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10 Costumbres de crianza que había hace unos años y que no sería mala idea traer de vuelta

Así como todo cambia y se transforma, la manera en la que se educa a los niños también ha evolucionado. La atención que ahora se le presta a la seguridad y a la salud, por ejemplo, ha modificado los estilos y las perspectivas de crianza. Sin embargo, que las cosas sean diferentes de como eran hace 30 años no significa que no podamos aprender del pasado y de la forma en que nuestros padres o abuelos nos educaron.

Es por eso que en Genial.guru compartimos contigo 10 cambios que se produjeron en la crianza a través de los años, y por qué algunas prácticas deberían rescatarse y traerse de vuelta.

1. La pareja como núcleo de la familia

Aunque suene un poco raro, hoy en día los padres tienden a poner a los hijos como su prioridad y el centro de su existencia, pero ¿qué ocurre con ellos y con su matrimonio? Anteriormente se ponía como prioridad a la pareja, ya que se trata de una familia. Si la pareja se mantenía estable, era altamente probable que la familia funcionara.

Aunque tampoco se trata de quitarles toda la atención a los hijos, sería bueno que los niños entendieran que no todo gira en torno a ellos. En un grupo familiar, todos los miembros son igualmente importantes. Por tanto, también debemos cuidar de nosotros y de nuestra relación tanto como de los hijos. Es decir, de la familia.

2. Jugar al aire libre

¿Cuántos de ustedes recuerdan su niñez jugando en las calles de su barrio? Muchos de los juegos que se practicaban antes requerían estar fuera de casa y usar la imaginación. Desde saltar la cuerda hasta un juego de pelota, los mejores recuerdos ocurrían en la calle, jugando con otros niños. En cambio hoy, la mayoría de los chicos pasan su tiempo detrás de una pantalla, ya sea un televisor o una tableta, pero aquellos juegos han quedado atrás.

Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades recomiendan que los niños realicen al menos una hora de actividad física diaria. Quizá sea bueno volver al aire libre. Según Paulina Sarmiento, socióloga en Salud Mental Infantil de la Universidad de las Américas, esto permitiría “crecer de manera más libre y autónoma, así como desarrollar confianza en su entorno, lo que hará a los niños sentirse más seguros”.

3. Confianza ante todo

Muchos de nosotros crecimos con la confianza de nuestros padres mientras jugábamos lejos de casa hasta la noche. Sin dudas, esto nos ayudó a creer en nosotros mismos, a crecer y a madurar. Tal vez no podamos, como antes, permitirles a nuestros hijos que jueguen hasta tarde, pero podemos hacerles saber que los cuidamos y que confiamos en ellos.

4. Vivir sin presiones escolares

Las escuelas también han cambiado en estos años. Aunque la intención es buena, muchas escuelas han modificado su enfoque con el fin de preparar a los niños para la vida laboral que enfrentarán más adelante, por lo que se ha convertido a la educación en una competencia, y en una carrera de obstáculos. Contrario a como era antes, cuando se priorizaban la creatividad y las habilidades sociales.

Muchas veces estas exigencias académicas son la fuente de lo que después serán cuadros de ansiedad y estrés para nuestros hijos. Quizá podamos ayudarlos a aligerar el peso de esas exigencias, y permitirles desarrollar esas habilidades que hoy ya casi no se practican. Aunque tengan una vida laboral por delante, sería bueno que disfruten su niñez tanto como puedan, y nosotros podemos ayudarlos en esa tarea.

5. La importancia de los modales

La formación cívica y ética también ha sufrido modificaciones en los últimos años. Son cada vez menos los chicos que saludan, se disculpan o agradecen. Por supuesto, no es responsabilidad únicamente de la escuela. Se trata de preguntarnos cómo estamos educando y qué les estamos enseñando a nuestros hijos. En el mundo en que vivimos, se agradece encontrarse a personas que son amables, gentiles y consideradas. Ayudemos a nuestros hijos a ser personas así.

6. Comer en familia

Una bonita costumbre que teníamos antes era la de comer en familia, no solo en fechas especiales como la Navidad o los cumpleaños, sino cada día. Comer con la familia nos permitía tener un momento de sana convivencia, de escuchar a nuestros padres, hermanos y abuelos. Pero hoy, eso está en peligro de desaparecer por las ocupaciones cotidianas como el trabajo, o las actividades extracurriculares que nos hacen andar aprisa.

Habitualmente, los niños que comen en familia corren menos riesgo de desarrollar cuadros de ansiedad o depresión. Por el contrario, tienden a tener mejores notas y una mejor salud mental que quienes no lo hacen. Convivir en familia es de vital importancia.

7. La participación de todos en el hogar

¿Cuántos de nosotros no recordamos pasar los fines de semana haciendo limpieza con nuestros padres? Algunos cortábamos el pasto, otros lavaban los baños, otros más preparaban la comida y lavaban los trastos, u otros arreglaban algún mueble o el jardín. El quehacer y las reparaciones eran una tarea de toda la familia.

Hoy en día se les exigen a los niños únicamente las tareas más básicas, como mantener su cuarto ordenado. Pero involucrarlos en las tareas del hogar les permite desarrollar habilidades que no creerían que tienen. Además, los hacemos partícipes de una vida comunitaria: la de la familia. A la larga, esto trae enormes beneficios para su vida adulta.

8. El respeto frente a otras familias

Es probable que nos cueste atrevernos a llamarle la atención a un niño que no es el nuestro; tal vez se trate del hijo de un amigo o de un familiar, y no queremos parecer irrespetuosos. Sin embargo, nuestros padres o abuelos no permitían los malos tratos o las faltas de respeto, incluso aunque no se tratara de sus propios hijos. Es importante tener en cuenta que el respeto ante cualquier persona o familia es fundamental, más allá de quiénes sean los padres de los niños. Así como les exigimos a nuestros hijos el buen trato hacia los demás, podemos esperar que nos respeten de la misma manera.

9. Fiestas de cumpleaños caseras

Antes no se necesitaba mucho para divertirse y ser felices. Probablemente, nuestras fiestas de cumpleaños eran pequeñas, solo con las personas que queríamos ver: nuestros amigos y familiares. Hoy en día las cosas han cambiado, y se han vuelto costumbre las mesas de regalos o de dulces, con fuentes de chocolate, o trampolines e inflables. Por supuesto, no es que esto esté mal, pero lo que aprendimos de nuestros padres es que no se necesita mucho dinero para pasarla increíble. Jugar con nuestros amigos, convivir con nuestra familia, eso es invaluable, y nuestros padres y abuelos lo hacían con muy pocos recursos.

10. Una vida sencilla para nuestros hijos

Lo mejor de nuestra infancia era lo simple que era: nos bastaba estar sanos, compartir la vida con las personas que amábamos y utilizar nuestra imaginación para ser felices. No necesitábamos juguetes costosos, o los aparatos electrónicos más modernos y sofisticados.

No era necesario ser los mejores en todo. Convivíamos en vez de competir. Eso nos permitía disfrutar de la vida. Incluso sabíamos aburrirnos, y cuando lo hacíamos nos veíamos forzados a usar nuestra imaginación. Está claro que nuestros hijos nos llevan la delantera en muchos aspectos, han desarrollado habilidades que nosotros no, y sin duda están más informados que nosotros en ciertas cosas, pero eso no significa que no puedan aprender del pasado. Quizá valga más, para ser feliz, una vida sencilla.

¿De qué otras cosas crees que antes gozaban nuestros abuelos o nuestros padres, y nosotros ya no?

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