exigimos que pida disculpas. Entonces el niño lo hace de inmediato para evitar nuestro enojo y posibles castigos. Sin embargo, lo más común en estos casos es que pronto esta actitud se repita, porque el niño solo está obedeciendo para resolver la situación.

El mundo de los niños no difiere en este caso del de los adultos: el perdón no es algo instantáneo. En general media, entre una cosa y otra, un tiempo de reflexión. Y algo que también compartimos con los niños: nadie puede forzar nuestros sentimientos. Hacerlo con nuestro hijo puede generar el efecto contrario al que posiblemente estemos buscando.

Por eso es bueno permitir que se tome un tiempo para procesar todo después de que le expliquemos que lo que ha hecho no está bien. Este tiempo variará según el niño y sobre todo según su edad. Solo cuando él realmente lo sienta tomará conciencia y se generará un cambio sincero de actitud.

5. Ayuda a que describa la situación

Nos sentimos responsables de algo que hemos hecho cuando comprendemos que nuestros actos generaron determinadas consecuencias. Y esto también ocurre cuando cometemos un error, seamos niños, jóvenes o adultos. Aquí es donde nosotros como padres podemos actuar. La mejor manera es animando a los niños a describir la situación y sugiriéndoles soluciones posibles.

Podemos hacerlo pidiéndoles que intenten poner en palabras lo que ocurrió. Es probable que de allí surja una explicación: “Mi amiga está llorando porque me burlé de ella frente a otros niños. Si me lo hubiera hecho a mí, me estaría sintiendo muy mal. Siento que me equivoqué. Puedo remediarlo preguntándole qué puede hacerla sentir mejor”.

6. Aclárale que no siempre su pedido de disculpas tendrá la respuesta esperada

No siempre quien se siente herido por nuestras actitudes puede cambiar su estado cuando le pedimos perdón. Lo que hicimos pudo haberlo lastimado demasiado y solo nuestro pedido de disculpas no alcanza para que se le vaya su enojo o su malestar.

Por eso es mejor aclarar que esto puede ocurrir. Así como quien ha cometido el error necesita un tiempo para reflexionar y tomar conciencia, también la persona lastimada lo necesita para perdonar. El pedido de perdón debe ser incondicional, se pide perdón sin esperar algo a cambio.

Esa actitud que estamos esperando puede tardar más tiempo del que pensamos. Y esto también es un aprendizaje para el niño: todo acto tiene una consecuencia y, siempre, lo mejor es afrontarla.

7. Léele cuentos o mira con él programas de TV que traten sobre el perdón

Observar escenas de conflicto en las que no estén participando puede ser un buen modo de que los niños aprendan más sobre el perdón. Allí podrán observar las distintas formas en que una persona puede reaccionar cuando se siente maltratada o cuando comete un error y entiende que tiene que pedir disculpas.

Estos momentos suelen ser ideales, porque el niño estará relajado y verá la situación “desde afuera”. Las emociones aquí son totalmente diferentes y el que no estén a flor de piel, como sucede en cualquier pelea, les permite razonar mucho mejor que si estuvieran zambullidos en una pelea.

¿Qué es lo que más te cuesta a la hora de pedir perdón? ¿Tienes alguna anécdota de cuando eras niño y te enojaste con un amigo por algo que ahora, visto a la distancia, no te parece para nada grave? ¿Tú le pediste perdón o fue tu amigo quien lo hizo? ¡Cuéntanos tu experiencia!

Compartir este artículo