Genial
NuevoPopular
Inspiración
Creación
Admiración

Por qué no se debe obligar a los niños a realizar un deporte o una actividad que no les gusta

Los padres quieren lo mejor para sus hijos, eso es indudable. Pero ¿qué es lo mejor? La respuesta no es sencilla. En el afán de darle al niño herramientas para afrontar su futuro, en ocasiones, los papás se dejan llevar por sus propios deseos, intereses e, incluso, por sus propias revanchas. Todos conocemos historias de padres que, frustrados por no haber podido desarrollar una actividad, se la imponen a sus hijos, como si les correspondiera a estos cumplir con la asignatura pendiente de su progenitor.

Genial.guru propone en este artículo algunos puntos importantes que un padre debe tener en cuenta para no afectar involuntariamente el desarrollo de su hijo.

La formación de un niño

¿Cuáles son las obligaciones que un niño debe tener? Si hablamos del estudio, por ejemplo, no nos referimos necesariamente a eso, sino a un derecho. La educación primaria y la secundaria son fundamentales para el desarrollo intelectual y cultural de todo individuo. Sin ellas, este no contará con los elementos básicos para desempeñarse en el mundo.

Sin embargo, muchos padres se esfuerzan para que un niño obtenga algo más que la educación elemental, y entonces piensan en acercarle opciones que le brinden nuevos recursos para disfrutar más del presente, para cuidar de su salud o, también, para poder triunfar en el futuro. Y es ahí, en ese último punto, donde comienzan los problemas.

Qué debemos tener en cuenta

Para un niño es bueno realizar actividades fuera de la escuela. Los médicos recomiendan la realización de deportes, pues no solo fortalecen la salud, sino que fomentan, entre otras cosas, el compañerismo y la importancia del trabajo en grupo. Por otra parte, el aprendizaje de alguna disciplina artística o de otros idiomas hará que el niño expanda sus intereses y tenga una visión más amplia de lo que lo rodea.

Sin embargo, a la hora de elegir esa actividad extra, los padres deben dejar de lado sus propios gustos o expectativas para que sea el niño quien decida qué disciplina seguirá. De esa manera estarás apoyándolo y, al mismo tiempo, brindándole una mejor educación. El niño, entonces, afrontará esa nueva actividad con ganas, sin presiones, y sentirá que sus padres colaboran para que él pueda realizar aquello que siente que le hace bien.

Los riesgos de la imposición

Pero no todo es tan sencillo e ideal. En ocasiones, los padres tienen sus propios planes para el niño. Las razones pueden ser muchas: ven en su hijo condiciones o un talento para determinada disciplina, quieren darle las posibilidades que ellos mismos no tuvieron, creen que saben qué será mejor para el futuro de su hijo, o quieren recibir, a través del niño, aquello que el mundo no les dio.

Los riesgos de imponerle a un niño una actividad son muchos. Por ejemplo, un deporte implica competencia. Entonces, si el pequeño, por más que tenga condiciones para el fútbol o el tenis, no tiene interés por esas prácticas, la competencia se le hará más dura, pues no será genuina. Y, como resultado, puede que vea la competencia y los deportes como cosas negativas, cuando en realidad no lo son.

Por otra parte, si su deseo no es tocar el violín o el piano, le costará mucho más aprender. Querrá satisfacer a los padres (la mayoría de los niños quieren eso), pero no podrá, y eso le generará un sentimiento de frustración. Sentirá que no está a la altura de lo que sus papás esperan, que no es digno de orgullo, y eso repercutirá en su autoestima. Se sentirá menos, y eso siempre es nocivo.

Los beneficios de escuchar

Cuando un niño se siente escuchado, se siente comprendido y amado. Por otra parte, al ver que su opinión es valorada, se fortalecerá su carácter, ya que creerá en sí mismo. Además, sabrá que puede decir que no cuando algo no le interesa. Alguien que responde a todo que sí termina siendo esclavo de los demás, y no es eso lo que queremos para nuestro hijo.

Un buen padre escucha, acompaña, ayuda a que su hijo sea responsable por sí mismo y no porque se lo imponen los demás. Es importante que un niño aprenda idiomas, a tocar instrumentos y practique deportes, pero si el precio de ello es la pérdida de libertad, la frustración, el debilitamiento de la autoestima y el odio a la competencia, entonces no estaremos haciendo nada bueno por él. No debemos olvidarnos nunca de eso.

¿Hiciste algún deporte por obligación? ¿Cuál? ¿Qué actividad te arrepentiste de no haber aprendido? Por favor, cuéntanos en los comentarios.