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8 Costumbres diarias que podrían estar causándonos fatiga mental

Todos nos cansamos. Luego de hacer ejercicio, por ejemplo, es normal que nos sintamos agotados. Lo mismo pasa con nuestro cerebro. Si este recibe mucha estimulación o debe lidiar con un nivel intenso de actividad, puede desencadenar que nos sintamos fatigados mentalmente. Esto es normal, pero si comienza a ser constante, podría afectar nuestra vida diaria y relaciones con los demás.

En Genial.guru, entendemos que el día a día puede convertirse en algo complicado algunas veces, por eso te traemos una lista con algunos hábitos que puedes eliminar para mejorar tu calidad de vida.

1. Vivir en un ambiente desordenado

Las pilas de papeles apilados, las habitaciones alborotadas y la cocina llena de trastes sucios pueden parecer inofensivos, pero investigaciones muestran que estas cosas tienen un efecto negativo. A nuestro cerebro le gusta la organización, y el desorden nos hará sentir estresados, ansiosos y deprimidos.

Para eliminar el desorden físico, podemos empezar a reducir y reciclar, separar nuestro guardarropa por temporadas y priorizar las limpiezas generales y diarias. Y si queremos eliminar el desorden mental, es recomendable tomar un descanso de las redes sociales, mantener cerca a personas en las que confiemos y establecernos metas saludables, como ejercitar o beber más agua.

2. Guardar nuestros sentimientos

Hay muchas razones por las que una persona decide guardarse sus sentimientos. Tal vez crea que se verá débil ante los demás o piense que se está protegiendo a sí mismo al ocultarlos. Sin embargo, una investigación demostró que, si reprimimos nuestros sentimientos constantemente, somos más inmunes a sufrir problemas de salud, ansiedad y depresión.

Para evitarlo, busquemos a alguien de confianza con quien podamos hablar, ya sea un amigo, familiar o terapeuta. Otra buena opción es anotar lo que sentimos o pensamos; al hacerlo, no solo nos sentiremos mejor, también comprenderemos que nos sucede y podremos encontrar una solución.

3. No tener una buena alimentación

Una buena alimentación también contribuye significativamente a nuestra salud mental. Los alimentos procesados y el azúcar generan una inflamación en el cuerpo y cerebro, que inducen a trastornos del estado de ánimo. Al estar bajo estrés o deprimidos, abusamos de estas clases de alimentos o, al contrario, comemos muy poco. Ambos hábitos empeoran nuestro ánimo.

Para evitar esto, podemos prestar atención a qué comemos y cómo nos sentimos cuando lo hacemos. Podemos llevar un diario de comidas diarias, para descubrir cuáles son nuestros patrones alimenticios. Si vemos que en ciertas ocasiones nos alimentamos más, pensemos en lo que sucedió ese día y así descubriremos lo que realmente nos está molesta.

4. No darle importancia al cuidado personal

Una buena salud mental es sinónimo de bienestar psicológico, emocional y social. El cuidado personal es una parte importante para mantenerla. Sin embargo, a diario preferimos ponernos en un segundo plano, y priorizamos asuntos del trabajo u otros antes que los nuestros. Terminamos cargándonos de tareas y, como resultado, estamos más estresados.

No obstante, cuidar de nosotros mismo es esencial para nuestra salud y calidad de vida general, ya que esto implica tomarnos el tiempo para hacer cosas que nos gusten y logramos distraernos. Entre ellas, podemos hacer ejercicio regularmente, practicar la gratitud, buscar actividades relajantes y, por supuesto, dedicarnos a un pasatiempo que disfrutemos.

5. Procrastinar con frecuencia

Tendemos a procrastinar cuando queremos evitar tareas estresantes o desagradables, y las remplazamos por unas menos relevantes y más fáciles. Esto surge como un mecanismo de afrontamiento y distracción, y puede ser beneficioso algunas veces. Sin embargo, la procrastinación a largo plazo puede terminar relacionándose con nuestro estado de ánimo y salud mental.

Entre las consecuencias de procrastinar se encuentran los sentimientos de culpa y ansiedad o un bajo rendimiento laboral. Al final del día, aplazar deberes importantes nos producirán más estrés. Para afrontarlo, podemos crear listas de pendientes, dividir tareas complejas en más pequeñas, eliminar distracciones y establecer límites para nuestros descansos.

6. No dormir lo suficiente

Dormir la cantidad necesaria es fundamental a cualquier edad. Cuando una persona está de mal humor, se dice que se levantó con el pie izquierdo. Hay mucha verdad detrás de este dicho, ya que el sueño está relacionado estrechamente con la salud mental y emocional. Dormir poco puede generarnos estrés y ansiedad durante la vida diaria. A su vez, estos nos provocan insomnio.

Uno de los motivos principales que nos roban el sueño es la luz azul, emitida por la mayoría de los dispositivos electrónicos. Esta luz interfiere grandemente en nuestros ciclos naturales del sueño. Por lo que, disminuir la exposición a esta luz, sea la de nuestro teléfono o televisión, nos ayudará a preparar nuestro cuerpo para dormir.

7. No tener equilibrio entre el trabajo y la vida personal

Conseguir un equilibrio entre nuestra vida personal y el trabajo a veces parece ser imposible. Diariamente, nos encontramos haciendo malabares para lidiar con las cargas del trabajo, responsabilidades familiares, entre otras cosas. Esto produce un aumento en nuestros niveles de estrés, lo que puede deprimirnos, irritarnos, e incluso dañar nuestras relaciones con los demás.

Para lograr un equilibrio, podemos fijarnos metas laborales manejables para cada día y tomarnos pequeños descansos. En nuestras horas fuera del trabajo, desconectémonos de aquellas cosas que nos recuerdan al trabajo, como los celulares. No nos comprometamos a hacer actividades en exceso, y busquemos ayuda si es necesario.

8. No satisfacer nuestras necesidades básicas

A veces, descansar puede resultar difícil, incluso si estamos cansados. Si queremos recuperarnos de la fatiga mental, pero no podemos conseguirlo, tal vez podríamos examinar si estamos satisfaciendo otras necesidades importantes en nuestra vida diaria. Por ejemplo, preguntarnos si estamos teniendo una dieta balanceada y bebemos la cantidad adecuada de agua.

También podemos empezar a caminar por el vecindario, si es que nos cuesta hacer ejercicio. Y no nos olvidemos de tomar aire fresco y pasar un tiempo bajo la luz natural del sol, ya que esto aumenta la liberación de serotonina. Esta hormona está asociada con el buen estado de ánimo y nos ayuda a sentirnos tranquilos y concentrados.

¿Qué buenos hábitos no te arrepientes de incluir en tu vida diaria? ¡Cuéntanos en los comentarios!

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