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10 Extraños sitios del mundo que superan cualquier película de ciencia ficción

El planeta es grande y está lleno de lugares encantadores, secretos y misteriosos. Algunos de ellos se hacen famosos precisamente por estos encantos, son día a día visitados por miles de turistas que se desplazan hacia allí para conocerlos y recorrerlos. Estos lugares figuran en las enciclopedias, en los libros de viajes y en los sitios turísticos. Pero hay otros que quizás no son tan conocidos, que no se hicieron famosos, que han quedado olvidados, borrados, apartados del mundo. Algunos de ellos son verdaderos tesoros donde se guardan historias que parecen haber sido creadas por la mente de algún genio escritor de literatura fantástica.

Genial.guru se sumergió en este mundo y lo encontró plagado de historias maravillosas. Todas ellas nos enseñan que las frontera entre la realidad y la ficción no son tan claras, ni tan precisas, ni tan sólidas. Ahora te invitamos a que te zambullas en este mundo tan desconocido como asombroso.

1. Thames Town, la ciudad vacía

Ubicada a 30 km del centro de Shanghái, la metrópoli China, y con cuatro kilómetros en total, Thames Town tiene una particularidad que la hace sin dudas única: está prácticamente deshabitada. La ciudad, de calles adoquinadas, terrazas victorianas y tiendas de esquina parece la maqueta de una ciudad inglesa, de hecho su propio nombre se incluye en el del río más importante de Inglaterra: el Támesis.

La ciudad terminó de construirse en el año 2006, pertenece al distrito de Songjian, una zona suburbana y milenaria que está unida a Shanghái por una línea de metro. Originalmente, formó parte de un proyecto mayor que incluía a nueve ciudades más, con diseños que pretendían recrear el estilo de la vieja Europa. Así, habría una réplica de estilo español, escandinavo, alemán, canadiense, italiano y holandés. La constructora fue Atkins y la primera en terminarse fue esta réplica inglesa.

Calles adoquinadas, terrazas victorianas, tiendas de esquina y edificios europeos (algunos de ellos literales copias de otros londinenses), pubs, casas de madera estilo Tudor, iglesias de estilo medieval y una plaza en cuyo centro reina la estatua de Winston Churchill colaboran para que quien camine por sus calles sienta que está sumergido en una ciudad inglesa. Pero, entonces, ¿por qué este encantador lugar, con casas tan parecidas a aquellas que veíamos de niños en las vidrieras de las mejores jugueterías está deshabitado y solo lo visitan turistas? ¿Por qué sus maravillosos diseños arquitectónicos solo sirven de telón para parejas que van allí a fotografiarse el día de su boda o para familias que deciden pasar en su plaza un día de picnic?

“Una ciudad, nueve pueblos”, así se llamó el proyecto pensado para alojar estudiantes universitarios de Songjian y descongestionar a la superpoblada Shanghái. Sin embargo, esto pronto se volvió inviable para el ciudadano común que podía pensar en una vida más alejada de la urbe. Sus casas y edificios se vendieron muy rápido y a precios muy caros, además, quienes los adquirieron, personas de poder adquisitivo alto, los tomaron como segundas casas (para vacacionar o pasar allí unos días), no como vivienda. El resultado es una ciudad con dueños pero muy pocos habitantes: un pueblo fantasma.

2. Auroville, la comunidad donde no existe el dinero

Ubicada a 10 kilómetros de la ciudad costera Puducherry, en el estado de Tamil Nadu (India), esta comunidad, a la que muchos llaman utópica, tiene varias características que la distinguen del resto del mundo, aunque una de ellas la hace por completo única: en esta ciudad mística no existe el dinero.

Hace ya más cincuenta años que Mirra Alfassa, a quien se conoce como La Madre, pensó en una sociedad donde el dinero no fuese necesario porque el intercambio de trabajo por servicios harían que la moneda fuera irrelevante e imprescindible. Esta mujer, que venía de Francia, siendo aún joven, conoció en India al maestro de yoga Sri Aurobindo y se convirtió en su pareja espiritual y su discípula. De hecho, el nombre “Auroville” remite tanto a este místico hindú como a la procedencia francesa de su ideóloga, y es que literalmente en francés significa “ciudad de la aurora”.

Lo cierto es que lejos de desestimar su idea como utópica por ir contra los pilares del mundo occidental, Alfassa presentó en 1965 el proyecto a la ONU y el gobierno de la India. Finalmente, en 1968, la ciudad fue inaugurada y al evento asistieron el entonces presidente de la India junto con representantes de otros 124 países.

Hoy, 50 años después, la idea original de su mentora, más allá de las diferencias y conflictos que fueron apareciendo luego de su muerte, aún persiste. Allí viven sin manejar dinero (las transacciones se hacen por medio de una tarjeta y mediante el intercambio de servicios y voluntariado) cerca de 2 000 personas de al menos 45 países. Es decir, es, dentro un mundo hiperconectado como el de nuestros día, una comunidad internacional, autónoma y autosuficiente.

La ciudad fue construida por el arquitecto francés Roger Anger siguiendo las órdenes de La Madre, quien ordenó que se hiciera imitando la figura de un mandala. En su centro, una inmensa cúpula dorada llamada Matrimandir es considerado el corazón espiritual de la ciudad, una gigantesca sala de meditación que desde afuera se ve como un gran domo dorado.

3. Isla Sandy, la isla que solo existe en los mapas

¿Qué hace particular a esta isla supuestamente ubicada en aguas francesas entre Australia y Nueva Caledonia? Al parecer, existe solo en los mapas. La isla aparece en los mapas de Google Earth y en los de Times Atlas of the World como una mancha oscura alargada, dispuesta en sentido sur-norte y de tamaño considerable: 30 km de largo por 5 km de ancho, similar al de Manhattan. Pero cuando llega la hora de corroborar su existencia, ocurre algo tan extraño como sorprendente: nadie logra encontrar aquellas sombras que los mapas delatan.

En 2012, una expedición científica del servicio hidrográfico australiano que estaba estudiando la tectónica de placas a bordo del barco RV Southern Surveyor decide abordar la Isla Sandy siguiendo las precisiones de cartas y mapas digitales como Google Maps y Google Earths. Pero nunca logró localizarla; en su lugar encontró un océano imperturbable y profundo. De este modo concluyó que la isla no existía, que debería tratarse de una confusión y que habría que volver a hacer el mapa del mundo, ya sin dicha isla.

Sin embargo, no es el mapa digital quien capta por primera vez la presencia de esta isla fantasma. Esto ya había ocurrido muchos años atrás. En 1876, es detectada por la tripulación del barco Velocity de la Marina británica dirigida por J.W Robinson, quien menciona la expedición un año después en El Diario Hobart Mercury. La presencia de este territorio flotante fue registrada también por mapas de papel, como los de National Geographic Society. Incluso el Servicio Hidrográfico Francés asegura haber visto la isla varias veces, hasta 1979, donde parece habérsela “tragado la tierra”.

Lo cierto es que esta isla que subvierte el orden normal de las exploraciones: primero se descubre, luego se documenta, ya forma parte de otras más legendarias que realmente emergieron desde las entrañas de la ficción, como la isla del Tesoro, la de Robinson, la de la Fantasía o la de King Kong. Resta esperar entonces que esta vez la realidad cree a la ficción y en unos años más, su nombre sea el título de una novela exitosa.

4. Chauen, la ciudad azul

Quien recorra las calles de esta ciudad ubicada en el norte de Marruecos podrá creer que, lejos de estar subiendo una montaña, se ha sumergido en las misteriosas profundidades del océano. Es que aquí todo, escalinatas, callejuelas, locales, ventanas y techos, está pintado en diferentes tonalidades de azul. Desde un celeste liviano hasta el azul más profundo, pasando por el índigo y el turquesa.

¿Los motivos? Variados y para todos los gustos: desde causas prácticas, como que este color ahuyenta a las moscas, hasta más profundas e históricas, como que los judíos sefardíes que fueron expulsados de España y se instalaron aquí entre los siglos XV y XVIII eligieron este color para reemplazar al verde, propio del Islam.

Durante siglos, fue considerada una ciudad sagrada y bajo ningún punto de vista se permitía el acceso allí de ningún extranjero. Hoy, quizás el aislamiento de cientos de años más su inexplicable color azul pinta a este pueblo de un misterio encantador.

5. Coober Pedy, la ciudad subterránea

¿Qué vuelve asombrosa a esta ciudad? El 75 % de sus habitantes vive bajo tierra, y allí no solo hay casas, sino que se trata de una verdadera ciudad, con bares, hoteles y librerías.

Este pueblo, situado al norte de Australia Meridional, es conocido como la capital mundial del ópalo por la cantidad de minas de este mineral que allí se encuentran. La mayoría de sus habitantes se dedica a la actividad minera y vive bajo tierra en minas recicladas.

Pero al parecer, el único tesoro que esconde esta tierra no es aquella bella piedra semipreciosa; en sus entrañas existe un verdadero mundo subterráneo conformado no solo por casas, sino también por una compleja red de servicios, desde hoteles y bares hasta librerías, museos e iglesias. El resultado: más de 1 500 viviendas-refugio de todo tipo enterradas bajo las arenas del desierto y conectadas entre sí por una red de túneles subterráneos.

Ante semejante espectáculo, no es difícil preguntarnos, ¿cómo llegaron los habitantes de esta ciudad a construir esta urbe ultraterrena? El ópalo es una de las piedras semipreciosas más valoradas del mundo. Desde que en 1915 fue descubierto en la zona, han ido llegando al pueblo inmigrantes de hasta 45 naciones distintas, poseídos por una suerte de “fiebre del ópalo”.

Es así que para 1999, ya había en la zona más de 250 000 excavaciones para extraer esta tan codiciada piedra que, se creía, podría hacer millonario a quien la tuviera. Debido a la superpoblación que se generó alrededor de estos prometedores pozos y a las altas temperaturas del lugar (el termómetro allí asciende a los 51 grados), es que la vida bajo tierra comenzó a verse como una posibilidad que no tardó en hacerse real.

Algunas curiosidades más de este pueblo: algunas viviendas se encuentran a una profundidad de 2,5 m; otras llegan a alcanzar los 7 m bajo tierra; las casas están perfectamente equipadas y cuentan con casi todas las comodidades de un hogar tradicional: dormitorios, sala de estar, cuarto de baño, agua, luz eléctrica y hasta aire acondicionado. Cuando el sol se esconde, sus habitantes salen a tomar el aire del desierto y hacer algunos deportes como jugar al golf. De hecho, han inventado una pelota brillante para no perderla de vista cuando se hace de noche.

6. Ladonia, muchos ciudadanos y ningún habitante

Ladonia es una micronación autoproclamada que ocupa un pequeño espacio al sur de Suecia, en la reserva natural de Kullaberg, y tiene todos los elementos necesarios que conforman la identidad de un país: símbolos patrios; moneda (el örtug, equivalente a un dólar norteamericano), dos himnos, un idioma compuesto por dos palabras y hasta un territorio que, por cuestiones de espacio y comodidad, no puede ser habitado. Sin embargo, parece que todos estos requisitos no alcanzan. Ni Suecia ni ningún organismo internacional reconoce la independencia de esta micronación. Aun así, haciendo oídos sordos a esta negativa, Ladonia se declaró independiente en 1996.

Las primeras elecciones se realizaron en 1997, al año de su fundación, cuando Ladonia ya contaba con mil ciudadanos. Allí se decidió que sería una monarquía republicana, la primera reina se llamó Ywonne, ejerció su reinado entre 1997 y 2011 y vive en Suecia; por su parte, el primer presidente fue el brasileño Fernando Rodrigues, quien ejerció su poder entre 1997 y 2004. Al día de hoy, ya son 17 552 sus ciudadanos, aunque nadie viva allí. Su presidente actual son un par de zapatos viejos. El puesto de vicepresidente hoy está vacante.

Reina Carolyn de Ladonia inmediatamente después de su coronación, el 19 de septiembre de 2011.

En sus orígenes, esta micronación tuvo un objetivo específico: salvar de su destrucción a dos esculturas construidas por el artista sueco Lars Vilks en Kullaberg, una zona protegida de Suecia. La primera se trató de una gran torre de madera de 75 toneladas a la que llamó Nimis. Once años después, a su lado construyó Arx, una gran escultura de piedra. Cuando dos años después de la primera construcción las autoridades de Suecia la detectaron, ordenaron de inmediato removerla. El litigio judicial que hubo en el medio no impidió la construcción de la segunda obra. En 1996, el espacio que rodea y pretende proteger a las escultura pasó a llamarse “República de Ladonia”, o “Ladonia”.

Otras rarezas de este lugar: su himno es el sonido del lanzamiento de una piedra en el agua, su idioma consta de dos palabras, ninguno de sus casi 18 000 ciudadanos (provenientes de 100 naciones diferentes) reside allí; cualquier diferencia entre los “miembros del gabinete” se soluciona mediante un concurso de lanzamiento de piedras al agua. ¿Y sus ministerios? ¿De Salud, de Defensa, de Educación? No. Del Silencio, de Viajes Imposibles, de Desescolarización y de Arte y Salto.

7. Wirtland, el país virtual

¿Qué tiene de extraño este país? Es virtual. Solo existe en internet. ¿Cómo llegar? No nos acerca hasta allí ningún medio de transporte, alcanza con que nuestros dedos tecleen en el navegador www.wirtland.com.

Fundado el 14 de agosto de 2008, se convirtió en el primer país cibernético soberano de la historia. Este país sin tierra tiene escudo, bandera y moneda, el Wirtland Crane, que no tiene curso legal pero sí un valor coleccionable de 135 dólares. También tiene un himno, Watch What Happens, en español “Mira lo que pasa”. La población de Wirtland está conformada por los witizanos, sus ciudadanos, y los visitantes.

Al día de hoy, cuenta con alrededor de 8 000 ciudadanos, y este número la convierte en la micronación más grande del mundo. La iniciativa se presenta a sí misma como una alternativa democrática y pacífica para la autoidentificación de las personas, un país sin fronteras que no influye sobre la soberanía de ninguna otra nación. Así, este sitio virtual se convierte en el lugar donde es posible encontrar una identidad propia externa a la política o a cuestiones partidarias propias de un país.

Más datos:

  • Wirtland quiere expandir sus límites mucho más allá de la pantalla. Ya tuvo varios intentos de comprar tierras en varios continentes, la búsqueda en general apunta a lugares abandonados, porciones de tierra inhabitadas o en desuso.

  • Es gobernado por un canciller y cuenta con una agrupación política “el partido global antiguerra”.

  • Otorga ciudadanía y hasta expide un carné a quien “aplique” para acceder a ella (basta con ser mayor de 18 años).

  • Lejos de quedar en la virtualidad, Wirtland replica rasgos y funciones típicas de países con tierra firme, su economía está basada en una serie de servicios electrónicos, en los que se incluye un centro médico online.

  • En 2019, su gobierno puso a la venta el proyecto en e-Bay por USD 250 000, alegando que había crecido demasiado y requería de mayores inversiones y tecnología de avanzada. De esta forma, se convierte en el primer país soberano en subastarse en una de las plataformas de comercio online más grandes del planeta.

8. Agloe, una ciudad ficticia

Agloe no existe. Nunca existió. Es una ciudad ficticia, dibujada en los mapas como señuelo para “cazar” plagiadores. Aquí ocurre algo parecido al de la ya nombrada isla Sandy, solo que en este caso no hay misterio ni leyenda, solo un claro ejemplo de los recursos a los que se apela para salvaguardar los derechos de autor.

Las referencias inventadas suelen ser una trampa para distinguir un trabajo original de uno copiado. Y esto ocurre en diversas áreas, desde las entradas enciclopédicas ficticias (hablamos de inventar un personaje y atribuirle una vida) hasta la confección de mapas cartográficos. Es que no alcanza con cambiar un poco el formato para adjudicarse la propiedad de una obra, no. ¡Hay que chequear! De lo contrario puede ocurrir lo que pasó aquí, termina construyéndose una ciudad de papel, que existe, claro, pero solo en los mapas y para confusión de quien se guíe por ellos.

Todo comenzó en 1930, cuando una editorial norteamericana que realizaba mapas de rutas para una empresa petrolera (por ese entonces Standard Oil, luego Esso) decidió usar a Agloe como carnada para pescar plagiadores. El sitio elegido fue un lugar del estado de Nueva York, en el cruce exacto de dos caminos de tierra. Algunos años después, la editorial McNally se atribuyó la autoría de estos mapas lanzándolos al mercado bajo su propio sello. Si bien quien había colocado el señuelo no tardó en demandarla por plagio, McNally logró salir airosa debido a algo que había ocurrido luego de la aparición de esta ciudad y que fue verdaderamente curioso: todos creyeron en ella.

“¡Bienvenido a Agloe! Hogar de la Tienda Agloe. ¡Vuelve pronto!”.

Agloe siguió reproduciéndose en los mapas de Standard Oil. En los años 50, un almacén localizado en la intersección donde había sido creada la ciudad se llamó Agloe General Store y, sin saberlo, sirvió de coartada a esta atrevida editorial, que en su defensa alegó haberse guiado por ese local a la hora de amar su mapa. Su nombre continuó apareciendo en los mapas de ruta hasta la década del noventa. A partir de entonces fue borrándose gradualmente.

Dos datos más:

  • En el cruce donde fue pensada Agloe hay un cartel recordatorio donde hoy día va la gente a fotografiarse.

  • En 2008, el escritor John Green se inspiró en esta historia para escribir su conocida novela Ciudades de papel.

9. Centralia, un pueblo que arde

Lleva más de 50 años ardiendo, y se cree que el incendio podría durar 200 más. Se trata de un borough del condado de Columbia, en Pensilvania. El censo de 2010 registró allí solo 10 habitantes. Años atrás, en 1981, existía en aquel lugar una próspera comunidad minera de más de 1 000 personas. Hoy, aunque el pueblo ya no existe, quedan restos de supermercados, hoteles y casas que se cocinan al calor de un fuego subterráneo que arde a más de 700 grados.

El fuego comenzó en el año 1962 y fue incidental: unos bomberos que quemaban basura prendieron una veta de carbón que estaba expuesta. El fuego se extendió poco a poco y aún hoy, 50 años después, resulta inextinguible. Como aquel que oculta sus verdaderos sentimientos bajo un manto de aparente tranquilidad, la naturaleza exuberante y benévola de este pueblo no delata el hervidero que se esconde en sus entrañas. Aunque cualquier ojo analítico todavía puede ver pequeñas humaredas saliendo desde montañas de escombros.

En principio, el fuego pasó desapercibido, pero, hacia fines de los 70, el suelo comenzó a crujir y los gases tóxicos que se desprendían de estas grietas pusieron en peligro la vida de los habitantes. Los intentos por detenerlo fueron muchos: desde inyectar agua en el terreno para apagarlo hasta construir una barrera de cenizas cercarlo. Todo fue en vano. Finalmente, en 1983, y no sin conflictos, se decidió la evacuación de sus habitantes.

Hoy el lugar está derrumbado y la maleza cubre los escombros de lo que alguna vez fue; excepto las casas de los 8 habitantes que se niegan a irse de allí, cuidan sus hogares y adornan sus jardines con bandera e imágenes religiosas. Estos fieles habitantes niegan que el fuego sea un problema y acusan a las autoridades de querer vender a compañías mineras el carbón que hay en el terreno. Uno de ellos ha dedicado los últimos años a tapar con cemento las grietas por donde sale el humo.

10. Manshiyat Naser, la ciudad de la basura

Manshiyat Naser se conoce como “La ciudad de basura”. Sus habitantes se dedican a recoger, reciclar y procesar los deshechos que generan las más de 20 millones de personas que viven El Cairo. Ellos no cuentan ni con agua potable ni con electricidad y viven en la más absoluta pobreza.

A pesar del nombre por el cual es conocida, Manshiyat Naser es en realidad un barrio, no una ciudad, habitado por los zabalin, “basureros” en español. Se trata de un millón de personas con una capacidad de organización ejemplar. De las 16 000 toneladas de residuos que genera la capital egipcia, ellos recogen el 60 por ciento y reciclan un 80 por ciento de esa cantidad. Esto es mucho, muchísimo más que lo que logran las empresas formalmente dedicadas al reciclado de residuos. Lo que producen sirve de materia prima tanto para fábricas egipcias como extranjeras y hacen artesanías con los residuos que no pueden ser transformados.

A pesar de que recogen la basura de más de la mitad de la capital egipcia, no reciben dinero de ninguna entidad pública ni ningún tipo de retribución. Viven hacinados en callejones sin asfaltar, sin ningún transporte público (porque nadie quiere adentrarse allí) y rodeados de basura, que llega a apilarse en sacos de más de dos metros de largo.

Será tal vez por instinto de supervivencia que los zabalines tienen su trabajo perfectamente dividido y organizado. Toda la familia participa del reciclaje: los jóvenes pasan de madrugada casa por casa a recoger la basura, los niños y las mujeres la separan según el material del que se trate y los hombres las transforman en materia prima. A pesar de esto, la sociedad los excluye, no los cuida ni los protege. Para los propios zabalines niños que van a la escuela, su origen resulta una vergüenza y suelen esconder o no contar de dónde vienen.

¿Cuál de estos lugares te asombró más? ¿En cuál de ellos (de los que verdaderamente existen) te animarías a pasar un fin de semana?

Imagen de portada JohnDS / Wikipedia