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Una psicóloga famosa contó por qué ya es hora de abandonar el sueño de convertirse en madre ideal

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El nacimiento de un bebé deja al descubierto en el corazón de una mujer todos sus complejos, miedos y resentimientos, según afirma la psicóloga y doctora Olga Tovpeko, fundadora de la Escuela de Psicología Para Madres. Fatiga, descarga de un mal día en sus familiares, insatisfacción consigo misma y con su vida: estos son los problemas de las madres primerizas que acuden a un especialista con mayor frecuencia. Una vez resueltos, venciendo a sus preocupaciones y entendiéndose a sí misma, la mujer encuentra no solo paz en su alma, sino también armonía en el hogar. Y ninguna falta de sueño o rabietas infantiles la volverán a sacar de su ser.

Genial.guru anotó unas cuantas verdades que esta psicóloga de familia trata de repetir a sus clientas para que estas finalmente puedan relajarse, aceptar sus imperfecciones y criar hijos felices.

Dato № 1: las mamás ideales no existen, acéptalo

Lo más importante en una madre no es estar a la altura de algunos estereotipos, valores, dogmas y otros, lo principal es ser una misma. Esto es lo que aporta una maravillosa oportunidad para criar a un hijo feliz. El mejor regalo que puedes darle a un niño no son las tácticas correctas ni las acciones adecuadas, sino un contacto directo con tu alma, aceptarte a ti mismo y una integridad y coherencia interiores.

Pero ser uno mismo no es un resultado que uno pueda obtener como en el deporte, como tampoco es un producto que puedes comprar en una tienda. Este es un camino a seguir, un camino hacia el autoconocimiento, la curación de las heridas abiertas desde la infancia, la aceptación de su dureza y las irregularidades del alma... Pero precisamente este camino regala felicidad, una profunda plenitud interior y satisfacción, tanto para la madre como para el niño.

Dato № 2: si simplemente empiezas a quererte a ti misma, las relaciones familiares mejorarán

Realmente así es. No en vano, a menudo en esta área surge una mezcla de conceptos. El amor propio se percibe como una bravata (“¡Que todo el mundo me deje en paz, voy a hacer lo que me dé la gana porque me quiero a mí misma!”); o bien como autocompasión (“No me sale nada, bueno, está bien, seguiré por el borde de la vida”). Un verdadero amor hacia uno mismo, al igual que el amor por los niños, es siempre un equilibrio entre la sensibilidad y la firmeza, entre la comprensión y la disciplina.

Dato № 3: tu “niño interior” influye a lo grande en tu relación con los hijos

Hablando en sentido figurado, el “niño interior” es un grupo de necesidades que reflejan los aspectos más vulnerables de tu personalidad: el deseo de obtener apoyo, protección y calidez. Si en la infancia estas necesidades están satisfechas, al crecer ya no sientes una dependencia tan fuerte de un apoyo externo. Por dentro siempre habita una “mamá” que te apoya. Pero si no conseguiste cubrir estas necesidades sutiles, entonces tu “niño interior” se conserva en estado inmaduro.

El “niño interior” que sufre no es culpa tuya, pero sí tu responsabilidad. Necesitas desarrollar a tu “mamá interior”, la que cuidará de tu “niña interior”. Al satisfacer sus necesidades, esta puede ayudar también a tu pequeño de verdad. Entonces, obtendrás fuerzas para dar el siguiente paso: “Sí, mi hijo no quiere vestirse, pero soy adulta, puedo entenderlo y encontrar argumentos de peso”. Aprenderás a distinguir claramente lo que provocó en ti una u otra emoción particular: el comportamiento de tu hijo, los sentimientos de tu infancia o un simple cansancio.

Dato № 4: a los niños no siempre les falta tu atención

Otro de mis mitos favoritos y populares entre las mamás: “A mi hijo le falta suficiente atención por mi parte”. Para todos los problemas, el mismo remedio. Este mito tapa todos los agujeros en la psicología popular, sobre todo, cuando no hay una comprensión competente del problema y de su solución.

El deseo de las madres de hoy en día de prestar a sus hijos más atención de la que recibieron durante su infancia lleva al otro extremo: centrarse por completo en el niño, cuyas consecuencias sentiremos claramente al pasar 5-10-15 años. Esta actitud hacia los hijos se ha convertido en una tendencia moderna de la crianza, cuando las necesidades del niño ocupan la parte más alta de la pirámide, con frecuencia en detrimento del resto de los miembros de la familia. Es un intento de darle al niño todo, protegerlo de sus temores y sufrimientos, organizar el máximo posible de actividades de entretenimiento y ocio. No se sabe qué es peor: la crianza basada en la crítica de nuestra propia infancia o la del “estoy para todo lo que necesita el niño” de hoy en día.

Este fenómeno conduce al egoísmo, la tiranía infantil, a hacer lo que uno quiere sin tener en cuenta a los demás, la rudeza en sus respuestas, la falta de respeto por los otros y la arrogancia... Y además, gracias a esto, también aumenta la falta de interés por la vida, baja la motivación, sube la pasividad y la dependencia y adicciones. Y esto, a pesar de que los padres están tratando de darles a sus hijos todo, e incluso más. Pero lo que se obtiene sin esfuerzo no se aprecia.

Dato № 5: no te da tiempo para nada porque quieres demasiado de ti misma y de la vida

Ser bella y dar el pecho, estar delgada y trabajar, ser elegante y exitosa. Un listón alto que es imposible de alcanzar.

¿Por qué la mujer de hoy en día está tan cansada?

  • Somos hijas de nuestras madres. Nuestras madres se sacrificaban a sí mismas, haciendo todo solo por el bien de los demás, renunciando a sus propios intereses. ¡Y nosotras hacemos lo mismo!
  • Un individualismo en ascenso. No sabemos lo que significa vivir en una gran familia. En nuestra cultura, cada madre lo hace todo sola.
  • Una priorización incorrecta. Nos parece que seremos más útiles si preparamos la cena, planchamos la ropa y hacemos la limpieza.

Actuando bajo la influencia de esta lógica, nos negamos el descanso y la renovación, pero, para una mujer, su estado físico y de ánimo, así como la energía, es lo más importante.

Dato № 6: las relaciones poco saludables con tu propia madre intoxican tu maternidad

Muchas mujeres viven en conflicto con sus madres, sufren, se quejan, pero no cambian nada. El problema no está en que tengas una mala relación con tu madre, sino que tienes una mala relación contigo misma.

Ni siquiera necesitas que tu mamá esté cerca para sentirte como una madre mala. Esta inseguridad en una misma ya se ha arraigado profundamente en tu subconsciente. Y esta misma actitud, inconscientemente, se la transmitimos a nuestros hijos.

Dato № 7: para sentirte descansada, no necesitas más tiempo, sino saber relajarte

Con frecuencia, el problema no está en que no tengamos tiempo para descansar, sino que no podemos relajarnos. Recuerda: cuando te tocan de 10 a 15 minutos libres, ¿consigues relajarte, liberarte de los pensamientos que van galopando en tu mente? Para aprender a relajarte por completo es necesario dominar el arte de permanecer en el aquí y el ahora, desarrollar la capacidad de dejar ir algunas cosas y desactivar el control sobre todo y sobre todos.

Aquí van algunas pautas para relajarse:

  • Respiración. Concéntrate en la respiración y esfuérzate en observar cómo respiras: una inhalación suave se continúa con una exhalación.
  • Tensión muscular. Siéntate y simplemente observa qué músculos están relajados y cuáles comprimidos. Contrae los músculos tensos y luego relájalos.
  • Recuerdos. Recuerda los lugares y las situaciones donde te sentiste verdaderamente relajada y agradable, recrea estos sentimientos.
  • Sonidos. Escucha los sonidos de la naturaleza que involuntariamente te obligan a reducir la velocidad y apegarte a lo que te rodea.

Pero todo esto, por supuesto, no funcionará si estás resolviendo problemas y por dentro te invade la ansiedad: no puedes perder el ritmo ni por un minuto, de lo contrario, vaya, ¡pánico! Imagina tus preocupaciones en forma de olas que te inundan. Ponlo todo en pausa y hazte la siguiente pregunta: ¿por qué me preocupo ahora? ¿Por qué es tan importante para mí mantener el control?

Cuando encuentres las respuestas a estas preguntas, imagina que estas olas entran en calma y la superficie del agua se vuelve plana. Tómate por lo menos dos sesiones de 5 minutos al día, dedicándolas a una relajación mental verdadera. Observa cómo esto cambia tu estado.

Dato № 8: el comportamiento de tu hijo molesta más cuanto más estrés tienes tú

No vale la pena prohibir a los niños soltar sus emociones negativas. La prohibición de la ira, que nosotros mismos experimentamos cuando éramos niños, nos hace temer a la ira infantil. El descontento se consideraba algo vergonzoso, repugnante: ¿cómo puedes ser grosero con tu hermana? ¿Decirle eso a tu madre? ¿Quitarle el juguete a Juanillo?

Existe un mito de que la ira hiere a los niños, por lo que la madre no puede enojarse. No es cierto. No es la ira en sí misma lo que hiere, sino la forma en la que se expresa. Pero contactar con la ira de los padres es beneficioso para los hijos.

La estabilidad de una madre depende de su “contenedor interno”: así es como llamo a la capacidad de soportar tus propios sentimientos. Una madre con un buen “contenedor” se enfada cuando el niño hace ruido, pero resiste a este sentimiento, conservando la amabilidad hacia su pequeño y las fuerzas para redirigirlo. Si el contenedor es del tamaño de una caja de cerillas, la frustración no cabe dentro y cae sobre el niño sin haberse reciclado. A veces, las madres incluso esperan que sus hijos se conviertan en un “contenedor” para ellas, buscando consuelo en el niño.

Dato № 9: te enfadas con el niño porque no sabes “manejar” tus sentimientos

En la base de un columpio emocional, con frecuencia se encuentra el sentimiento de profunda ansiedad y culpa, impotencia e inutilidad. Aquí van algunos consejos sobre cómo dejar de descargar tu mala energía con tu hijo:

  • Elabora una lista de tus “botones rojos”. Haz un inventario de lo que te saca de tus casillas y te provoca.
  • Clasifica tu ira en varios niveles de intensidad: verde, “me molesta un poco, pero se puede tolerar”; amarillo, “estoy muy descontenta y voy a salirme de mis casillas”; rojo, “estoy enfurecida, que se aparten todos de mi camino”.
  • Determina cómo pasas de un nivel a otro. Observa lo que te ayuda a permanecer en la zona amarilla. Inventa para ti una acción secreta que harás cuando entres en ella: ir a beber agua, encender la cafetera, mover las piernas. Es mejor limarte las uñas que gritarle a tu hijo.
  • Practica: cuando el botón rojo se asoma por el horizonte, separa los pies a la distancia del ancho de tus hombros, inspira profundamente y expira. Mira a tu alrededor: lo que ves, lo que oyes, lo que sientes. Mira tu hijo, míralo de verdad: ¿cuántos años tiene? ¿Entiende lo que está sucediendo ahora? ¿Qué le estás exigiendo?
  • Si aun así no se pasa la situación, lleva a cabo una acción secreta para destruir el piloto automático. Si pese a esto, no se pasa, date unos golpecitos en la frente, en el borde de la palma de la mano, las mejillas, el pecho.

Dato № 10: es difícil para tus seres queridos apreciar tu contribución a la familia cuando tú misma no lo valoras

La autosatisfacción suele fallar en muchas madres. Lo dan todo por completo, pero aun así sienten que esto no es suficiente, se culpan y se someten a agonizantes autocríticas.

  • Celebra mentalmente el más mínimo logro, todo lo bueno que has hecho para ti, tu familia y tus hijos. Por ejemplo, estás cuidando de ti misma, del hogar, de los hijos, de tu esposo, de las relaciones familiares, haciendo algo útil para el mundo y los extraños.
  • Tan pronto como te des cuenta de que has hecho algo bueno, imagina que obtienes una flor por ello. Suma mentalmente las flores obtenidas en un solo lugar. Al final del día, mira a tu alrededor y calcula cuántas flores recibiste. Contempla esta belleza y observa tus sentimientos.

¿Estás de acuerdo en que los problemas de nuestra propia infancia nos hacen reaccionar emocionalmente en exceso a una desobediencia del niño?

Ilustrador Igor Polushin para Genial.guru
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