11 Métodos de crianza que cavan un gran abismo entre padres e hijos

Crianza
hace 3 años

Los padres no siempre piensan en lo que les dicen a sus hijos. A veces pueden soltarse, cansados ​​después de un día de trabajo duro, y no darles importancia a los miedos. En la mayoría de los casos, todo esto se hace con fines disciplinarios y con las mejores intenciones. Pero, como sabemos, las buenas intenciones por sí solas no siempre son suficientes. Y, a veces, el celo y la falta de atención de los padres pueden arruinar la vida de un niño.

Genial.guru cree que la paternidad puede ser consciente y fundamentada, por eso queremos mostrarte una vez más lo importante que es escuchar a tus hijos.

Obligan a limpiar incluso cuando la habitación ya está bastante limpia

Sin duda, es necesario enseñarle a tu hijo a organizar su espacio. Pero no vale la pena convertirlo en un castigo. Todos, incluso los adultos, tratamos de evitar los castigos por instinto. Esto significa que tu hijo simplemente no limpiará, ya que para él esto se convertirá en algo negativo.

  • Al regresar a casa de algún lado, podía descubrir que todas las prendas de todos los cajones del armario se encontraban en el suelo. Y, por supuesto, mi mamá me estaba esperando con las manos “en la cadera” aduciendo que no debía tener tanto desorden, ya que “soy una niña” y las niñas no son desordenadas. Evidentemente, en la actualidad, entre ordenar y acostarme, definitivamente elijo acostarme.
  • Mi hermana, desde entonces, sigue odiando el Año Nuevo, ya que unos dos meses antes de la celebración, realizábamos una limpieza total en casa, sacábamos todo de los muebles y los lavábamos.
  • Un día, mi mamá se disgustó mucho porque no saqué la basura y ella tiró todo el contenido en el suelo de mi recámara. Al parecer, no fue suficiente, y encima de todo, tiró mi ropa del armario y mis libros. Todavía me horrorizo cuando veo una migaja, polvo o una gota de agua seca en algún lado.

Controlan cada signo de puntuación en su tarea

La educación es importante, pero investigaciones demuestran que, incluso en los alumnos de grados superiores, es contraproducente que pasen más de dos horas estudiando. Sus calificaciones no serán mejores por esto y sus conocimientos no aumentarán, pero definitivamente se cansarán, se volverán ansiosos e, incluso, pueden dejar de estudiar.

  • En la primaria, me daba miedo hacer la tarea cuando venía mi papá. Todo el tiempo me rompía las hojas y me obligaba a reescribirlo todo por cualquier error. Posteriormente, desarrollé un temor a escribir y me daba miedo escribir en cualquier parte excepto en el cuaderno. A los 14 años, incluso tuve miedo al firmar mi pasaporte.

Dividen las tareas en “de niños” y “de niñas”

“Mi mamá siempre protegía a mi hermano maleducado, incluso cuando se portaba muy mal. Lo soportaba, justificaba, pero llegó el momento de pensar en mí misma. Mi papá finalmente tomó custodia completa de mí y ahora me encuentro en un lugar rodeada de amor y apoyo”.

Hasta hace poco, el color rosa se consideraba masculino y el azul femenino, así que en un asunto tan importante como la educación, no vale la pena recurrir a controvertidas afirmaciones. Además, científicos mencionan con frecuencia que la división de algo, por ejemplo, de juguetes según el género, no trae ningún beneficio.

  • A la abuela de mi esposo le encanta su huerto. Hace poco tuvo un accidente y anda en muletas. Debido a eso, yo me convertí en la encargada del huerto. Si durante el plantado y el deshierbe los amigos de mi esposo vienen a ayudar, ella no los deja hacer nada; yo tengo que cargar, limpiar y sembrar todo. Ellos aún son muy jóvenes, dice la abuela. ¿Y qué hay de mí? “¡Tú eres mujer y debes saber y poder cuidar un huerto!”. Tengo 25 años y “los niños jóvenes” 27 o más.
  • Yo: “Quiero entrar a una escuela de manejo”.
    Mamá: “¿Acaso las niñas van a ese lugar?”.
    Yo: “Pues, sí”.
    Mamá: “Allí solo estudian los niños”.
    Yo: “¿Por qué? Sabes que las chicas también pueden conducir...”.
    Mamá: “Sí, pero eres una chica. ¿Para qué quieres hacer eso?”.
    Ah, sí, ¿para qué necesito moverme de un sitio a otro?, claro...

Les permiten más a los hijos menores que a los mayores

Por supuesto, los padres son seres vivos con sus propias emociones y sentimientos. No siempre logran querer a todos sus hijos de la misma manera, pero aun así, no vale la pena resaltar a los consentidos. Hasta ahora, los rencores y decepciones no le han traído ningún beneficio a nadie.

  • Mis tesoros eran mi álbum, lápices de colores, pinturas y también mi herramienta principal, mi varita mágica: un portaminas. Todo esto era mi adorado, pequeño mundo. Un día, llegué a casa y vi ESTO: ¡mi hermana pequeña estaba pintando de forma alegre con marcadores sobre las obras en mi álbum! ¡Por supuesto, no se podían corregir! Me puse histérica y llegaron mis padres. ¡Mi mamá me quitó la libreta y... se la dio a mi hermana! Me sentí traicionada... “¡Te compraremos una nueva!”. Yo... yo no necesitaba una nueva... necesitaba la mía, con su atmósfera y sus personajes, que en ese momento estaban siendo arruinados.
  • Esto sucedió cuando tenía 15 años. Pronto sería el cumpleaños de mi amiga y decidí hacerle una carta. Saqué un conjunto de cartulinas de doble cara que había comprado desde hacía mucho... las cuales estaban todas cortadas. En donde no estaban cortadas, estaban pintadas. Y lo más importante, las habían escondido en el mismo lugar. Solo Dios sabía en dónde estaban los diamantes de imitación, solo quedaba una cuarta parte. Ese día tuve mucho rencor... Simplemente me puse a llorar y ya.

Exigen un perfecto resultado de su hijo en todo y siempre

“Me estaba recuperando después de un trastorno alimentario y mi mamá les dijo a mi novio y a mi abuela que yo había subido de peso. Me esforcé mucho para no prestar atención a ese comentario”.

Un hijo siempre anhela alegrar a sus padres y hacer todo lo que le piden. Si algo no sale bien, entonces se echa la culpa a sí mismo. Como consecuencia, él pierde seguridad en sí mismo y comienza a pensar que no merece su amor, tanto el de sus padres como el de los demás.

  • Trabajé como monitora en un campamento infantil y realizamos un concurso. Mi equipo iba en primer lugar, pero al final, quedamos en segundo. Una de las niñas comenzó a llorar. Fue muy complicado tranquilizarla. Ella nos dijo que su mamá la regañaba muy fuerte, le decía groserías y la castigaba por cualquier resultado “imperfecto”: un 9 en lugar de un 10, un segundo lugar en cualquier concurso, aunque fuera de manualidades o de juegos en equipo de educación física.
  • Mi primer ataque de pánico ocurrió a los 6 u 8 años por “una frase”. Me gustaba leer libros, pero no me gustaba llevar el diario del lector, en donde tenía que contar toda la trama y expresar mi opinión. Después de leer Robinson Crusoe, simplemente escribí: “No me gustó”. Mi mamá se enojó mucho, me grito muy fuerte y me dijo que reescribiera mi opinión, rompiendo el cuaderno anterior. Escuché un sonido como si estuviera bajo el agua. Me salió sangre de la nariz y me desmayé. Incluso de eso, la culpa fue mía.

Olvidan que los niños reaccionan a su manera a los problemas de los adultos

Una persona madura ya se ha formado tanto física como mentalmente. Ellos superan los traumas emocionales con mayor facilidad. Pero la mente infantil apenas se está formando y, a veces, incluso una pequeña molestia, por ejemplo, una pelea entre los padres, puede ser suficiente para que comience una tormenta. Los niños no entienden qué está pasando y por eso se sienten culpables de todo.

  • A los 6 años, tenía pesadillas. En ellas soñaba que mi mamá se convertía en una bruja, casi como un monstruo lleno de llagas. Al enterarse de mis sueños, mi mamá me contó que se trataba de una mujer con la cual acudían ella y mi papá. Mi yo racional me decía que todo era por los conflictos entre mis padres, los cuales eran frecuentes en aquel entonces.
  • Durante tres años, mi abuela me dijo: “Da a luz mientras aún estás joven, ¿qué diferencia hay si tienes un marido o no? Ahora no tienes problemas para conocer a alguien. Si no te puedes encargar de él, me lo das y yo lo crío mientras tú estás trabajando. ¡Después será demasiado tarde!”. Ella realmente no veía lo descabellado en esto.

Creen conocer las necesidades de sus hijos mejor que ellos

“Mi mamá me hizo ver que realmente estaba deprimida... Pero en los últimos 6 meses, dejé una relación tóxica, regresé a la escuela y aprendí a decir no”.

Siempre existe la tentación de insinuarle a un hijo cuál es la mejor decisión. Un adulto tiene más experiencia y realmente tiene razón en muchas situaciones. Pero, al dejarse llevar, se puede privar la autosuficiencia de un niño y, con ello, el derecho a tomar sus propias decisiones. Con el paso del tiempo, se puede ver como una ausencia de autonomía.

  • Desde la infancia, me daba asco comer trigo sarraceno y chícharos. Mejor dicho, comenzaba a darme comezón en la cabeza y me dolía la garganta. Siempre me quejaba, pero mi papá y mi abuela eran muy insistentes. “¡Estás fingiendo!”, “Simplemente cómelo con leche”. Una vez, el dolor fue tan grande que incluso me costó trabajo respirar. Estuve a punto de desmayarme. Después de eso, pedí una consulta con un alergólogo y me llevé una sorpresa. Soy alérgico al trigo sarraceno, leche, chícharos, helado, nueces, entre otros. La lista simplemente es enorme.
  • Mi mamá no recibió formación profesional y por eso quería que yo la tuviera. Según ella, me trataba de proteger de las malas compañías. Mis compañeros de clase se burlaban de mí y mis maestros los dejaban. No podía comunicarme con las personas que me interesaban. Viví así durante 25 años hasta que me mudé. Todavía tengo problemas de comunicación y no puedo tener una relación, pero mi mamá exige nietos.

Usan historias de terror como método de crianza

En el mundo hay muchas razones para preocuparse, así que no vale la pena agregar una más. Los padres siempre son un sostén para sus hijos, una isla de tranquilidad, son las primeras personas en quienes pueden confiar y que definitivamente los protegerán. Al asustar a nuestros hijos, nosotros mismos destruimos esta importante conexión.

  • Un día, mi esposo y yo llevamos a los hijos de nuestros familiares a un centro comercial. En ese momento, descubrí muchos “trucos” de crianza. La más pequeña comenzó a temblar cuando pasamos cerca del brincolín: “Mi papá y mi madrastra dicen que las personas que brincan ahí son llevadas por una enorme araña que vive debajo de él”. Le propuse ir al cine y me dijo: “No, allí vive un payaso aterrador que frecuentemente entra al cine, se lleva a los niños y se los come”. Cuando los niños entraron a la escuela, les diagnosticaron un retraso del desarrollo psíquico y los mandaron a hacerse estudios a un hospital psiquiátrico.
  • En la infancia, mi mamá me asustaba si no lavaba mis manos antes de comer. Ella me decía que tendría muchos gusanos en el estómago, no tendría apetito y no podría comer nada. Pero, por supuesto, no creo que esa sea una razón subconsciente por la que actualmente me lavo las manos 40 veces al día.

Olvidan que su hijo necesita tener su propio espacio

“¿Todavía hay chicos cuyos padres ponen una cámara en su recámara? Aquí está la mía...”.

Los psicólogos están de acuerdo en que el espacio personal, tanto para un adulto como para un niño, es algo necesario. Un pequeño que es privado de su propio mundo y de los demás puede estar más expuesto a depresión, falta de seguridad y de confianza, lo cual puede llevar a graves problemas de comunicación en el futuro.

  • “Aquí nada es tuyo”, es una frase de los padres que hará que un niño sienta que la casa es un lugar ajeno e inseguro.
  • A mi mamá le gustaba leer mi diario a escondidas. Yo intentaba llevar un diario porque, cuando le conté a mi mamá que me gustaba un niño en primer grado de primaria, ella le contó todo a mis abuelas y se rieron de mí. Por eso siempre trataba de guardármelo todo.
  • Cuando vivía con mi mamá, ella siempre movía mi ropa, leía mis diarios, revisaba mis bolsos y veía qué hacía en el cuarto de baño (¡en plena adolescencia!). Ahora tengo 27 años, estoy casada y tengo un hijo, desde los 21 años vivo separada de ella. Pero incluso ahora, cuando viene a visitar a su nieto, ella se mete a mi armario para mover algo y después me da el siguiente consejo: “¡Guarda mejor tu ropa interior!”.

Protegen demasiado a sus hijos, olvidando que ellos tienen que cometer sus propios errores

En ocasiones, cuando los padres ven las dificultades a las cuales se enfrenta su hijo, les cuesta trabajo mantenerse alejados y no ayudar. Pero se debe mantener un equilibrio entre el cuidado y el deseo de tomar todo el control de su vida.

  • Un día, fui a casa de mi amiga, su hijo tenía 4 años. Ella colocó la carne en el horno y lo rodeó con sillas para que su pequeño no se quemara. Le pregunté por qué no le explicaba a su hijo que no se acercara ni corriera por la cocina. Tengo que decir que su hijo es muy inteligente y bastante activo, pero ella cree que todavía es muy pequeño y no entiende nada.
  • Hace unos días, una mujer me dijo que estaba cansada y le dolía la espalda porque había limpiado su patio cubierto de nieve. Su esposo estaba trabajando, pero tiene dos hijos de 15 y 16 años. Cuando le pregunté por qué sus hijos no le habían ayudado, ella me respondió: “¡No entiendes! ¡Aún son pequeños!”.
  • Nuestros vecinos tienen una hija única, debido a esto, ella cayó bajo la sobreprotección de sus padres y, a sus 24 años, aún va a comprarse ropa con su mamá, nunca ha ido a ninguna fiesta con sus amigos y, en general, vive como en una celda, pero por lo menos está sana y salva.

Compran cosas para cuando “estén más grandes”, ignorando los sentimientos de los niños y sus gustos

La ropa es importante porque refleja la cultura, personalidad y preferencias de una persona. Además, influye en nuestro estado de ánimo. Pero ¿qué será de ti si durante toda tu vida tienes que usar algo comparable a un saco de papas?

  • Terminé la primaria. Mi mamá, mi abuela y yo fuimos a una tienda por un vestido para mi salida de fin de curso. Me probé y elegí el vestido de mis sueños. Simplemente me quedaba perfecto. Sin embargo, mi mamá dijo que era muy costoso comprar un vestido para una sola noche, pero valía la pena comprarlo en una talla más grande para que durara más. Me lo probé, y la parte del escote se me resbalaba e incluso se podía ver mi sujetador, pero mi mamá dijo: “¡Está bien, lo podemos coser!”, “¡Lo levantamos y quedará perfecto!”. Yo me puse a llorar, pero gracias a Dios, mi abuela me compró el vestido de mi talla. El día del fin de curso, mi mamá ni siquiera asistió.
  • Recuerdo que, una vez, me compraron unos pantalones deportivos para educación física. Eran tan grandes que me veía como un payaso del siglo pasado, literalmente me llegaban al pecho. Fui la “estrella” de la clase. Tal vez mi mamá pensaba que crecería como un ogro de tres metros. Han pasado 20 años, hace poco encontré los pantalones y me los probé, pero me quedaban igual.

¿Cómo fue tu infancia? ¿Podrías decir que tus padres hicieron todo correctamente?

Comentarios

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Mi mamá se enojaba por no limpiar los restos de goma cuando borraba y volvia a escribir, ahora cada vez que borro paso la mano al menos 3 veces. No es tan grave pero igual me pongo nerviosa si no lo hago...

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Actualmente nadie debería hacer diferencias entre tareas de niños y de niñas

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