Qué es la “rumia” y por qué debemos detener este hábito por el bien de nuestra salud

Es una noche como cualquier otra. Nos preparamos para dormir y cerramos nuestros ojos. Sin embargo, empezamos a recordar todos los problemas del día. O, incluso peor, los que nos ocurrieron tiempo atrás. Como resultado, perdemos el sueño y nos estresamos. A esta tendencia se le llama “rumiar”, y es común en muchas personas.

Genial.guru entiende cuán difícil puede ser dejar ir los pensamientos negativos. Por eso te trae consejos para que puedas vencer el mal hábito de rumiar.

Qué es la rumia y por qué nos obsesionamos

La palabra rumiar significa masticar por segunda vez un alimento que fue previamente semidigerido. Este hábito es común en animales como vacas, ovejas o cabras, entre otros. De la misma manera, las personas pueden “rumiar” temas una y otra vez.

Según la Asociación Estadounidense de Psicología, una persona cae en esta tendencia por diferentes razones. Por ejemplo, porque cree que obtendrá una mejor perspectiva de sus problemas o porque enfrenta situaciones estresantes. También es habitual en aquellos que poseen ciertos rasgos de personalidad, como el perfeccionismo, ansiedad o un enfoque excesivo en las relaciones con los demás.

La rumia se compone de dos variables opuestas:

  • Reflexión: Esta parte nos hace reflexionar en un problema y puede sernos útil para encontrar una solución. Además, la reflexión sobre ciertos eventos puede ayudarnos a procesar las emociones y a superarlas.
  • Meditación: Esta segunda variable se asocia mayormente con un comportamiento más pesimista, menos dispuesto a resolver las dificultades.

Esta tendencia a obsesionarse con las dificultades y tratar de resolverlas en la mente es común. Puede que se inicie tras una experiencia estresante que nos sucedió en el día, algo que alguien dijo, una situación que desearíamos cambiar o un problema que se repite una y otra vez en nuestra mente. Cuando estos pensamientos se hacen más negativos y tristes, se convierten en rumiar.

Qué efectos negativos trae esta tendencia

Aunque el acto de rumiar facilite la digestión de las vacas, no es muy beneficioso para la salud mental de las personas, según la psicóloga Susan Nolen-Hoeksema. Si constantemente repetimos algo en la mente y meditamos en lo que deberíamos haber dicho o hecho, probablemente experimentemos algunos de los efectos negativos de la rumia.

  • Depresión: La rumia se asocia comúnmente con la depresión. Las investigaciones muestran que las personas que caen en estos pensamientos negativos y obsesivos tienen más probabilidades de desarrollar depresión, en comparación con las que no lo hacen.
  • Agresión: Esta tendencia tiene impacto en nuestros sentimientos y también en nuestra actitud con los demás. De acuerdo con una investigación, meditar en sucesos dolorosos de manera obsesiva puede empujarnos hacia comportamientos agresivos y negativos hacia las otras personas.
  • Estrés: Detenernos demasiado en cosas negativas puede elevar los niveles de cortisol. Esta hormona, a menudo conocida como “hormona del estrés”, juega un papel clave en la respuesta del cuerpo frente a la tensión.
  • Deterioro de la salud física: Meditar demasiado no solo afecta a la salud mental, puesto que existe una relación entre el pensamiento rumiante y el deterioro de la salud física. Por ejemplo, rumiar puede intensificar la percepción de los síntomas fisiológicos y contribuir al dolor físico.
  • Atracones: Se trata de comer en exceso o abusar de la bebida. Algunos encuentran en esto una forma de ahogar los pensamientos obsesivos. Como resultado, se generan más sentimientos negativos y se entra en un ciclo perjudicial para nosotros.

Cómo podemos dejar de hacerlo

Puede ser difícil salir adelante cuando nos atascamos en un ciclo de pensamientos rumiantes, pero hay buenas noticias: este puede romperse. Hay diferentes consejos que pueden ayudarnos a detenerlo para evitar que se vuelva más intenso.

  • Planificar y actuar: En vez de pensar una y otra vez en lo mismo, usémoslo como punto de partida y hagamos un plan para enmendarlo. Describamos los pasos que debemos seguir para detener la rumia. Una vez que hayamos creado un plan, podremos usarlo siempre que lo necesitemos.
  • Distraerse: Cada vez que empecemos a rumiar, encontrar rápidamente una distracción puede ser útil para desarraigarnos de los pensamientos negativos. Puede tratarse de cualquier cosa, como hacer las tareas del hogar, leer un libro o caminar por el vecindario.
  • Escribir para aliviar nuestra mente: Cuando las memorias nos perturben, escribirlas en papel puede ayudarnos a entenderlas mejor y a verlas desde otra perspectiva. Si escribimos esos recuerdos y pensamientos, dejaremos de meditarlos. No olvidemos agregar algo positivo al final para terminar nuestra sesión de escritura con buenos sentimientos.
  • Participar en actividades positivas: Para llenar nuestra mente con buenos pensamientos, busquemos hacer cosas que fomenten esto. Puede ser un pasatiempo que nos guste o algo que compartamos con otra persona. Lo importante es dejar que las meditaciones negativas se apaguen y no se apoderen de nosotros.
  • Trabajar en nuestra autoestima: El tener una baja autoestima está asociado con la depresión, y esto, a su vez, nos lleva a rumiar más. Mejorar nuestra autoestima trae muchos beneficios y puede lograrse de diferentes maneras. Podemos empezar dando pequeños pasos, anotando nuestras fortalezas. A medida que nuestra autoestima mejore, será más fácil controlar la rumia.
  • Meditar: La meditación es buena para nosotros en diferentes aspectos; entre ellos, nos ayuda a reducir nuestros niveles de estrés. Cuando nos encontremos en un torbellino de sensaciones pesimistas, busquemos un espacio tranquilo, sentémonos y respiremos. Es la mejor opción para llegar a un estado de calma emocional.
  • Practicar la atención plena: También conocida como mindfulness, significa prestar atención a lo que nos rodea y concentrarnos en el presente sin juzgar. A veces no podemos hacer mucho respecto a las cosas negativas que nos suceden, por lo cual no tiene mucho sentido tensionarse. Aprender a aceptarlo y percatarnos de lo bueno es clave para controlar la rumia.
  • Hablar con un amigo: Reprimir nuestros sentimientos nos estresa y nos hace más susceptibles. Podemos hacernos creer que estamos solos, pero esto no es así. Buscar un amigo de confianza con quien compartir nuestras inseguridades no solo nos hace sentir acompañados, también nos da una diferente opinión de nuestra situación.

    Aunque al principio nos sintamos en un callejón sin salida, dejar de rumiar no es imposible. No hay que desanimarse ante las dificultades, y debemos tener en mente las cosas positivas en nuestras vidas. Poco a poco, el hábito irá desvaneciéndose y nos daremos cuenta de que todo el esfuerzo valió la pena.

¿Sueles rumiar? ¿Tienes alguna estrategia que te ayuda a detener el ciclo negativo de pensar las cosas una y otra vez?

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