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Por qué no deberíamos facilitarles todo a nuestros hijos y las consecuencias de hacerlo

En ocasiones puede parecer que darles a los niños lo que quieren, como lo quieren y cuando lo quieren es lo más sencillo; sin embargo, es todo lo contrario. Aunque momentáneamente el niño se sienta satisfecho y pueda parecer que el problema ha sido resuelto, a la larga este comportamiento continuado traerá una serie de consecuencias, que pueden llegar a afectarlo seriamente en su vida adulta.

Genial.guru te cuenta por qué no se les debe facilitar de forma sistemática todo a los hijos, así como los motivos por los cuales los padres suelen adoptar esta costumbre y las consecuencias que acarrea para los niños.

De dónde proviene la necesidad de darles a los hijos todo cuanto piden

Por lo general, los padres que tienden a darles a sus hijos todo aquello que quieren y se les antoja lo hacen por motivos relacionados con el sentimiento de culpa y por la falta de tiempo suficiente para dedicarles.

Cuando los padres tienen la sensación o el sentimiento de que no lo están haciendo bien, de que no están siendo tan buenos padres como deberían o de que no están cumpliendo con su labor parental, surge la culpa. La culpa puede convertirse en un peligroso compañero que nos orienta hacia el lado equivocado de las cosas, hacia la opción errónea, en lugar de mostrarnos la solución real. La culpa llega para aplicar una especie de parche momentáneo, transitorio y, realmente, insuficiente.

Los motivos de la culpa pueden ser muy diversos, pero uno de los más habituales es la ausencia de tiempo. La certeza de que como padres están perdiéndose valiosos momentos junto a sus hijos, que no se está compartiendo lo suficiente o que a causa de la falta de tiempo no existe una conexión paterno-filial. Sin embargo, de este modo no se conseguirá enmendar o resarcir a los niños, no se les estará haciendo un bien, sino que por el contrario, se los estará perjudicando seriamente en el presente y a futuro.

Las consecuencias de facilitarles todo a nuestros hijos

Las consecuencias que puede acarrear el facilitarles y darles todo hecho a los hijos son diversas, importantes y se podrán ver tanto a corto como a largo plazo.

1. Frustración y baja tolerancia ante ella

Cuando un niño recibe todo cuanto quiere con tan solo pedirlo u obtiene lo que desea sin ningún esfuerzo, se le concede todo y por tanto, el pequeño desconoce el sabor de la palabra “no”. Cuando a un niño se le dice “no”, puede frustrarse por no obtener lo que quiere, pero comprende que no se puede tener todo en cada momento, que en ocasiones le darán una negativa, y de ese modo comenzará a aprender a lidiar con la frustración, a manejarla y a controlarla.

Si desconoce lo que significa la frustración o lo que es obtener un “no” por respuesta, en un futuro, cuando crezca y se enfrente solo a la vida adulta, se encontrará con que en ocasiones habrá puertas que se cierren, gente que no estará dispuesta a ayudarlo o a darle lo que él quiere; en esos casos, la frustración se multiplicará.

2. No conocen el valor del trabajo y el esfuerzo

Si en todo momento, en cada situación y a cada caso, el pequeño recibe aquello que quiere sin ningún tipo de dificultad, no le estarán enseñando la importancia del esfuerzo y el trabajo para lograr aquello que desea. El niño aprende que solo con abrir la boca y decir “quiero”, lo obtendrá, interiorizará esta enseñanza y pensará que siempre va a ser de ese modo. En cambio, sabemos que no es así, que cuando sea grande las cosas no serán tan sencillas.

3. Puede aparecer la ansiedad

Estos pequeños tampoco están aprendiendo el valor fundamental de la paciencia y de la espera, lo quieren todo y lo quieren ya, sin demora. Por eso, cuando las cosas no salen como desean, cuando no obtienen lo que piden en ese mismo instante, puede aparecer la ansiedad (con todo lo que conlleva) ocasionada por la impaciencia, seguida de episodios de llanto y un gran berrinche.

4. La depresión puede hacer acto de presencia

Cuando ese niño vaya creciendo, su nivel de exigencia será cada vez mayor y resultará cada vez más difícil complacer sus peticiones y demandas. Si esto ocurre y el niño no ve satisfechos sus deseos, experimentará algo desconocido para él hasta ese momento: la frustración. La desesperación y el desconcierto que puede provocarle ese (para él) inesperado e incomprensible momento pueden derivar en comportamientos agresivos por su parte y, finalmente, lo pueden transformar en un joven insatisfecho y deprimido.

5. Desarrollo de una personalidad intolerante

Los niños conocen la frustración y el significado de las primeras negativas a temprana edad, pero cuando esto no sucede a causa de la satisfacción sistemática de sus peticiones, se tornan intolerantes. Cuando por norma general piden y obtienen, si sucede lo contrario, no podrán manejar su frustración (ya que no la conocen) y no tolerarán la negativa. Son inflexibles.

6. Constantes berrinches y pataletas

Acostumbrado a tener todo, nunca será suficiente, siempre querrá más porque sabe que lo puede obtener. Una vez arraigada esta costumbre, los berrinches serán continuos tanto para conseguir lo que quiere como para pedirlo, o por inconformidad. Según vaya creciendo y se vaya topando con respuestas que nada tienen que ver con las que solía obtener en casa, las rabietas serán cada vez más y más grandes.

7. Dependencia

A causa de tener padres complacientes y proveedores de todas las facilidades posibles, el niño no habrá logrado desarrollar su independencia y, por tanto, no será capaz de valerse por sí mismo para una multitud de cosas: será dependiente de sus padres. El pequeño no ha aprendido a esforzarse para conseguir lo que quiere o necesita y tampoco sabe cómo hacerlo, por lo que no es autosuficiente.

Como hemos podido ver, las consecuencias de facilitarle y proporcionarle todo al niño derivan en un individuo que no conoce ni sabe manejar la frustración, que ignora lo que es el esfuerzo para lograr un objetivo, con tendencias a la ansiedad y la depresión, con una personalidad intolerante y dependiente. Si el objetivo de los padres es resarcir al pequeño por su ausencia o acallar el sentimiento de culpa, el resultado es totalmente opuesto.

Por todo ello, es importante e imprescindible aprender a decirles “no” a tiempo a nuestros hijos a pesar de la rabieta que esto podría ocasionar. Al final de cuentas, estos pequeños serán los adultos del mañana y es ahora cuando se está forjando su personalidad.

¿En qué momento te has sentido culpable con respecto a la crianza de tus hijos? ¿Cómo has actuado?

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