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Cómo comprobé por mí misma si era posible vivir una semana sin Internet en una gran ciudad

Mi nombre es Paulina y soy adicta a Internet. Llegué a tal conclusión después de que corté por una semana los hilos virtuales que me conectaban con el mundo. La mayor parte de mi vida está relacionada con la World Wide Web: es allí donde trabajo, me comunico, aprendo cosas nuevas, me divierto, hago compras. A lo largo de estos 7 días, verifiqué cuánto tiempo podría dedicar a los asuntos familiares y si podría vivir completamente fuera del flujo de información.

Decidí compartir mis impresiones sobre el experimento con Genial.guru y contarles cómo pasé por las 5 etapas para aceptar lo inevitable, no sabía cómo llegar a casa sin el navegador, aprendí a cocinar usando un libro de recetas y me enamoré de Internet incluso más que antes.

Lo que suelo usar en Internet y lo que echaba de menos

1. WhatsApp. Lo uso continuamente. Además de la correspondencia habitual, suelo pasar mucho tiempo chateando con mis amigos, colegas y familiares. Y para no pagar las llamadas telefónicas, también las hago aquí.

2. Google Maps + otros navegadores. Los enciendo en cuanto me subo al volante de mi auto. Me ayudan a estar más relajada conduciendo, evitar los atascos y disfrutar de la carretera.

3. Clima. Planifico mi día en función de la información que aparece en la aplicación. Necesito tener bastante tiempo para pasear con mi hijo antes de que comience a llover.

4. Facebook + Instagram. Suelo utilizarlos en mi trabajo: en los espacios de estas redes sociales encuentro contactos de personas que me interesan, busco las olas de inspiración y me pongo al corriente de las últimas tendencias de moda, y me familiarizo con lo que la gente admira, de lo que se ríe y lo que le preocupa.

5. Aplicaciones bancarias. Pagar las facturas, hacer compras, transferir dinero, todas estas operaciones se hacen aquí.

6. Correo electrónico. Lo uso con poca frecuencia y solo para el trabajo.

7. Buscadores de Google + Safari. Tengo un niño pequeño, y “googleo” de todo. Es un hábito “maternal” que desarrollé después del nacimiento de mi hijo, y es imposible de erradicar.

8. YouTube. Para ver videos. Y para ver más videos. Ya saben cómo es.

Así que, anuncio el inicio del experimento.

Día 1. Negación

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Nueva vida no resultó ser lo que yo esperaba. Como todos los usuarios activos, después de que sonó la alarma por la mañana, mi mano se puso a buscar el smartphone. Siempre hago lo mismo: primero pasó de 10 a 15 minutos con el teléfono, y solo después voy al baño. No es porque tengo que averiguar algo urgente, sino por costumbre. Recordé sobre el experimento, deje el teléfono en su lugar. Siento que perdí el control de la situación, la sensación de que falta algo me persiguió hasta la tarde. Hay caos en mi cabeza, mis pensamientos están desordenados. ¿Cómo están mis amigos? ¿Qué novedades hay? ¿Y qué pasará si echo un vistazo a Facebook?

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Me faltó mucho el Internet en mi trabajo. Intento concentrarme, y cada media hora me dan ganas de tomar el teléfono, el cerebro emite impulsos: “¿Qué clima hará mañana? ¿Qué hay en Instagram?”. Llego a entender que es así como me relajo: de 10 a 15 minutos en las redes sociales para asuntos personales, y estoy lista para seguir trabajando. Así como trabajo desde casa, tuve que distraerme haciendo las tareas domésticas: poner la lavadora, limpiar el polvo. De esta manera, mi tarde se queda libre de los quehaceres.

Con un poco de imaginación, la pasta convencional se convierte en una gran pasta. Resulta que hay mucho tiempo para preparar la comida, no tenía nada de qué quejarme.

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Por la noche sufro de hambre informativa, estaba dispuesta a ver el resumen de los últimos partidos de fútbol, que mi esposo estaba revisando en su teléfono, aunque jamás me interesó el fútbol. Con un triste suspiro, también tuve que rechazarlo. Mi esposo no confía mucho en el éxito de mi idea. Creo que soy la primera mujer en su vida en rechazar los medios de comunicación. Para calmar los nervios en la noche, tomé un baño de burbujas en lugar de mi ducha habitual, y luego leí un libro. Ni me he dado cuenta de cómo pasaron 4 horas. Dormí bien.

Día 2. Ira

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No sé si algún día se me quitan las ganas de buscar el teléfono por la mañana. Son las 7:00 a.m., generalmente comienzo a trabajar a las 10:00. Durante estas 3 horas, solía ocuparme de mi niño, ducharme, pasear con el perro, preparar el desayuno. Haciendo todos los quehaceres en modo de alta velocidad. Y durante el desayuno, ya estaba metida en Internet, leyendo correos, noticias y revisando mis cuentas de Instagram y Facebook.

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Hoy, comencé mi jornada laboral más temprano y sin meterme en las redes sociales. Hice rápidamente una entrevista, apunté algunas ideas para futuros artículos que se generaron en mi cabeza; generalmente las enviaba a los editores en formato electrónico, y ahora las tengo anotadas en mi agenda. Llevo mucho tiempo sin escribir en papel. La mano se cansa rápidamente, pero hay algo vivo y real en el contacto entre la pluma y la hoja. Espero que las ideas sigan siendo actuales hasta el momento cuando tenga el acceso a Internet.

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De momento, quien está más contento con el experimento es mi perro: nuestros paseos se han vuelto más largos. Incluso encontré la fuerza para correr con él en el parque.

“¿Cuándo vamos a casa?” — es la pregunta que se lee en los ojos de mi perro que se dio cuenta de que en lugar de 20 minutos ya estamos paseando toda una hora.

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Trato de ser positiva, pero me molestan las personas que están inmersas en sus dispositivos electrónicos. Sin embargo, entiendo que me dan envidia. Intenté conducir por la ciudad sin el navegador, como resultado me he metido en todos los atascos y apenas llegué a la casa.

No sabía cómo evitar los atascos, ya que generalmente me guio por el navegador. Es muy agotador seguir las señales de tránsito por el camino para no meterme en la dirección prohibida.

Día 3. Negociación

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Reemplacé el hábito de empezar mis mañanas revisando el teléfono por las “páginas de la mañana. Esta es la famosa meditación diseñada por Julia Cameron, la autora del libro El camino del artista. Es necesario tomar 3 hojas y anotar allí todo lo que se te ocurra, cualquier pensamiento. Este texto no necesita ser releído y analizado. Esta práctica ayuda a despejar la cabeza y liberar emociones, a entenderse mejor.

Gratitud, negatividad, recuerdos: nunca entendí lo que apuntaba y por qué. La regla principal de las “páginas de la mañana” es no analizar.

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Estoy aguantando a duras penas. Una vez más me detengo cuando trato de revisar las aplicaciones de mensajería. Tengo muchísimas ganas de averiguar si alguien me escribió. Empiezo a negociar con la conciencia: “Bueno, no lo sabrá nadie”, “Solo voy a echar un vistazo, a ver si hay algo urgente” y “En realidad, el trabajo está parado, manda un mensaje a tus colegas”. Pero me doy cuenta de que un momento de debilidad echará a perder todo el experimento haciendo que me decepcione de mí misma.

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Anteriormente, paseando con mi hijo en el parque, solía ver algún video en YouTube, chatear con mis amigos. Decidí que la falta de Internet es una buena razón para reunirme con alguna de mis amigas. Además de acompañarme, le regaló un juguete a mi niño. Resulta que las reuniones “en vivo” son muy útiles. Me puse la ropa inadecuada. Cuando salí de la casa, hacía calor, pero por la noche comenzó a llover y se levantó el viento. Si hubiera sabido esto (lo habría sabido si hubiera revisado con anticipación la aplicación del clima), me habría vestido de otra manera y habría llevado un paraguas. Así que, la vida está llena de sorpresas si tu teléfono inteligente lleva tres días sin actualizarse.

Día 4. Depresión

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Cuando estás desconecta de la red, se gasta mucho más tiempo en cosas que podrías resolver en un par de minutos. Por ejemplo, tuve que comprar entradas para un concierto y fui a la taquilla. ¡A la taquilla! ¿Cuánto tiempo llevas sin hacer una cosa tan estúpida? En la vida cotidiana, simplemente pagaría las entradas con una tarjeta bancaria y me olvidaría de ellas hasta el concierto. Por cierto, ni me acuerdo cuándo fue la última vez que sostuve una entrada de papel en mis manos. Tal vez nunca. Después del viaje agotador que hice para comprar las entradas, encontré una factura de gastos comunitarios en mi buzón. Me imaginé como iría al banco a pagarlas, por lo que me desanimé por completo.

Llevaba semanas sin tener efectivo en mi billetera. La mayoría de los bienes y servicios los pago en línea.

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Me gustaría compartir en Instagram las historias sobre mi vida cotidiana. Hoy trasplanté un cactus a una maceta nueva y preparé un plato de un libro de recetas, pero nadie lo sabe. Pero comencé a comunicarme más con las personas en vivo. De ellos me entero de las últimas noticias. También tengo el televisor. Me tropecé con una película temática que me apoyó en tiempos difíciles fuera de línea, Dulce noviembre. El personaje principal hizo que su novio apagara el teléfono por un mes, por lo que él sufrió. Igual que yo

Día 5. Aceptación

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El lema de hoy es: “¡Si cambias la vida, cámbiala por completo!”. Saqué todas las prendas del armario, apartando las innecesarias. En un par de horas recogí un saco entero. No sé cuándo lo habría hecho si tuviera internet.

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Lleve las prendas a un contenedor de recogida de ropa usada. El contenedor en la foto pertenece a una tienda que recoge prendas innecesarias de las personas y las vende para donar el dinero a la caridad. Por supuesto, no todo sale a la venta, algunas de las prendas se envían de inmediato al punto donde los necesitados pueden venir y llevarlas gratis. ¡Me siento orgullosa por contribuir a la sociedad!

Así se ven los contenedores de la tienda de caridad. A medida que se llenan, se descargan y las prendas se llevan al centro de clasificación.

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Ya he aceptado la realidad y he encontrado un montón de quehaceres fuera de línea. Y luego, de repente, me enteré de que mi marido quería romper nuestro trato para ver la nueva temporada de Juego de tronos, además, quería que lo hiciéramos juntos y no estaba dispuesto esperar el final de mi experimento. Entonces, deje a nuestro hijo en casa de mi madre y, para no dejarme seducir, fui al gimnasio. Cerré la puerta de la habitación donde mi esposo disfrutaba de la serie, pero los sonidos del comienzo de la serie me atormentaban mientras estaba poniéndome los zapatos en el pasillo. Al regresar del gimnasio, me sentí orgullosa.

El día en que logré estirarme al máximo

Día 6. Renacimiento

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Lo más difícil es no poder googlear. Desde que tengo a mi hijo, me acostumbré a despejar todas mis dudas acerca de cada uno de sus estornudos en Google. Además, dentro de poco habrá que ponerle otra vacuna. Sería bueno saber más sobre ella. Me alegré de que ahora no tenga acceso a Internet a la mano y no puedo ir al foro para buscar la información. Como se suele decir, cualquier enfermedad es mortal, si sabes buscar correctamente en Google.

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Esta noche participamos en “Rompecabezas”, es un juego intelectual en el que compiten muchos equipos. Los participantes se reúnen en una cafetería y el moderador hace preguntas. Un minuto para pensar, y las hojas de respuestas se envían a los jueces. El equipo que dio más respuestas correctas se convierte en el ganador de la noche. La regla principal: no usar teléfonos. Aunque nuestro equipo se llevó el lugar 17 de los 40, ¡fue muy divertido! ¿Eché de menos a Google? Por supuesto que sí. Me alegra que lo echaran de menos todos los presentes.

Mi esposo y yo durante el juego “Rompecabezas”.

Día 7. Disfrutando del momento

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Este fin de semana pasamos con toda la familia al aire libre. El último día del experimento, mi esposo decidió apoyarme: en el auto, en lugar de ver un partido de fútbol en línea, lo siguió escuchando por la radio. Es sorprendente que en el mundo donde toda la información es percibida por los ojos, todavía existe tal opción.

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Por primera vez en esta semana, no siento incomodidad. Después de todo, estando al aire libre, todo el mundo tiene que tomar un respiro del Internet y disfrutar de la comunicación en vivo. Aquí no hay pausas incómodas, aquellas durante las cuales todos sacan sus teléfonos, y te queda solo mirar a tu alrededor.

Por el camino paramos en un club hípico. Tengo miedo de montar a caballo, pero con mucho gusto tomé una foto.

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Siento cambios en mí misma: tomo fotos y no pido que se hagan en ráfaga para elegir la mejor que se subirá a las redes sociales. En general, desde que se acabó el parpadeo interminable de las fotos editadas de caras felices, mi vida, mi cuerpo y el reflejo de mi cara sin maquillaje en el espejo me parecen más atractivos. Solo quedan unas horas del experimento y puedo activar los “datos móviles” en mi teléfono. Lo estaba esperando mucho, pero ahora incluso me entristece un poco, ya que acabo de volver a aprender a sonreír a la gente cuando accidentalmente me miran a los ojos.

Mi vida después del experimento

Como resultado, tuve más tiempo para mí misma: fui al gimnasio 3 veces en lugar de 2, leí un libro, arreglé el armario y me deshice de prendas innecesarias, salí de la ciudad, escribí 67 páginas en mi diario, comencé a comunicarme con las personas en vivo. Me encantó el juego intelectual: es muy emocionante. Mi marido está satisfecho con el menú variado, el perro está satisfecho con los paseos largos.

Estos son los cambios que produjo esta experiencia en mi vida:

  1. Aprendí a concentrarme en el momento presente.
  2. Dejé de creer que estoy obligada a contestar a todo el mundo al mismo tiempo.
  3. Empecé a valorar más mi tiempo y el de los demás.
  4. Comencé a escuchar mis sentimientos y tener mi propia opinión.
  5. Los dispositivos electrónicos facilitan nuestras vidas, lo principal es no abusar de ellos.
  6. En mi caso, es posible la vida sin Internet, pero es imprescindible para el trabajo.

Tengo intención de desconectarme completamente de la vida virtual una vez a la semana. Este respiro te llena de energía e incluso te permite hacer más cosas.

¿Qué piensas, podrías pasar una semana entera sin Internet? ¡Comparte tu opinión en la sección de comentarios!

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