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A qué clase de mujeres en Japón se les dice súper mamás y por qué todo el mundo las juzga

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En Japón existe un curioso estrato social: familias acomodadas en las que las mujeres prestan mucha atención a la educación de sus hijos. A veces, el asunto llega al punto de lo absurdo: los bebés de 6 meses son enviados a jardines de niños para prepararse para la escuela, y chicos de 17 años son llevados a los exámenes universitarios de la mano. A estas mujeres se les dice kyōiku mama. En nuestro artículo las llamaremos súper mamás.

Genial.guru averiguó por qué algunas mujeres japonesas están tan obsesionadas con la educación de sus hijos, cómo se percibe esto por la sociedad y a qué puede conducir.

Los niños japoneses se preparan para el crecimiento profesional desde el kínder

En Japón, reina una atmósfera de igualdad mental: todos los niños son considerados igualmente dotados, nadie divide a los estudiantes en fuertes y débiles. Todo niño sabe que, si algo no le sale, debe hacerlo de nuevo, entonces le saldrá. Esta afirmación incluso se aprende en las lecciones.

Los valores que la escuela inculca en el niño son apoyados activamente por la familia. Los lazos familiares son muy fuertes en Japón. Tradicionalmente, los roles se distribuyen de una manera bastante predecible:

  • el padre proporciona estabilidad financiera;

  • la madre se dedica a la casa y cuida a los niños.

Si los padres pueden pagarlo, entonces eligen el mejor jardín de infantes para, más tarde, llegar a la mejor escuela, y de allí a la mejor universidad. Por lo general, quien se ocupa de la colocación del niño en todas estas instituciones educativas es la madre. Ella no solo lo obliga a estudiar, sino que también hace la tarea por él, le proporciona un ambiente de estudio ideal en la casa y, por supuesto, lo acostumbra a la disciplina.

A veces, los hijos de esta clase de madres son llamados “chihuahuas”: las mujeres los llevan en brazos, les hacen mimos y los entrenan. Es perfectamente normal que una madre así le lea un libro en 4 idiomas diferentes a un niño de seis meses o le explique la estructura de un avión.

A menudo, a las súper mamás no les importa en absoluto a qué se dedicarán sus hijas. Lo que importa son los varones

La expresión kyōiku mama generalmente contiene cierta calificación peyprativa. Es un retrato estereotípico de una madre en la cultura japonesa. Ella vigila al niño continuamente para que llegue a la escuela y luego regrese a casa; lo hace estudiar, incluso si sabe que con eso perjudica su salud física o psicológica.

La súper mamá es uno de los personajes menos queridos en la cultura pop del Japón moderno. Como regla general, se compara a una madre así con una madre estadounidense que a toda costa intenta meter a un niño en Hollywood: lo lleva a desfiles de moda desde la primera infancia, y no tiene en cuenta sus deseos y aspiraciones. A pesar de la condena pública a los súper mamás, otras mujeres suelen envidiar los éxitos de sus hijos.

A menudo, la obsesión por el aprendizaje no se aplica a las hijas: se les permite ir a estudiar donde quieran. Muchas madres ni siquiera saben los nombres de sus universidades, porque no les interesa. Pero los muchachos no tienen tanta libertad. Para ellos, elegir una institución educativa es casi una elección entre la vida y la muerte.

Curiosamente, entre los padres no surge ese deseo de convertir a sus hijos en niños prodigio. La razón más probable es que simplemente no tienen tiempo, porque están enfocados en el trabajo.

Las súper mamás viven en zonas urbanas para los ricos y pertenecen a la clase media. Miran programas de televisión familiares, compran revistas y productos para madres; todas juntas parecen gritar: “¡Críen mejor a sus hijos!”. Como resultado, una mujer toma a su descendencia demasiado en serio. Los japoneses generalmente describen el tiempo libre de esas madres así: “comer y dormir un poco”.

A las súper mamás a veces se les dice madzillas (de las palabras “madre” y “godzilla”) o mamagones (de las palabras “mamá” y “dragón”).

Para inscribir a un niño en un jardín de niños o escuela prestigiosos, los padres están dispuestos a muchas cosas

Para darle una buena educación a su descendencia, algunos padres recurren a métodos “poco limpios”. Por ejemplo, el dueño de un restaurante trató de dar un soborno por un monto de 95 mil USD para que su hijo ingresara en la guardería más prestigiosa del país.

Este kínder se llama Aoyama Gakuin. Cada año se aceptan solo 40 niños, y hay más de 2 000 solicitantes. Las pruebas que los niños deben aprobar antes de ingresar allí son extremadamente difíciles.

En una época, en la prensa causó mucho ruido el libro de Ryoko Sato Juken wa Hahaoya ga Kyu-wari (el nombre se puede traducir como “Prueba de maternidad aprobada al 90 %”). Su autora contó honestamente sobre cómo logró criar a sus 4 niños. En resumen, Ryoko Sato siguió estas reglas:

  • nada de romance con su esposo;

  • cada minuto libre se le dedica a los niños;

  • a los niños se les prohíbe enamorarse.

Como resultado, los cuatro ingresaron a la Universidad de Tokio, la mejor del país, y se convirtieron en médicos exitosos. En el libro no se hace mención del estado mental y emocional de los hijos, el esposo y la madre.

Las madres constantemente compiten entre ellas. A menudo recurren a engaños: encierran al niño en la habitación de los padres. Los vecinos notan que la luz en la habitación de los niños está apagada y lo informan a sus hijos. Estos últimos se relajan, estudian menos y, como resultado, pierden ante el niño que, en realidad, estaba estudiando en la habitación de sus padres.

Los niños son controlados desde el nacimiento hasta la admisión a la universidad

Después de egresar de la escuela, el constante control del hijo no se detiene. La mayoría de los que ingresan a una universidad de élite llegan a la ciudad con sus madres. Estas últimas se quedan en un hotel y viven allí todo el tiempo mientras se realizan los exámenes. Muchas de ellas literalmente llevan a los hijos a la universidad de la mano, los acompañan hasta el aula correcta, y luego se sientan en el vestíbulo a esperar a que su hijo salga del examen.

En caso de fracaso, una súper madre preferirá esperar otro año, o incluso varios años, para intentarlo de nuevo, antes que permitir que su hijo estudie en una universidad de “segunda categoría”.

Son pocos los países que tienen un equivalente de las súper mamás japonesas, sin embargo, hay una tendencia a enviar a los niños a distintos cursos o talleres de entrenamiento. ¿Crees que esto es útil para el niño o vale la pena darle más libertad?

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