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10 Mujeres que posaron para obras famosas y que tienen historias muy interesantes

Hay pinturas que marcan una era. El nacimiento de Venus, de Botticelli; La Mona Lisa, de Da Vinci; La joven de la perla, de Johannes Vermeer, entre otras. Pero, ¿quiénes son las modelos que posaron para esas obras icónicas? ¿Cuál es la historia detrás de esos cuadros?

En Genial.guru, nos pusimos tras las huellas de estas hermosas mujeres y nos encontramos con 10 historias que nos sorprendieron. Esperamos que a ti también.

1. Simonetta Vespucci y Sandro Botticelli

Simonetta Vespucci, musa de pintores como Leonardo Da Vinci, Domenico Ghirlandaio Sandro Botticelli, declarada por éstos como el ideal de belleza renacentista, y repetida muchas veces en obras de la época, murió, sin embargo, antes que se pintara la mayoría de las obras que la homenajean.

Nacida en 1453 o 1454, no ha podido precisarse, con 16 años de edad, se casó con Marco Vespucci, familiar de Américo Vespucio. Pronto, toda la sociedad florentina estaba prendada de su belleza. Se sabe que en 1472, en la Iglesia de Ognisanti, los hermanos Ghirlandaio pintaron la Madonna della Misericordia, cuadro donde aparece la Simonetta. Luego, en 1475, en la plaza de la Santa Croce en Florencia, se llevó a cabo una justa, donde Botticelli hizo un estandarte de la diosa Minerva, con el rostro de Simonetta. Estas dos imágenes se hicieron mientras ella vivía. Y se les fue muy pronto. Al año siguiente, el 26 de abril de 1476, a los 23 años, la joven murió de tuberculosis. Así que todas las demás pinturas que se hicieron de la muchacha, fueron hechas después de esa fecha, como lo afirma Iván Klulas. Empezando por El nacimiento de Venus, de Boticelli, todas las mujeres de las obras de este artista fueron retratos póstumos, repeticiones de Simonetta. El pintor quedó tan trastocado por su belleza que nunca se casó y pidió ser enterrado a los pies de su amada.

2. Artemisia Gentileschi y Alfred Hitchcock

La mujer de esta pintura no fue una musa en su tiempo, como en el resto de esta lista, pero sí lo fue unos siglos después. En este caso, lo fue para un cineasta muy conocido. Nos referimos a la película Psicosis, de Alfred Hitchcock, en la que, durante los primeros minutos, Norman Bates espía a su víctima por un hoyo en la pared de su oficina, y ese hoyo está tapado por una pintura.

Se trata de una obra llamada Susana y los viejos, la cual, a pesar de haber sido firmada por su verdadera autora, fue atribuida a su padre, Orazio Gentileschi, a Tiziano y a Domenichino. Sin embargo, para el asombro de muchos, se comprobó que dicha pintura era de ella, Artemisia Gentileschi. A pesar de que su maestro de pintura la hizo pasar un mal rato en su adolescencia, Artemisia salió adelante con una valentía impresionante y se hizo notar por las cortes italianas. Allí, tuvo varios admiradores, como el sobrino de Miguel Ángel, en Florencia, para quien hizo Alegoría de la inclinación. Artemisia Gentileschi fue la primera mujer en entrar a la Academia Ecléctica, la cual, a su vez, fue la primera academia de arte barroco en Italia.

3. Elizabeth Siddal y John Everett Millais

Cuando Elizabeth Siddal, pintora, actriz y modelo de varios de los pintores del siglo XIX, tenía 18 años, fue contratada por el pintor John Everett Millais para posar para el cuadro Ofelia (1852), uno de los cuadros más hermosos que se haya hecho. Ofelia es un personaje de la obra Hamlet, de William Shakespeare, quien se enamora del príncipe Hamlet, pero, al ser despreciada por él, enloquece y se cae a un río.

El cuadro muestra a la muchacha flotando bocarriba en la suave corriente, rodeada de las flores que ha recogido. El pintor quería que la pintura se viera real y, a pesar de estar en pleno invierno, Elizabeth posó vestida en una bañera con agua durante varias sesiones. Aunque Millais ponía velas bajo la bañera para calentarla, durante una de las sesiones, las velas se apagaron, él no lo notó, ella no se quejó y resultó con neumonía. El artista tuvo que pagarle los gastos médicos al padre de la muchacha.

4. Sarah Bernhardt y Alfons Mucha

Sarah Bernhardt era una actriz francesa de cine y teatro, amiga de Alfons Mucha. Fue gracias a ella que el artista, así como su estilo, el art nouveau (escuela del modernismo), se hicieron famosos. Todo porque a ella le gustaba tanto lo que hacía Mucha que le encargaba afiches para promocionar sus presentaciones. Así fue como una mujer hizo que el art nouveau fuera conocido por toda Europa y, finalmente, por todo el mundo. La peculiaridad de Sarah es que, por un accidente, perdió una pierna, pero siguió escribiendo, dirigiendo y actuando en obras de teatro por todo el continente europeo.

5. La Mona Lisa y Leonardo da Vinci

¿Quién fue la musa de este cuadro de Leonardo da Vinci y cuál debería ser su título? El museo del Louvre, donde está exhibida, lo titula La Gioconda (“la alegre), aunque no hace ninguna afirmación sobre la identidad de la modelo. El público la conoce como La Mona Lisa. Mona significa “señora”, en italiano antiguo, y Lisa, por Lisa Gherardini. La razón viene de la teoría más antigua, acuñada en 1550 por Giorgio Vasari, quien, en su libro “Vidas de los más excelentes pintores”, afirmaba que Lisa Gherardini, esposa de Francesco Bartolomeo de Giocondo, era quien había posado, por encargo, para el cuadro, y que Leonardo había trabajado en ella durante 4 años, pero la había dejado sin terminar.

Sigmund Freud, en cambio, en “Recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci”, afirmaba que la modelo era la madre de Leonardo. Y una tercera hipótesis, basada en el libro “El código Da Vinci” de Dan Brown, sugiere que es un autorretrato de Leonardo, por la semejanza que existe entre las facciones del artista y las de la mujer del cuadro. Sin embargo, desde el siglo XIX se ha intentado encontrar los restos del pintor de forma infructuosa, como lo dice este artículo. Hasta ahora, ninguna de estas hipótesis ha podido probarse.

Pero, aún sin saberse la verdad, La Mona Lisa ha cobrado una identidad por sí sola. Muchos la han adorado desde entonces hasta hoy. Tanto así que, cuando en 1911, la obra desapareció del Louvre, multitudes se congregaron frente al espacio vacío, incluso quienes nunca antes habían visto la pintura. Dos años después, la policía italiana apresó al culpable: Vincenzo Peruggia, un italiano, extrabajador del Louvre, quien se la había llevado consigo de vuelta a su país. Es por eso que, hoy, La Gioconda está en el Louvre rodeada de medidas de seguridad, para impedir que venga otro enamorado a llevarla a una cita. ¿Cuál de estas hipótesis te parece a ti la más razonable?

6. Carmen Gaudin y Henri de Toulouse Lautrec

Carmen Gaudin fue retratada por varios artistas de la época, como Henri RachouAlbert Besnard. Era una muchacha de clase trabajadora que vivía en un sector humilde de París. La chica lavaba ropa y se prestaba como modelo para poder sobrevivir. Su naturaleza salvaje era muy apetecida por los artistas.

La postura de la muchacha en el primer cuadro de este apartado transmite una sensación de hastío, pero, a la vez, una lejana esperanza. En varias pinturas hechas por el artista a esta modelo, la mirada se mantiene esquiva, lejana... ¿Por qué insistía en ocultar su rostro?

Encontramos la respuesta en la segunda pintura, donde, al mirar de frente al espectador, la timidez y la belleza de la modelo se complementan con un desvío en uno de los ojos, lo que le da un toque de realismo a las pinturas.

Lautrec quedó enceguecido por la cabellera naranja de la muchacha. Sin embargo, pasado un tiempo, un amigo le preguntó al pintor si podía contactarla para que posara para él. A esto, Lautrec contestó que, la última vez que la había visto, la muchacha se había teñido el pelo y, ahora que lo llevaba de color castaño, había perdido todo interés para él. Quizá el pintor francés estaba buscando a su Simonetta.

7. Camille Claudel y Auguste Rodin

Camille Claudel era una de las alumnas más aventajadas de Auguste Rodin. Ella tenía 19 años y él 43 cuando ella lo vio por primera vez. La obra de Rodin se impregnó de su relación con la chica. Lo atrajo la naturaleza indomable de la joven artista. En sus cartas, la llama “feroz amiga mía”; se enamoró de ella.

Camille se convirtió en su musa, como en las esculturas La danaide Amor fugitivo. La más conocida es El beso. Sin embargo, Camille Claudel, por ser también artista, terminó colaborando con el proceso de factura de las obras de su maestro. Aun así, quizá debido a que la relación era secreta, nadie supo de esto sino hasta después de la muerte de la escultora.

La relación con el conocido escultor fue tan difícil para Camille que su salud mental comenzó a deteriorarse. Su hermano, el poeta Paul Claudel, la internó en un sanatorio y, aunque ella se recuperó con el aislamiento, su familia nunca permitió que la dieran de alta. Murió en el olvido, treinta años después.

Solo la muerte de su hermano y a raíz de la muerte de Rodin, la vida y la obra de la artista volvieron a cobrar la importancia que habían perdido. Sus obras y correspondencia comenzaron a ser estudiadas. La autoría de las obras escultóricas que habían sido adjudicadas a Rodin fue reevaluada y sopesada de nuevo.

8. La misteriosa “maja” y Francisco de Goya

La maja vestida La maja desnuda, pinturas de iguales medidas del artista español Francisco de Goya, pintan a una misma mujer exactamente en la misma pose con un mismo escenario. La única diferencia es que una está vestida y, la otra, desnuda. En segundo lugar, ambas fueron pintadas con una diferencia de tiempo. La maja desnuda fue hecha de 1795-1800 mientras que La maja vestida es de 1800-1807 según las data el Museo del Prado. Las dos obras expresan el esplendor del barroco español.

Se sabe que fueron hechas por encargo, pero se desconoce quién fue el responsable de este. Por su parte, hay varias teorías sobre quién es la mujer que se duplica en los lienzos. Sabemos que ambas pinturas reposaron en el palacio del Primer Ministro español Manuel Godoy, registradas con el nombre de Gitanas en 1808.

Se ha dicho que el cuerpo de la retratada podría ser de la duquesa de Alba, por semejanzas con dibujos que Goya le hizo a ella y que la cara había sido pintada encima, pero después, por medio de radiografías, El Museo el Prado se dio cuenta de que no era así. Que cuerpo y cara pertenecían a una misma persona, que por otra parte, era la esposa del propio Godoy, Josefa de Tudó y Catalán (más conocida como Pepita Tudó). Por otra parte, se tiene certeza de que, en algún momento, las dos pinturas eran parte de un juego en que, con un mecanismo, al correr una, aparecía la otra, como una suerte de animación.

Aunque La maja desnuda había sido fruto de un encargo, al tener conocimiento de ella, la Inquisición apresó y sometió a juicio al artista por considerarla obscena y digna de ser quemada en la hoguera. Afortunadamente, el artista quedó absuelto del juicio. Sin embargo, la pintura fue apartada de la vista del público hasta principios del siglo XX.

9. Gala y Dalí

Y no nos podemos olvidar de una de las musas más famosas del siglo XX: Gala, modelo y esposa de Salvador Dalí. Elena Ivánovna Diákonova, o Gala, nació en Tartaristán, bajo el Imperio ruso. La bailarina y actriz estaba casada con el poeta Paul Éluard cuando, en 1929, conoció a Salvador Dalí, diez años menor que ella. El flechazo fue inmediato. Ella se separó de Éluard y se casó con el pintor. Gala fue muy importante para Dalí, no solo como musa. Gala colaboraba con su obra y su pensamiento, tal como lo había hecho con Paul Éluard. Por eso, el genio español creó un seudónimo creativo para las ideas de ambos: Gala-Dalí.

En 1982, la musa falleció y Dalí se mudó al castillo de Púbol para enterrarla y estar cerca de ella. Sin embargo, en 1984, el castillo se incendió y Salvador, con quemaduras leves, tuvo que trasladarse a Figueras, donde fue enterrado en 1989. Su cuerpo reposa lejos de su Gala, pero sus almas siguen unidas por el amor.

10. La joven de la perla y Johannes Vermeer

La joven de la perla (1665-1667) es un retrato del neerlandés Johannes Vermeer. Tracy Chevalier, en su novela titulada como la obra, La joven de la perla, plantea que la modelo era una muchacha humilde que trabajaba en casa del artista.

Otros, como Benjamin Binstock, en su libro Los secretos familiares de Vermeer, sostienen que quien posó para la obra podría ser María Vermeer, la hija mayor del pintor. No era algo inusual que la esposa, las hijas y la criada posaran para sus pinturas. María, de hecho, se identifica como la modelo en varias de las obras de Vermeer. Sin embargo, el estilo de La joven de la perla y de Joven con sombrero rojo es muy distinto al de El arte de la pintura o de La muchacha del collar de perlas, por ejemplo.

En La joven de la perla se encuentra la intimidad de quien se mira en un espejo; parece la obra de un discípulo, pero el pintor nunca dio cuenta de tener pupilos. Por esto, Binstock alimenta la idea de que María Vermeer podría haber sido esa discípula y que el retrato es, en verdad, un autorretrato de ella.

¿Habías escuchado algo sobre alguna de las mujeres nombradas? ¿Sabes de una historia similar? Escríbelo en los comentarios.