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Una rusa vive en París y sin miedo nos habla sobre esta ciudad (Su esposo francés tampoco se quedó callado)

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¡Hola! Soy Anastasia Sokolova-Boilley “historiadora fiestera” y “Nastya, la chica que lo sabe todo”. Tengo 30 años, vivo en París y con frecuencia viajo a mi ciudad natal, Moscú, Rusia. Me gradué de la facultad de Historia. El tema de mi investigación me condujo a una pasantía en España y luego me dirigí a Francia, donde abrí un proyecto educativo sobre la historia y cultura de este país.

Estoy lista para mostrarles a los lectores de Genial.guru que la historia es fascinante y la vida en París, aunque no es una fiesta eterna, también está llena de hechos fascinantes.

Muchos franceses participan en voluntariado

A veces paso el tiempo en los calabozos. Estoy hablando de los sótanos góticos del siglo XIII. Desde hace más de un año, formo parte de la asociación de protección histórica de París y trabajo como voluntaria en una casa-museo, en la cual se puede encontrar raras salas góticas de la época de la construcción de la catedral de Notre Dame, bóvedas de roble de los tiempos del Renacimiento, una excelente biblioteca y librería.

Para Francia, la filantropía es algo habitual. Veintidós millones de franceses invierten en proyectos de un millón de asociaciones anualmente. No tengo que ir muy lejos para dar un ejemplo: mi esposo ingresó a una asociación para la creación de juegos de mesa y mis suegros ayudan a mantener una casa familiar bajo la dirección del hospital.

Adquirí hábitos “franceses”

En donde sea que esté, entre las 12:00 y las 14:00, siempre comienza a darme hambre. El hábito francés de comer a medio día comenzó a formar parte de mí.

Además, en Francia comencé a:

  • siempre saludar en la entrada y desear un buen día;
  • usar constantemente bufandas, cuando salgo sin este accesorio del guardarropa comienzo a tener una profunda sensación de que olvidé algo importante;
  • escribir y hablar de manera diplomática (los franceses incluso pueden formular las cosas desagradables de una manera tan amable que les hará ser escuchados);
  • tomar vino, hablar sobre él y reconocer sus variedades;
  • ahorrar (durante mucho tiempo estuve enfadada con el carácter ahorrativo francés, pero después entendí que, con los impuestos locales y el costo de la vida, no hay otra salida);
  • comencé a transportarme en bici de manera regular, aunque aún no puedo andar con la elegancia de los franceses ni pedalear de tal manera que parezca que me he fusionado con la bicicleta;
  • entablar conversaciones ligeras y bromear (fue necesario salir constantemente a pasar el rato en compañía de amigos y el epicureísmo francés mejoró mi capacidad para hacer bromas y relacionarme hacia la vida con humor).

El agua del río Sena no se caracteriza por una peculiar limpieza

El eslogan de París es “Fluctuat nec mergitur” (“Batida por las olas, pero no hundida”) y apareció en el siglo XVI en el seno de las sociedades de comerciantes marinos. Actualmente, por el Sena navegan embarcaciones para turistas, pero, en el siglo XIX, por él navegaban hasta 67 mil barcos al año.

El Sena siempre se ha caracterizado por su inconsistencia. Su curso se efectuó únicamente en el siglo XIX con la construcción de los canales entre París y Rouen. El hermoso barrio de La Marisma es el mejor ejemplo de una de las victorias humanas, ya que “la marisma” significa “el pantano”.

En pocas palabras, este es un río sucio que fue oficialmente cerrado para nadar en 1923. Actualmente, el ayuntamiento de París ha planteado un ambicioso objetivo: hacia los Juegos Olímpicos de 2024, hacer su agua apta para competiciones en agua abierta. Sin embargo, los salmones y cisnes han regresado al Sena.

Los alumnos no tienen residencias estudiantiles y no otorgan título sin prácticas

En las universidades francesas y las escuelas de ingeniería, la educación está a cargo del Estado. Los estudiantes aportan únicamente 200-300 euros para inscribirse a los cursos. Las escuelas de negocios alcanzan un precio de 16 000 euros al año, pero después es fácil encontrar trabajo con un buen sueldo gracias a los programas oportunos y sus vínculos.

No existen residencias estudiantiles como tal. Hay complejos de viviendas de la universidad con departamentos de una habitación no tan caros, pero frecuentemente hay pocos lugares.

Los exámenes son escritos y ocurren durante todo el ciclo escolar. La educación dura de marzo a junio. Pero el estatus de estudiante se conserva por unos cuantos meses para que puedan realizar sus prácticas, esta es una condición obligatoria para obtener el título.

No todos se llenan con un desayuno francés

Los franceses, en general, no saben que el desayuno es una comida completa. Existe la sensación de que ellos se sientan detrás de la mesa y comen un poquito de pan de mantequilla y mermelada. Pero los fines de semana se puede “perder el control” con los cruasán de la confitería del vecindario.

El invierno en París es frío y húmedo

Un problema principal de París es la eterna humedad. Por eso de la temperatura de invierno se “reduce 5 grados”, ya que precisamente así se sentirá.

¿Abrigo de piel o gabardina? ¿Se puede llevar un par de capas debajo? ¿Qué te protege mejor contra el viento y cubre bien tu espalda? Precisamente usa eso y no olvides tus guantes de lana. Aprende que, en París, rara vez hay lugares para dejar los abrigos, por eso en muchos lugares simplemente te ofrecerán colocar tu abrigo en el respaldo de la silla o sobre tus rodillas.

En París, nunca se me congelaron las piernas. Tenis, brogues, lleva lo que sea cómodo para ti. Pero los elegantes guantes y bufandas parisinas son una dura necesidad.

Aquí te tutean rápidamente

Recuerdo que, cuando me mudé a Francia, me sorprendió la rapidez con la que las personas comienzan a tutear. Esto no es apropiado en el estilo de los elegantes esnobs que me había imaginado. Además, si comienzas a hablar de “usted” en compañía de personas francesas, te corregirán. Se considera que, al dirigirse a una persona de “usted”, fijas una distancia y, para el trabajo, esto es malo.

En muchos bistrós, los meseros inmediatamente comienzan a tutear a los comensales. Esto no es una señal de falta de cortesía, sino que los meseros piensan que tú eres parte de ellos. Incluso las generaciones mayores te piden tutear: “¿Anastasia, por qué me tratas de usted? ¿Acaso soy tan viejo?”.

Los trabajadores del Louvre se quejan de... las altas tasas de asistencia

A finales de mayo, el Louvre cerró debido a las huelgas. El sindicato comunicó que “el museo está sofocado y los trabajadores lamentan sin precedentes las malas condiciones laborales”. Los turistas abandonados por la Mona Lisa quedaron desalentados. Estas personas viajaron cientos de kilómetros para llegar a una puerta cerrada.

Paradoja: mientras los museos de todo el mundo luchan contra un aumento en el flujo de visitantes, los empleados huelguistas se quejan de la excesiva asistencia al Louvre. El año pasado fue visitado por 10 millones de personas.

Los panteones de París tienen sus reglas

En Burdeos, por ejemplo, está prohibido tomar fotografías. Y, para ser enterrado en París, se necesita estar suscrito aquí o estar en la ciudad y... morir. De otra manera, es imposible.

Dos metros cuadrados en el panteón de Père-Lachaise cuestan 6 000 euros (por 50 años) y cerca de 15 800 euros por toda la eternidad. La imaginación es ilimitada: hay un monumento improvisado, la tumba de un instagrammer y un “faraón egipcio”. Es importante que la familia del difunto vigile la tumba. Las tumbas abandonadas son demolidas, los huesos se llevan a una fosa común y el lugar es vendido nuevamente.

En Francia, ahora está de moda ser semivegetariano

En el país rápidamente comienza a recoger fuerzas el movimiento de semivegetarianismo. Sus peticiones, en consonancia con la filosofía francesa, hacen hincapié en el sentido común. ¿Para qué irse a los extremos y complicarse las cosas si se puede ser más controlado con tus hábitos de consumo?

Contrariamente a la dieta de los veganos y vegetarianos, el semivegetarianismo no rechaza los productos de origen animal, sino exhorta un consumo moderado y de alta calidad.

En qué se diferencia París de las provincias

En las provincias hay espacio y no hay muchas personas. Después de pasar tiempo en París, involuntariamente te pones a pensar: ¿En dónde está todo? A decir verdad, París es un hormiguero con la más elevada densidad de población de Europa. Así que no te sorprendas al sentarte “codo con codo” en los bistrós locales.

Las personas de provincia siempre están listas para darte su tiempo. En la farmacia te explicarán durante media hora cómo hay que tomar los medicamentos aunque en la receta esté escrito todo. Llegas a una cafetería y la abren para ti. En París, a diferencia de la provincia, todos van de un lado a otro y se ponen nerviosos. La frase favorita de los parisinos pronunciada con una entonación de esnob por una taza de café de 6 euros con vista a la catedral de Notre Dame: Et ça m’énerve (“Y esto me pone nervioso”).

Cómo trabajar con los franceses

En este país no es suficiente completar bien las instrucciones de tus superiores. Es necesario ser comunicativo con los colegas. De lo contrario, te afectará.

Con los franceses necesariamente se tiene que aplicar una “sincronización”. Nunca tienes que ir al grano directamente. Serás considerado mal educado y directo. Pregunta: Comment allez-vous? (“¿Cómo te va?”), bromea sobre cuestiones en el trabajo. Esto puede construir una sintonización con tu compañero.

Tendrás que acostumbrarte al hecho de que, desde la mañana, en el trabajo te estarán esperando los “tours de besos”. Todavía no has tomado una taza de café, pero desde ya tienes que besar a 50 personas. Sin besos, se enfadarán. Es mejor tomar media hora de tu día laboral para los besos y la vida será más divertida.

Señales de un verdadero parisino

Eres un parisino de corazón si:

  • nunca rechazas una taza de café en una terraza en un día soleado;
  • magistralmente haces una “cara de póquer” e ignoras a los mendigos y saltas a través de la basura;
  • entiendes que 15 metros cuadrados es mucho, pero con las viviendas de 7 metros tienes algunas dudas;
  • eres capaz de maniobrar virtuosamente entre la multitud y sabes 1 000 entonaciones de la palabra “pardon”;
  • no haces un peregrinaje a IKEA, sino al mercado de todo tipo de antigüedades: es tan sencillo como ir y comprar un sofá, por lo menos lo salvas de un montón de basura.

Y es verdad que...

— ¿Los parisinos son las personas más elegantes en el mundo?

— No. Por delante de la moda, cualquier parisino pondrá la practicidad. Tú mismo comprenderás esto al caminar cientos de kilómetros en los empedrados parisinos.

— ¿En París no quieren a los provincianos?

— No. Los parisinos nativos son pocos. ¿Sabes cómo se vacía la ciudad para la Navidad? Todos se van a pasar las fiestas con sus padres.

— ¿Los parisinos son unos esnobs arrogantes?

— No. Departamentos pequeños, altos precios y una aglomeración de personas son cosas que influyen. Los parisinos simplemente están estresados.

— ¿Los parisinos visitan las cafeterías todo el tiempo? ¿Alguna vez están en casa?

— Puede ser. Ellos con gusto invitarían a sus amigos pero... ¿alguna vez has estado en un departamento en París? Nueve metros cuadrados, dormitorio y regadera, cocina y cama. Sin duda, la mejor opción es ir a una cafetería.

Por qué los hombres franceses son atractivos para las mujeres extranjeras

Los franceses no escatiman en manifestar sus emociones. Es algo incomprensible para mis coetáneos rusos, pero un chico de 30 años (mi esposo, Sebastián), al columpiarme, me hizo reír tanto que terminé tirada en el suelo de la risa y siempre me preguntaba: “¿Te gustó?”.

Después de las palabras de los hombres rusos como “¡Buf!, qué cosas tan poco serias”, me tomó un poco por sorpresa cuando Sebastián me dijo que mis mejillas de hámster habían sido creadas simplemente para ser besadas. En general, un beso en las mejillas es igual de cotizado que uno en los labios.

En las cafeterías teatros, te “animan” con un humor escatológico

En las cafeterías teatros es popular el género humorístico “comedia en vivo” en los bulevares parisinos. Cada fin de semana, en sus diminutos escenarios, los comediantes entretienen al público con detalles graciosos de la vida. Pero a mí no me dio nada de risa cuando, a los 5 minutos del espectáculo, el artista pronunció una grosería por vigésima vez.

Por supuesto, yo sé que en Francia adoran el humor vulgar. Sin embargo, hay una línea entre la picardía y la obscenidad. La verdad es que la sala se rio a carcajadas, mientras que yo azoté la puerta del teatro y salí de la sala como un dragón enfurecido, diciendo maldiciones como “¡O, tiempos! ¡O, costumbres!”. Cuando en la mañana las emociones se han enfriado y el dragón se ha convertido en Nastya, pensé: “¿Tal vez soy una santurrona?”.

Qué hacen en medio del calor los verdaderos parisinos

Si la temperatura en la calle asciende a más de 35 ºC, las mujeres se niegan a usar maquillaje y tónico para la piel. No tiene sentido resistir cuando tu rostro se derrite en tu escote. Solo lápiz labial brillante y un rímel. Y las parisinas dicen “no” al sostén. Yo aún no estoy lista para hacer esto, pero se ve sensual.

Los tacones en medio del calor tampoco son favoritos. Las francesas optan por usar alpargatas, sandalias, chancletas y avarcas traídas desde el sur de España. Tales zapatos son fáciles de usar (el pie literalmente se desliza hacia adentro) y son muy cómodos.

En el metro, pasean por los rieles y, a veces, las mujeres dan a luz allí

El metro de París lidera con éxito el número de las más inesperadas excusas para no funcionar. Y la presencia de personas caminando por los rieles no le sorprende a nadie. ¿Qué, no te gustaría un paseo como ese? Así no te perderías, fácilmente saber a dónde ir, los túneles son cortos y siempre hay luz.

Algunas parisinas incluso logran dar a luz en el metro. Al mismo tiempo, al bebé le regalan viajes gratis en el metro hasta los 25 años. No es broma, precisamente una historia así sucedió en la sexta línea el 21 de noviembre de 2018.

Qué comprar en los supermercados franceses (aparte de queso)

Francia, merecidamente, se enorgullece de sus “salchichas” de producción local. Las más deliciosas están hechas de jabalí. Es importante recordar que no se hacen emparedados de “salchichas”, se comen con pan o simplemente así.

Los franceses son especialistas en paté, rillettes, mousse y todo lo que nosotros estamos acostumbrados a llamar con una sola palabra: “paté”. En muchos supermercados, en el departamento de carnicería venden decenas de tipos de patés a granel.

Para el postre, compra unas galletitas llamadas les petits sablés. En algunas regiones se ven en hermosas cajitas con dibujos de atractivos turísticos. Es un excelente recuerdo.

Cómo se curan aquí de gripe y resfriado

En Francia, ofrecen vacunarse gratuitamente contra la gripe, el resfriado no se considera una enfermedad, las personas van así a sus trabajos y estornudan sobre los demás.

¿Tienes gripe? Acuéstate en cama y cúrate con el mágico paracetamol y otra montaña de antibióticos inútiles contra el virus.

Las mujeres francesas son perfectas a cualquier edad

Me rehúso a creer que, después de los 45 años, me espere una dulce realidad como esta. Mira a esta francesa, no le quité ni una sola arruga porque ya es increíblemente hermosa. Su belleza está en una mirada abierta, una sonrisa sincera y una luz fantástica, la cual literalmente destella en su rostro.

Qué se necesita saber sobre la torre Eiffel

El 31 de marzo, la torre Eiffel cumplió 130 años. Su nombre original es “Torre de 300 metros” (precisamente esa era su altura después de su construcción; después, esta belleza creció 24 metros gracias a las antenas).

La torre ha cambiado de “vestimenta” varias veces. Al principio, su color era rojo, después amarillo, azul y finalmente gris pardo. Cada una de esas vestimentas le agrega un par de toneladas de peso.

La torre tiene un precio de 434 mil millones de euros. Así fue evaluada por la Cámara de Comercio Italiana.

¿La catedral de Nuestra Señora se ha perdido?

Se logró conservar las estructura principal del edificio. El incendio recorrió la fachada principal. Gracias al heroico trabajo de los bomberos (apagaron el fuego desde adentro) consiguieron conservar las torres de la catedral. La situación por dentro es mejor de lo esperado. El talento de los arquitectos medievales hizo un milagro: las bóvedas de piedra no dejaron que el fuego entrara. La catedral no se apagó con ayuda de helicópteros porque eso era peligroso. El agua habría metido el fuego al interior y todo hubiera sido mucho peor.

El órgano estaba intacto, pero sufrió fuertemente. La corona de espinas, la túnica de San Luis, parte del tesoro litúrgico que se encontraba en el gallo del techo, coronas de espinas, pedazos de reliquias de Santa Genoveva y Dionisio Areopagita se lograron conservar. Por desgracia, se perdió el techo y campanario agregado durante la restauración en el siglo XIX.

¿Moscú o París?

¿Y por qué no ambas ciudades? Frecuentemente me hacen esta pregunta, y siempre me desconcierto. Es como si preguntaran: ¿mamá o papá? Cada ciudad tiene lo suyo; es como comparar dos personas.

Me encantaría ser una persona del mundo. Tenemos un solo planeta. Y necesitamos aprender a vivir en él juntos.

En mi opinión, esto no significa traicionar tus raíces y tradiciones. Es la manera de aceptar las diferentes mentalidades, culturas, puntos de vista y comprender que se puede ser diferente. Por ahora, no está en nuestras manos romper las barreras de los países y las culturas. Pero podemos hacer esto en nuestros corazones y ser más abiertos.

Bono: qué sorprende a los franceses sobre Rusia

Mi esposo francés responde que no le gusta:

  • la frialdad de las personas en el ámbito de servicio (“¿Acaso no quieren vender nada?”);
  • la cantidad de gastos (“He aprendido a que me guste la frase ’salgamos a pasear’. Esto suena genial, pero no cuando sale de la boca de mi esposa”);
  • la ausencia de supermercados en el centro de Moscú (“¿Cómo viven las personas allí?”);
  • todos comen cuando quieren y por separado. Pero es tan genial unirse y comunicarse en la mesa de comida.

Vale la pena destacar que hay más puntos fuertes de su relación con mi patria. El romance de mi esposo con Rusia comenzó tiempo atrás, antes de conocernos. Él visitó Rusia y experimentó el invierno ruso por primera vez junto con un amigo.

Cito a Sebastián: “Lo más memorable de Rusia es su gran dimensión y arquitectura. En sus edificaciones no hay detalles o decoraciones de baja importancia, su tamaño y grandeza te conmocionan. Tratan de seguir todas las supersticiones, les sale muy bien dar el ’toque ruso’ a cualquier tradición. Adoro sus empanadas con col y conservas. Y me emociona por completo la melodía del idioma ruso. Quiero aprenderlo y entender qué chismea Anastasia sobre mí”.

Y tú, ¿te arriesgarías a mudarte a Francia (o cualquier otro país) y sentirte ciudadano del mundo?

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