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La historia de una princesa que, a los 21 años, no tuvo miedo de abandonar su hogar e irse con su esposo a un exilio en Siberia por 30 años

María Volkonskaya pasó casi 30 años con su esposo en Siberia. Sergei Volkonsky fue miembro del movimiento opositor que se manifestaba en contra de la abolición de la esclavitud y la autocracia. Después de los intentos de golpe de estado en diciembre de 1825, los nobles fueron juzgados y muchos enviados al exilio. Las esposas de los decembristas tenían que elegir entre irse con sus cónyuges y rechazar una vida normal o quedarse en casa. Algunas eligieron seguir a sus esposos; y una de las primeras en hacerlo fue María.

Genial.guru estudió la biografía de la princesa, leyó sus memorias y ahora te contará su historia.

La abnegación de Volkonskaya es la base de poemas, narraciones y películas. La segunda parte de los poemas de Nikolái Nekrásov “Mujeres rusas” fue creada, en particular, tomando como base sus “notas”, las cuales son breves recuerdos escritos por la princesa para su hijo Michail.

Michail Volkonsky tradujo para Nekrásov las memorias de su madre del francés al ruso y recordó que "saltó varias veces durante la noche y con las palabras: ’Suficiente, no puedo’, corrió hacia la chimenea, se sentó hacia él y, agarrándose la cabeza, lloró como niño.

Retrato de María 1820 (antes del exilio) y 1830 después de unos cuantos años de vivir en Siberia.

  • María nació en 1805. Sus padres fueron el general Nikolái Rayevski, héroe de guerra, y Sofía Rayevskaya, nieta de Mijaíl Lomonósov. La chica recibió una excelente educación y era una soltera codiciada; el mismo Pushkin le dedicó algunos poemas.
  • Cuando María tenía 21 años, fue entregada en matrimonio al príncipe Sergei Volkonsky. Su cónyuge, al igual que su padre, era un héroe de la guerra en 1812 y era 20 años mayor que su elegida. “Mis padres pensaban que me habían proporcionado un futuro brillante, de acuerdo con sus visiones laicas”, escribió en uno de sus recuerdos.
  • Del primer año de vida conyugal, solo pasaron 3 meses juntos debido al servicio militar de Volkonsky. En realidad, ella no conocía muy bien a su esposo. Él no tenía prisa por compartir sus secretos y María no tenía ni idea de su relación con una sociedad secreta hasta el momento de su arresto.
  • Cuando su esposo fue arrestado debido su participación en los movimientos decembristas, la princesa estaba a punto de dar a luz. Unos cuantos meses después del nacimiento de su hijo, los familiares eludían responder sobre el paradero su esposo y el porqué de no haberlo visto en tanto tiempo.

María Volkonskaya con su hijo Nikolai (1826) y su esposo Sergei Volkonsky (se estima que fue elaborado entre 1823-1825).

  • Cuando se supo que Volkonsky había sido condenado a un exilio de 20 años en Siberia, María no dudo en ir con él. Su padre le gritó que la odiaría si no regresaba en un año. Ante la mujer había una elección: quedarse con su hijo o seguir a su esposo. Ella decidió dejar a su hijo con sus familiares.
  • Su suegra le dio suficiente dinero para pagar por su caballo que la llevaría a Siberia.
  • Su camino hasta Siberia duró 20 largos días. Cuando llegaron a Irkutsk, según las memorias de María, ella tenía una lágrima congelada en el ojo, ya que la noche había sido muy fría.
  • Al dirigirse hacia el exilio junto con su esposo, ella se convirtió en la cónyuge de un prisionero exiliado y tenía que firmar un documento según el cual perdía sus títulos. Intentaron persuadirla en varias ocasiones de dar marcha atrás, pero Volkonskaya se negó.

El primer lugar de asentamiento de Volkonskaya en el exilio. La casa en donde ella vivió con la princesa Troubetskoy.

  • Al superar el largo camino hacia la mina en donde su esposo realizaba trabajos forzados, María consiguió encontrarse con él. “Abrieron una pequeña puerta a la izquierda y subí a la sección de mi esposo. Sergei corrió hacia mí; el sonido de sus cadenas me impactó: yo no sabía que él estaba encadenado. La severidad de este confinamiento me dio una idea sobre el grado de su sufrimiento”, recordó ella.
  • Los exiliados trabajaban de 5 de la mañana a 11 de la noche. La regla era de 3 pud de mena por cada persona, esto era equivalente a 49 kilogramos.
  • Solo se les permitía ver a sus esposos dos veces a la semana. María vivía en una casa con Ekaterina Troubetskoy, cuyo cónyuge también era prisionero. La casa era pequeña: al yacer sobre un colchón, la mujer apoyaba los pies en la puerta y la cabeza en la pared. Las ventanas estaban cubiertas de mica en lugar de vidrio.
  • Volkonskaya dice que las personas en el exilio no eran tal y como le habían dicho, sino amables y respetuosas en relación hacia los prisioneros. Ellas llamaban a los presos “nuestros príncipes”, “nuestros caballeros”, les ayudaban en el trabajo y los alimentaban con papas al horno calientes.
  • Las mujeres rechazaban cenar; principalmente comían sopa y papillas intentando ahorrar y darles la comida a sus esposos. Cuando ellos se enteraron sobre el grado de restricción de sus esposas, se rehusaron a comer. Pero los prisioneros no permanecieron hambrientos: “los soldados de la prisión y todas las personas amables les comenzaron a preparar la comida”.
  • Su suegra le preguntó por su hijo, pero ella tomó la decisión de no ir a verlo debido a que su estado de salud no lo soportaría.
  • A pesar de su complicada situación, Volkonskaya ayudó a los prisioneros. Una vez recibió un regaño por parte de un funcionario porque adquirió unas cuantas camisas para aquellos que no tenían nada para usar. A esto, María respondió que no estaba acostumbrada a ver personas desnudas por la calle y la cuestión se cerró.

María Volkonskaya (1863).

  • Los primeros años después de su viaje, María perdió a su hijo Nikolai, quien se había quedado en San Petersburgo con sus padres. Esto fue un gran golpe para ella.
  • Después de la finalización de la construcción de una nueva prisión, los prisioneros fueron enviados a Chitá. Allí el trabajo era un poco más ligero en comparación con las minas: se ocupaban de limpiar los establos y barrer las calles. Cuando se cambiaron a los dirigentes, los prisioneros comenzaron a realizar caminatas de largas horas.
  • Cada exiliado tenía su propio ocio: algunos tenían colecciones de insectos y mariposas, otros escribían poemas. Bestuzhev hacía retratos y decoraciones de acero, gracias a este pasatiempo, pronto todas tuvieron un anillo elaborado de los grilletes de sus esposos. También se conservan sus dibujos que reflejaban la vida diaria de aquellos tiempos.
  • Después de que los prisioneros fueron trasladados al edificio de la prisión de Petrovsky, a las esposas también se les permitió vivir allí. Junto con sus esposos prisioneros, ahora tenían su propia celda y las mujeres se encargaron de decorar cada una de ellas como pudieron. Volkonskaya cubrió las paredes con un tapizado de seda, el cual le habían enviado de San Petersburgo. Tenían un piano, un armario con libros, 2 sofás y una mesa. A pesar del escaso espacio disponible, para Volkonskaya, ver a su esposo más de dos veces a la semana y sin compañía de extraños fue una verdadera felicidad.

Volkonskaya con su esposo en la celda de la prisión de Petrovsky. Cuadro de N. A. Bestuzhev (1830).

  • En su exilio, la familia Volkonsky tuvo tres hijos, dos de los cuales sobrevivieron, su hijo Michail y su hija Elena. Esto fue lo que María le escribió a su hijo: “En este año de 1832, llegaste a este mundo, mi adorado Michail, alegría y felicidad de tus padres. Yo fui tu nodriza, niñera y tu profesora”.
  • Su hijo se graduó con honores de la escuela. En el futuro, Michail se convirtió en suplente del ministro de Educación Pública.
  • Entre los nietos de Volkonsky había publicistas, directores de cine y extraordinarios embajadores. Uno de ellos se convirtió en vicepresidente de la Duma Estatal, otro en ayudante del ministro de Asuntos Exteriores.
“Al principio de nuestro exilio, pensé que, posiblemente, terminaría dentro de 5 años. Después, me dije a mí misma que sería dentro de 10 o 15, pero después de los 25, dejé de esperar. Le pedí a Dios solo una cosa, que sacara a mis hijos de Siberia”.

Elena y Michail Volkonsky, hijos nacidos en el exilio. Irkutsk (1845).

El príncipe Michail Volkonsky fue un consejero, senador, suplente del ministro de Educación Pública, miembro del Consejo de Estado. Cuadro de Iliá Yefímovich Repin 1903.

  • Al terminar el periodo de trabajos forzados, Volkonsky fue liberado. María recuerda: “El Señor fue misericordioso con nosotros y nos permitió asentarnos en los alrededores de Irkutsk”. El pueblo no era el lugar más atractivo en el mundo, pero la mujer se alegró de que ahí había acceso a los servicios de salud para los niños.
  • La libertad de los liberados era limitada: los hombres podían salir de casa y andar por los alrededores del asentamiento, las mujeres tenían permitido hacer compras en la ciudad.
  • Los niños estudiaban en la escuela. Para conseguir esto, Volkonskaya solicitó que se le permitiera mudarse con los niños a Irkutsk. Hasta antes de esto, ella misma se encargaba de su educación. Volkonsky podía ver a su familia en la ciudad dos veces a la semana y, después de unos cuantos meses, le permitieron mudarse con ellos.
  • Sergei Volkonsky regresó a la nobleza en 1856. Además, por una solicitud expresa, le devolvieron tres condecoraciones que él valoraba especialmente. María, a pedido de su hija, dejó Siberia para ir a Moscú y recibir tratamiento médico; Sergei fue con ella.
  • María murió en 1836 a la edad de 58 años. Su cónyuge dejó este mundo dos años más tarde.

María y Sergei Volkonsky, aproximadamente 1860.

  • En 1975, se estrenó en pantalla la película La cautivadora estrella de la felicidad, dedicada a los decembristas y sus mujeres. María Volkonskaya fue interpretada por Natalya Bondarchuk y Sergei Volkonsky por Oleg Strizhenov. El papel de Ekaterina Troubetskoy, quien fue la vecina de María en la vida real, fue interpretado por Irina Kupchenko y el papel del príncipe Troubetskoy por Alekséi Batálov.

Toma de la película La cautivadora estrella de la felicidad.

A pesar de la difícil situación, María logró convertirse en un pilar de apoyo para su esposo y criar a sus dos hijos. La vida de Volkonskaya es una historia de cómo conservar la calidad humana y amor hacia el mundo ante cualquiera de las situaciones más difíciles sobre las cuales una persona es vulnerable.

En ocasiones, el amor es tan fuerte que es capaz de conducirnos a un estado de abnegación. Y tú, ¿serías capaz de cambiar tu vida tan bruscamente por amor?

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