Trabajo es trabajo, así que tendrás que aguantar
Me rehúso a instalar el correo laboral en mi teléfono personal

La trampa de la modernidad es que nos hace creer que estar conectados con todos, todo el tiempo, es algo bueno. Sin dudas tiene sus ventajas: poder saber dónde están nuestros hijos tan solo intercambiando un mensaje es un avance en relación a décadas pasadas. El problema empieza cuando alguien cree que la posibilidad de estar conectado se convierte en la obligación de estar conectado. Así le ocurrió a este lector de Genial que compartió su historia con nosotros.
Después de un tiempo sin trabajar, conseguí un empleo en una oficina y estaba re contento. Por ese motivo, cuando mi jefe me dijo que debía instalar el correo y la app de mensajería laborales en mi teléfono personal, no me pareció algo grave: estamos en el 2026, las cosas funcionan así; hay una app para todo, un código QR para todo, estamos hiperconectados. No me encanta, pero es así. Son las reglas de la época.
El primer malestar -chiquito, casi imperceptible- lo sentí cuando mi jefe me dijo, una tarde, cuando ya me estaba yendo: “te mandé un mail, si podés revisalo desde casa, así adelantamos”.
Yo pensé: “no hay nada que adelantar y es mi horario de descanso, con mi familia”, pero sin embargo llegué a casa y revisé el mail. Spoiler: podía esperar al día siguiente, en mi horario laboral.
Unos días después, me suena el teléfono a las diez y media de la noche. Era mi jefe, un mensaje. Me decía: “te mandé un informe, no hace falta que respondas ahora pero miralo cuando tengas un minuto”. Me quedé como tildado leyendo el mensaje. Mi esposa me miró y me dijo: “esto solo puede empeorar, lo sabés, ¿no?”. No le contesté nada.
Al día siguiente, cuando llegué al trabajo, me acerqué a la oficina de mi jefe y le pregunté si podíamos hablar un minuto. Me dijo que sí, con cara de asombro (como si nunca un empleado le hubiera pedido hablar, como si esas cosas solo funcionaran al revés). De la mejor manera que pude le pregunté si era posible limitar los correos y mensajes laborales a mi horario y lugar de trabajo. Me miró fijo y me dijo: “bueno, la verdad es que me decepciona un poco tu planteo; yo pensé que tenías puesta la camiseta de la empresa”. Yo no lo podía creer. Si “tener puesta la camiseta de la empresa” significa que debo revisar trabajos a las diez y media de la noche, entonces no, no la tengo puesta.

Qué chantaje ni qué chantaje , es lo que hay
No voy a negar que tuve miedo de que me despidiera, pero le dije: “en mis horas de trabajo voy a dar lo mejor de mí, pero voy a desinstalar el correo laboral y la app de mensajería de mi teléfono”. Él asintió, con expresión seria. Esto fue antes de ayer; de momento sigo en mi puesto, pero estoy nervioso permanentemente, y pienso que sentirme así no es justo: hago mi trabajo, cumplo, aporto ideas, me comprometo: tengo derecho a no trabajar estresado y con miedo.
¿Cuál es tu opinión sobre esto que le pasó a este lector? ¿Cómo reaccionarías en su lugar?
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Si te gustó este artículo tal vez te guste Me niego a cuidar a mi hijastro solo porque hago home office y mi suegra cree que no trabajo.
Comentarios
Con esto de la hiperconexión ahora los jefes creen que son los dueños de la vida del empleado, qué caraduras
Ay no que horror, horas de trabajo son horas de trabajo.. Luego hay jefes que no entienden eso..
No pensáis que hay que ser más responsable??
Creo que hizo lo correcto y que los jefes deberían de respetarlo
Quita todo lo del trabajo del teléfono y si les gusta genial y sino mal por ellos. Quizá no te convenga seguir ahí
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