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10 Formas en las que podemos estar estresando a nuestro perro (abrazarlo demasiado parece que no le gusta)

Los seres humanos estamos acostumbrados a hablar de estrés, pues muchas veces lo sentimos en carne propia. Pero, por raro que suene, los perros también pueden padecerlo. Un can estresado manifiesta diversos síntomas, entre ellos, hiperactividad o apatía, cambios de conducta o comportamientos repetitivos. Incluso, podría suceder que sea nuestra manera de tratarlo lo que esté causando este problema a nuestro compañero de cuatro patas, obviamente sin querer.

Si quieres saber de qué formas puedes estar estresando a tu perro, Genial.guru te informa de las más comunes y cómo puedes solucionarlo para seguir disfrutando del cariño de tu mascota. Al final, te dejamos un bono muy interesante.

1. Dejarlo solo mucho tiempo

La ansiedad o estrés por separación es muy frecuente en perros jóvenes que todavía no están acostumbrados a quedarse solos o en los muy ancianos, debido a que pierden sus capacidades. Se manifiesta con conducta destructiva, ladrido o aullido persistente cuando sales o vuelves y eliminación inadecuada, generalmente dentro de la casa.

Para que vaya acostumbrándose, se recomienda no dejar al animal solo más de 6 a 8 horas. Antes de salir, debes asegurar puertas y ventanas para evitar que escape, ver que tenga suficiente agua y comida a disposición y juguetes para entretenerse. También, antes de salir, ignóralo durante unos veinte minutos. Y al volver también. No lo saludes hasta que se haya calmado. Entonces sí, dedícale un tiempo de calidad.

2. Llevarlo con la correa muy tensa y no soltarlo durante el paseo

Todos los perros necesitan ejercicio al aire libre para liberar energía, eso es bien sabido. Sobre todo los perros que viven en departamentos y no tienen espacio en su casa para ejercitarse. Si en tu ciudad no se permiten perros sueltos, debes tener en cuenta la tensión de la correa. Una correa tensa no solo puede provocar daños físicos en el animal, como lesiones en la espalda. También produce nerviosismo y estrés, que derivan en diversos problemas de conducta.

Procura llevar a tu mascota a una plaza, parque o lugar abierto donde puedas soltarlo y dejarlo correr, al menos un par de veces a la semana. Esta rutina lo ayudará a prevenir el estrés y lo mantendrá en buena forma física. Si no es posible quitarle la correa, asegúrate de que esta quede floja y le permita libertad de movimiento. Es difícil hacerlo cuando se trata de un perro grande, sin embargo existen en el mercado accesorios anti tirones, que permiten pasear correctamente a la mascota sin generarle inconvenientes.

3. Educarlo con “mano dura”

Según un estudio, los perros que son educados de manera hostil son propensos a padecer estrés. Los castigos frecuentes, gritos, tirar de la correa u obligarlos a sentarse presionando la parte trasera le causan ansiedad y provocan problemas de convivencia y conducta.

En lugar de este tipo de métodos de educación, prueba con el refuerzo positivo. Cuando obedece una orden, felicítalo, hazle una caricia o dale una golosina. En cambio, si no obedece la orden como esperas nunca lo golpees o grites. Dile firmemente “no”, y luego ignóralo. Con la repetición, el perro entenderá lo que se quiere de él.

4. Fingir que tiras la pelota para que la recoja

No hay nada que haga más feliz a tu perro que jugar contigo, pues así se crean lazos emocionales entre ambos. Pero hay algunas clases de juegos que solo nos divierten a nosotros. Por ejemplo, cuando finges tirar una pelota para que tu amigo la atrape, pero en realidad, la escondes. Al principio, él irá contento a buscarla. Pero si el “juego” se repite, el animal se sentirá ansioso, confundido y ya no le parecerá divertido. Poco a poco esta conducta hará que tu mascota pierda la confianza en ti.

En un estudio se demostró que el juego entre dueño y mascota influye en sus niveles de cortisol, la hormona del estrés. Así que no bromees con tu perro. Juega con él, tira la pelota y deja que la recoja. También puedes aprovechar este momento para enseñarle otros trucos, como dar la pata.

5. Exponerlo a sonidos muy fuertes

El estar constantemente expuesto a sonidos muy fuertes, como música estridente y alta, petardos, el ruido del tráfico, el claxon u otros similares es estresante para cualquiera. Lo mismo sucede con los perros. La diferencia es que ellos desconocen de dónde provienen esos ruidos. Entonces se asustan, su ritmo cardíaco aumenta y los niveles de estrés se disparan.

Para evitar esta situación es importante que tu mascota tenga un refugio donde acudir. Seguramente escoja ella misma el sitio, que puede ser bajo una cama, una mesa, o una caja grande. No trates de sacarla de allí. Déjala que se apacigüe y salga sola. Intenta disminuir su exposición a los sonidos fuertes, y si no es posible, prueba con música suave en el ambiente.

6. Evitar que olfatee todo en la calle

Tu perro obtiene información de su entorno y de otros perros al olfatear cada rincón y entre ellos mismos. Cuando sale a pasear, por ejemplo. Si tiras de la correa para evitar que lo haga, estarás privando a tu amigo de saber las novedades, por así decirlo.

El hocico del perro es muy especial y utilizarlo les brinda algo así como una segunda vista olfativa del mundo que los rodea. Cuando lo saques a la calle, deja que guíe el camino, oliendo todo a su paso. Si se detiene, ten paciencia y espera a que termine. Déjalo que disfrute de su nariz a sus anchas.

7. Abrazarlo demasiado o tocarle la cara

Las demostraciones de afecto son típicamente humanas. Los perros no llegan a entenderlas como nosotros. De hecho, la mayoría muestra señales de malestar, ansiedad o estrés cuando somos demasiado cariñosos con ellos. Tampoco les agrada que les toques o acaricies la cara. Menos, un extraño. Al ver caer la mano, puede interpretar que van a pegarle.

Si te das cuenta de que al abrazar fuerte o intentar acariciarle el rostro tu amigo peludo bosteza, deja caer las orejas, rehuye la mirada, gruñe y quiere irse, entonces es claro que él no desea esa clase de mimos. No a todos los perros les sucede esto. A algunos les encanta que los abracen, incluso lo piden. Pero si tú ves signos de lo contrario, deja de hacerlo. Es mejor que bajes la mano a la altura de su hocico y dejes que sea el perro quien se acerque a ti, despacio y con total tranquilidad.

8. Usar diferentes palabras para un mismo comportamiento

Es normal que hables con tu mascota como si ella entendiera todo lo que dices. Sin embargo, procura utilizar siempre la misma palabra para la misma orden: abajo, vamos, quieto, sentado, ven. Deja los sinónimos a un lado, pues el animalito no entiende que “tráemelo” y “ve por él” significan lo mismo. De lo contrario, el perro va a sentirse confundido porque verá que tú quieres que haga algo, pero no sabe qué.

Controla la entonación de tu voz al darle una orden, y fíjate en tu lenguaje corporal. Tu mascota responderá mucho mejor ante estímulos visuales, como señalar o chasquear los dedos. También aprovecha la repetición. A los perros les gusta la rutina, así que no dudes en dedicar unos minutos al día a repasar con él todo lo aprendido.

9. Vestirlo y disfrazarlo

Por lo general, los perros aceptan mejor la ropa que los gatos. Algunas razas lo toleran bien, pues la ropa los ayuda a aguantar el frío. Pero la mayoría no lo necesita y le resulta sumamente incómodo y frustrante.

Debes fijarte cual es la reacción de tu amiguito cuando intentas vestirlo. Si da claras señales de agresividad y quiere huir, déjalo. No lo obligues. No solo puede causarle un gran estrés, también daños en la piel debido a los materiales con que están fabricadas las prendas.

10. No seguir una rutina

Los perros son animales de hábitos. Mantener una rutina diaria los ayuda a sentirse más felices, seguros e incluso a soportar cualquier eventual modificación en el futuro. En cambio, los animales que no tiene establecida una rutina, tienden a estresarse, deprimirse y demostrar ansiedad en su comportamiento.

Siempre es mejor empezar desde que el perro es cachorro. Establece horarios para dormir, comer, ir al baño, pasear y jugar. Esto es importante para que tú y tu mascota refuercen su relación. Mientras respetes los horarios de tu perro, puedes introducir actividades nuevas sin miedo a que le afecten.

Bono: si tú te estresas, tu perro también

Un estudio descubrió que los perros reflejan el estado de ánimo de su dueño. O sea, que si tú estás estresado, lo más probable es que tu amigo peludo también lo esté. Para determinarlo, los científicos midieron los niveles de cortisol, la hormona del estrés, tanto del amo como del animal. Y encontraron que los resultados estaban sincronizados en ambos casos. Las personas con altos niveles de cortisol tenían perros con niveles igual de altos. Lo mismo ocurrió al contrario.

Estos hallazgos ponen en evidencia el fuerte vínculo que existe entre las personas y sus mascotas. También ayuda a cuidar mejor de la salud de nuestro perro, en primer lugar, procurando el bienestar propio. Así que, si ves conductas fuera de lugar en tu mascota, analiza cómo te sientes tú y busca maneras de relajarte. Entonces, los dos podrán seguir disfrutando de su amistad a pleno.

¿De qué otras maneras crees que podemos causarle estrés a nuestras mascotas? ¿Qué cosas ayudan a que tu amiguito se sienta mejor? Por supuesto, si tienes alguna duda sobre la salud de tu perro, no dejes de consultar a tu veterinario de confianza.